¡Viva Cristo Rey! 20-Nov-2011 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pbro. Lic. Apo­li­nar To­rres Or­tiz   
Domingo, 20 de Noviembre de 2011 00:58
La fiesta de Cristo Rey es la fiesta culmen del año litúrgico, con todo lo que significa proclamar el Reinado de Cristo, a esto se añade que para nosotros los fieles de la Arquidiócesis de León, tiene un fuerte contenido histórico, que muchas veces ha querido ser sepultado, pero esa historia somos nosotros, pues no somos “de hoy” sin historia, somos el resultado de los esfuerzos de muchas personas que vivieron y lucharon antes que nosotros, para heredarnos lo mejor de ellos.
La fiesta de Cristo Rey fue instituida por el Papa Pío XI, al finalizar el Año Santo de 1925 en la Carta Encíclica “Quas Primas”.
El Papa expresaba en su carta encíclica: “Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrará en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador. Preparar y acelerar esta vuelta con la acción y con la obra sería ciertamente deber de los católicos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de sí la antorcha de la verdad. Estas desventajas quizá procedan de la apatía y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten débilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicarán a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajarán animosos por mantener incólumes los derechos del Señor”.
(Quas Primas 25)
La preocupación del Santo Padre era el desplazamiento de la presencia de Jesucristo en la sociedad y la tibieza de la acción de los cristianos ante esa situación. En nuestro país se recrudecían las actitudes del gobierno frente la Iglesia. Hasta que en 1926 inicia en el centro de la nación lo que después fue llamada la “Guerra Cristera”, como una respuesta defensiva contra la “Persecución de la Iglesia” por el gobierno revolucionario del presidente Plutarco Elías Calles. Unos cuantos con poder, persiguiendo al 99% de la población. La convocación a la defensa de la fe se hacía bajo el lema: “Viva Cristo Rey”.
Este es un capítulo muy digno de estudio de la historia de la Iglesia mexicana, que nos puede enseñar, cómo nuestros antepasados vivieron desde sus circunstancias el Reinado de Cristo.
Con la fiesta de Cristo Rey el Papa Pío XI, deseaba instruir a los católicos y a los hombres en general, sobre el lugar de la Iglesia, servidora del Reino en la sociedad: “En efecto: tributando estos honores a la soberanía real de Jesucristo, recordarán necesariamente los hombres que la Iglesia, como sociedad perfecta instituida por Cristo, exige -por derecho propio e imposible de renunciar- plena libertad e independencia del poder civil; y que en el cumplimiento del oficio encomendado a ella por Dios, de enseñar, regir y conducir a la eterna felicidad a cuantos pertenecen al Reino de Cristo, no pueden depender del arbitrio de nadie. Más aún: el Estado debe también conceder la misma libertad a las órdenes y congregaciones religiosas de ambos sexos, las cuales, siendo como son valiosísimos auxiliares de los pastores de la Iglesia, cooperan grandemente al establecimiento y propagación del reino de Cristo, ya combatiendo con la observación de los tres votos la triple concupiscencia del mundo, ya profesando una vida más perfecta, merced a la cual aquella santidad que el Divino Fundador de la Iglesia quiso dar a ésta como nota característica de ella, resplandece y alumbra, cada día con perpetuo y más vivo esplendor, delante de los ojos de todos”. (Quas Primas 32)
La historia del monumento a Cristo Rey del cerro de El Cubilete, está tejida en medio de esas circunstancias. “La idea de erigir un monumento a Cristo nos remonta al mes de noviembre de 1919, cuando el obispo Valverde, haciendo una visita pastoral en Silao, hospedado en el templo del Señor del Perdón atendido por los carmelitas, contempló dicho cerro y sintió el deseo de celebrar una misa en su cima”. Los obispos mexicanos apoyaron la idea de construir un monumento, que en su momento se dijo era un desafío al gobierno. “La razón que tenía el Episcopado para erigir el Monumento Votivo Nacional era cumplir un voto que hicieron los obispos al Sagrado Corazón el 11 de junio de 1914 y, además, entronizar a Cristo en el corazón de México, para lograr la paz y la conservación de la fe”. (Historia del monumento a Cristo Rey, de su página Web)
En pleno conflicto uno de los monumentos es destruido. “El primer monumento que había sido bajado a donde se encuentra actualmente la Ermita Expiatoria fue dinamitado el 30 de enero de 1928”. (Ibid), el odio a la fe, se manifestó de muchas maneras, y esta era una de ellas. Los tiempos difíciles traen santos a la Iglesia, nosotros ahora disfrutamos de la elevación a los altares y de la intercesión, de los “Santos Mártires Mexicanos”, que sin haber tomado las armas fueron sacrificados y algunos torturados simplemente por proclamar su fe. El esfuerzo de sacerdotes y laicos por la renovación actual de la vida de los cristianos por el “Encuentro con Jesucristo vivo y resucitado en nuestras parroquias”, es la nueva forma de gritar con vigor ¡Viva Cristo Rey!