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“Outsiders” es una palabra que se utiliza en política para identificar a los candidatos que vienen de fuera del sistema político, que regularmente son personajes exitosos en su actividad profesional, con cierta proyección mediática y social, lo que despierta el interés de los partidos políticos o de algún candidato por presentarlos como abanderados en las elecciones. La definición formal, dicen los que saben, sería: “aquel que ingresa a la política no proviniendo del tronco de la política”.
Una de las características de estos personajes es que se convierten en un efecto sorpresa, pueden cautivar por traer aire fresco a la política. “Tropicalizando” este escenario en nuestro estado, estaríamos hablando de personajes ligados a la vida empresarial fundamentalmente, con los cuales los partidos políticos y algunos aspirantes pretenden “lavarse la cara” o bien que les ayuden en su objetivo de tratar de convencer al electorado, de que han cambiado y son una mejor opción política. Así escuchamos que se manejan nombres tales como Juan Carlos Muñoz, Beatriz Yamamoto, José Antonio Abugaber, Mauricio Usabiaga, Arturo Lara López, etc., etc. La necesidad de recurrir a los “outsiders” nace del descontento y desconfianza hacia los partidos políticos y los políticos profesionales, a quienes se percibe alejados de los ciudadanos y sus problemas: aquéllos ya no son considerados vehículos confiables ni eficaces de las demandas e intereses de los diferentes estratos sociales, además de culpárseles de la situación económica, de inseguridad y conflictos sociales que se viven en los países, estados y municipios. . . Los “outsiders” exitosos son aquellos que hacen del discurso polarizador su arma favorita, buscando hacer sinergia con el descontento que existe contra la política establecida, los gobernantes en turno y las estructuras partidarias, lo que les da cierta aceptación y viabilidad a sus proyectos, pues enarbolan y abanderan el descontento social. Habrá que puntualizar que así opera en otros países, pero en México “los outsiders” deben involucrarse necesariamente con alguna de las formaciones políticas existentes, lo que de entrada los debilita y circunscribe. Y digo cierta, porque pocos son los “outsiders” que resultan ganadores cuando van a una contienda de mayoría relativa; algunos otros partidos políticos los llevan en sus listas de representación proporcional, tratando de que su prestigio alcance a permear a su marca partidaria y hacia sus demás candidatos de extracción meramente partidista. Los “outsiders” no son invencibles ni todopoderosos; no pueden surgir de la noche a la mañana como soluciones mágicas para ganar elecciones por una sencilla razón: que van a competir posiblemente contra otros “outsiders” o con maquinarias partidarias superiores a la que los postula. De igual manera, si no hay un periodo prudente entre su postulación y la elección, por más fantástico que sea un “outsider”, será materialmente imposible hacer que le conozcan todas sus virtudes, amén de luchar contra el descontento partidario que siempre provoca que se desplace a los aspirantes partidarios que tienen trabajando varios años con la finalidad de representar a su partido político. Siempre será mejor un “outsider” encaminado con tiempo y socializado con la estructura partidaria de la que va a formar parte, que uno “sacado de la chistera de un mago”. Así pues, la postulación de los “outsiders” no puede hacerse por un capricho ni por una mera corazonada; mucho menos por el consabido “me late”. Esta posibilidad debe ser investigada, analizada y definida con otras variables que produzcan la certeza de que es la mejor opción que dicho partido tiene para enfrentar la elección, so pena de que el resultado sea. . . la derrota electoral y por supuesto la magulladura al ego del “outsider”. ¿No cree usted?
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