Los animales, mis amigos 31-Dic-2011 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Dr. Raúl García M. / MVZ Luis Arturo García D.   
Sábado, 31 de Diciembre de 2011 01:59

Iniciando el año

Estimados lectores: Deseamos en el TRIACA Organización Canófila, que el año 2012 este lleno de logros, personales, familiares, laborales y sobre todo lleno muy lleno de Dios.
Ustedes, los que nos hacen el favor de leernos y aceptarnos en su hogar, en su oficina, en su sitio de estar, son el motivo de existir y escribir. Sin lectores no habría periódicos, no tendrían razón de existir.
Los que amamos los animales entendemos perfectamente que los seres humanos son lo más importante de la creación divina. Que Dios sólo le dio el estatus de hijo a los seres humanos. Sin embargo, los animales también son creaturas de Dios y saben una cosa los creó primero que a nosotros. En la Biblia en el Génesis viene relatada la creación y Dios creó primero a los animales. Eso quiere decir que cuando los humanos llegamos, ellos ya estaban aquí. Tal como sucede en la actualidad. Cuando las ciudades crecen y llegan a terrenos hacia las afueras, la fauna que allí vive ya estaba ahí, los seres humanos somos los invasores, no los animales que ya vivían en ese sitio. Los ecosistemas no son producto de la casualidad, tienen una lógica natural perfecta y en equilibrio (desde luego por eso es parte de la creación divina).
Por ejemplo, ahora nos molestamos por la cantidad de perros callejeros en las ciudades. ¿Saben quién los puso ahí? Si, desde luego, el ser humano.  Cuando el humano en su aire de grandeza, domesticó animales y entre ellos al lobo, le quitó lo salvaje y lo convirtió en domado. Le quitó su manada y lo introdujo en su familia. Le quitó lo animal y trató de humanizarlo.
Cuando esto le sirvió a los humanos todo fue bien. Pero cuando lo tuvo que mantener porque ya no sabía cazar, lo abandonó, cuando se reprodujo, tiró los cachorros a la calle.
Nuestro mejor deseo para este 2012, es que sin perder de vista a los seres humanos como hijos de Dios entendamos que la naturaleza y los animales nos los dio Dios para cuidarlos y amarlos y no para matarlos, exterminarlos, abandonarlos y hacer de ellos una cosa y no un alguien.
Hoy amanecí desvelado y cansado y sólo le di de mala gana de comer al Teco uno de mis perros pastores belga y a pesar de estar con hambre no comió. ¡Olvide acariciarlo! Me regresé le hice una caricia y de inmediato agitando la cola con mucho gusto empezó a comer.
Si usted no cree que los animales tienen inteligencia al menos no lo dude ¡tienen sentimientos!

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