LOS JUEVES, DE POLÍTICA 05-Ene-2012 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Amador Rodríguez Leyaristi   
Jueves, 05 de Enero de 2012 03:18
Arnulfo Vázquez Nieto
 
A partir de 2005 Arnulfo y yo comenzamos a frecuentarnos en tareas en las que coincidimos y luego, durante la sexagésima Legislatura, nuestra relación se estrechó aún más, pues fuimos compañeros, aliados y mutuos colaboradores, y lo seguimos siendo hasta el día de su muerte
 
La serenidad de Arnulfo Vázquez Nieto, sus modos elegantes de hacer política, su seriedad para signar compromisos y cumplirlos, le harán sin duda mucha falta al PRI en los días por venir.
Su sensatez para transitar por los vericuetos de la negociación política siempre me pareció admirable, como me lo pareció también su manejo de los tiempos de la política que hoy, en perspectiva, puedo afirmar que los conocía casi como nadie. Con frecuencia lo “acusé” amigablemente (y también me lo dije para mis adentros), de tener un ritmo típico de los guanajuatenses de la capital, esto es, excesivamente reflexivo y despacioso -contemplativo a veces- dando la impresión de que las prisas y los adelantamientos no se hicieron para ellos.
A la vuelta de estos últimos años -cuando lo traté estrechamente- fui cayendo en la cuenta de cómo tenía razón con ese caminar pausado hacia sus objetivos: sus postulaciones a la Alcaldía de la capital, sus diputaciones, la coordinación de la fracción priista en la anterior Legislatura, los obtuvo Arnulfo gracias a su dedicación, a su trabajo sin aspavientos y con ese ritmo semi lento de hacer política como esas señoriales películas sobre temas ingleses de James Ivory, o los westerns memorables de un gran maestro americano de la cinematografía hoy casi olvidado, Howard Hawks, que le imprimían a sus filmes un ritmo determinado desde el inicio hasta el final, sin alterarlo con sobresaltos de mal gusto como se usa en el cine de hoy; y en la política.
Esa actitud sin embargo, cuánta falta le ha hecho al PRI de estos tiempos, copado por oportunistas -Ruiz de Teresa-, histriones -Solórzano-, patéticos -Nicéforo- o trasnochados -Gerardo Sánchez-.
A partir de 2005 Arnulfo y yo comenzamos a frecuentarnos en tareas en las que coincidimos y luego, durante la sexagésima Legislatura, nuestra relación se estrechó aún más pues fuimos compañeros, aliados y mutuos colaboradores, y lo seguimos siendo hasta el día de su muerte.
Mi recuerdo es el de un ser humano y un político excepcional, de esos que siempre nos hacen falta a los que aquí nos quedamos. Un hombre que supo cumplir a cabalidad sus compromisos, que siempre actuó con respeto y con una actitud personal que en un inicio yo creía cerrada y que a la postre resultó cómodamente abierta y propositiva. Prueba de ello es que logró hacer amistades largas en su carrera: Juan Ignacio Torres Landa, Miguel Montes, Pepe Aben Amar González, Carlos Chaurand, en fin.
Curiosa actividad esta de la política que siendo tan hostil, algo tiene sin embargo que de vez en cuando surgen de ella las amistades más entrañables.