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Por obligación legal, todos los partidos políticos deben elegir a sus candidatos a los diferentes cargos de elección popular mediante alguno de los procedimientos que marquen sus estatutos y demostrarles a los órganos electorales en el momento del registro de los mismos que fueron elegidos en apego estricto a ese mandato. Históricamente este es de los momentos definitorios para las posibilidades reales de triunfo de los partidos políticos.
En la actualidad, este mandato propicia o abre dos flancos importantes, que las instituciones partidarias deben tomar en cuenta y estar preparadas para minimizar al máximo los conflictos que representa entrar en la selección de candidatos a cargos de elección popular: siempre se puede salir de control y convertirse en un verdadero “rosario de Amozoc”, por lo que el sueño dorado de cualquier partido político será siempre evitar el desgate de la elección interna, con los métodos que ya todos conocemos, candidato único, de unidad, etc., etc. La razón de ser de un partido político es buscar el poder y, para buscar el poder, se deben ganar elecciones. Y, para ganar elecciones, se deben presentar candidatos y propuestas atractivos para los electores, pero... Para lograr esto, existe una etapa previa que es la que nos ocupa, elegir a los candidatos y candidatas idóneos o, al menos, a los menos malos. Y todavía más: que de los procesos internos salgan lo menos fracturados posibles. Ahora que, para lograr esto, se deben cuidar dos vertientes que tienen los procesos internos de los partidos políticos: la legal y la política.
VERTIENTE LEGAL La legal, como ya decíamos, abre la posibilidad de que cualquier decisión partidista pueda ser susceptible de ser recurrida legalmente, por los miembros del partido e incluso por otros partidos políticos, lo que obliga a cuidar al máximo que los procesos se apeguen a las normas estatutarias y legales establecidas, de tal manera que queden blindados ante las posibles impugnaciones y que, de haberlas, no afecten la ruta diseñada por el partido. Sabiendo también que no pocas veces el litigio tiene un trasfondo político y lo que determina la apertura de la negociación es la viabilidad de que la impugnación proceda o no; es decir, si el órgano partidario que emitió el acto tiene la certeza de que hizo bien las cosas, pues... seguramente no abrirá la posibilidad de la negociación y seguirá la ruta legal del litigio hasta su conclusión. Pero si del análisis jurídico se desprende que la impugnación tiene visos de proceder, entonces se activa la opción de la negociación política, en la que probablemente tenga que pagar un costo mayor, por su descuido legal.
VERTIENTE POLÍTICA Vayamos ahora a la otra vertiente, que es la política; es decir, aquella que no recurre a las instancias legales, sólo se queda en el ámbito partidario. Esta es mucho más complicada que la legal, ya que tiene varias implicaciones difíciles de controlar, por la sencilla razón de que se da en todo momento, por cualquier motivo. Pueden ser muchas; por tanto, deben cuidarse permanentemente. La responsabilidad de las dirigencias partidarias o de los candidatos, una vez elegidos, llámense presidente de la República, gobernador o presidente municipal, tendrán que ser evaluar el peso político de los amagantes o reclamantes de posiciones políticas, para no cometer el error de sobrevalorar o desestimar la importancia de cada una de ellas y que no impacten en el resultado electoral. Las consecuencias político-electorales que invariablemente deja en casi todos los partidos el episodio de los procesos internos (en unos más, en otros menos, sea porque hay pocas expectativas, sea porque existen muchas... total, que todos tienen consecuencias) van desde los rompimientos totales hasta los berrinches sin trascendencia. Todo proceso interno de selección de candidatos implica un grado de conflictividad en el que el reto es minimizar los costos de estos, so pena de dinamitar las posibilidades de competencia. Desde nuestro punto de vista, hay tres elementos que deben observarse en la intención de minimizar los daños; a saber: 1. Escoger al candidato con mayor potencial, sin enfrentamiento, y que sea reconocido por aquellos que compitieron internamente por el mismo cargo; es decir, que haya un reconocimiento público y legal. 2. Que quienes compitieron y tienen un potencial que sumar tengan espacios en proporción a su peso político y sean, y se sientan, parte del proyecto principal. Incluso que corran la misma suerte. 3. Monitorear permanentemente el cumplimiento de los acuerdos políticos establecidos para marchar juntos, de tal manera que no se descompongan en el periodo de la campaña. Estas condiciones operan para todos los partidos políticos, haya o no haya elección interna. Ya estamos inmersos en la etapa de selección de candidatos. Un ejercicio interesante desde el punto de vista periodístico y del análisis político, pero estratégico para los partidos políticos, es el diseño de sus cursos de acción, tales como las posibles impugnaciones legales; capitalizar algunas inconformidades internas para invitar a los enojados a que sean sus candidatos; pactar cierto apoyo para que desde dentro no se torpedeen las campañas; patrocinar a candidatos del partido contrario, con tal de que ganen a quien internamente ganó. Esto, por poner sólo algunos ejemplos. Por ahora, observemos cómo sortean esta etapa los partidos políticos, cuáles son sus saldos, y quién sale mejor librado rumbo a la siguiente etapa... las campañas electorales.
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