La casa del jabonero PDF Imprimir E-mail
Escrito por Alejandro Arias Ávila   
Lunes, 12 de Diciembre de 2011 01:28
Los ataques entre seres humanos son una constante que nadie debe desconocer.
Te dediques  a lo que te dediques, siempre habrá un episodio de este tipo en tu vida, por eso es importante estar siempre en guardia y minimizar al máximo posible las opciones de que estos se conviertan en constante.

Entendiendo que se van a presentar tales dislates, se debe estar preparado para saber cómo actuar cuando se presenten y minimizar los daños. Estos son tan cotidianos, que existen espacios específicos en los medios de comunicación para darlos a conocer y exponer al escarnio público a quienes sean actores de ellos.
Así podemos ver “Las mangas del chaleco”, en el noticiero de Televisa que conduce Joaquín López Doriga; “Las patas de la mesa” en el noticiero radiofónico sabatino denominado “En la mesa”, que conduce Antonio Rocha Pedrajo; en algunos casos, incluso existen programas que parodian estos errores y escándalos, tales como: “El privilegio de mandar”, o “Los peluches” y, en el caso local, el portal electrónico Zona Franca del periodista Arnoldo Cuéllar y su sección “La sonaja”.
Estos son sólo algunos ejemplos que nos permiten visualizar la cotidianidad con la que los escándalos y los errores aparecen; son, en pocas palabras, el pan nuestro de cada día.
Pero también es cierto que los entes públicos siempre serán objeto de una inspección y supervisión más rigurosa que cualquier simple mortal, y tal vez los que más, sean los políticos. Si a esta profesión se le agrega un poco de fama del político, sea destacado en cualquier actividad o tenga expectativas importantes de triunfo, pues. . .  todavía más: el cuidado e interés que habrá sobre ellos, al ser más famosos, aumentará el efecto de sus escándalos o errores.
Tal vez hoy existen nuevos componentes en el juego, llamados “redes sociales”, que sin duda juegan un papel importante en la masificación de la información, cualquiera que esta sea, y la bidireccionalidad desconocida, en no pocos casos, la hace mucho menos controlable y más impactante e incómoda cuando le toca a uno ser protagonista de un escándalo o yerro público.
Dicen los que saben, que sólo hay dos tipos de políticos: los que ya sufrieron un escándalo, y quienes están por sufrirlo. Sólo se necesitan dos condiciones para que los ataques se presenten: ser humano y sobresalir en algo. Y tarde o temprano serás víctima, propiciándolo o no.  
Aquí lo importante es que, sabedores de que nadie se escapa a un evento de estos, bueno es saber cómo actuar en caso de estar en una situación de crisis, ya decíamos, de autoagresión o bien de agresión externa; esto, para quienes sean víctimas.
Pero también serán de mucha utilidad para los electores y ciudadanía en general las “Estrategias de reparación de imagen#” del profesor William Benoit, concentradas en el Cuadro No. 1 que se presenta al final de este texto, que sirve para afrontar este tipo de crisis.
Sus estrategias van desde (1) la negación, (2) evadir la responsabilidad, (3) la reducción de la ofensiva, (4) la acción correctiva y (5) la mortificación. Y a su vez cada una de ellas con algunas tácticas y características que permiten afrontar cualquiera de las crisis que se van a presentar tarde o temprano.
Sólo por poner un ejemplo de cómo identificar la estrategia utilizada recientemente por el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, y el episodio que protagonizó en la FIL de Guadalajara con el equívoco de los títulos de sus libros leídos y sus autores.
Él recurrió a la estrategia que en el cuadro de Benoit tiene el número 5, que es la mortificación, es decir, aceptar su equivocación y ofrecer disculpas.
Tomando como base este esquema, es que se tendría que diseñar el plan de acción a utilizar una vez que se tiene una crisis mediática que afecta la imagen pública de cualquier persona, con mayor razón si el afectado o afectada está en medio de una competencia.
Cabe señalar que no todos los ataques se deben contestar, pero una vez que se evaluó el que se recibió y si del impacto se desprende la necesidad de contestar, entonces este cuadro será de suma importancia.
Preparémonos entonces para ser espectadores de la temporada de escándalos y yerros políticos (en “La casa del jabonero: el que no cae, resbala”) en que está convertida esta parte final del año y el próximo 2012. No serán pocos. El que esté libre de culpa, que tire el primer libro.

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