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Me dejó un montón de encargos -ay Diosito, ¿Qué tanto me dijo que hiciera?, ah sí, sí, sí que le sacara copias a la cosa esa con la que me enseñó a sacar información, que se las mandara a una lista que me dejó en esta hoja, pobrecito en qué líos se metió por andarlo alborotando, bueno,
pero ni modo de dejarlo ir y él fue quien me dio más confianza pa’ contarle todas esas cosas raras que están pasando en el convento y mira que hasta el curita lo quiso matar, ¿Qué hubiera pasado si no le doy en la cabezota con la tapadera del baño? Hay Diosito qué raro es esto cómo que un curita quiere matar a un hombre ¿pos qué pecado cometería pa’ que lo quisiera matar? A mí se me hace que sí está mal todo lo de los niños y lo del jardinero, y lo de los enjoyaos que vienen y entran y con los paquetes y las pistolas encerradas, pero tendré que irme con más cuidado pa’ no meterme en problemas. Sino yo creo que a mí también me perjudicarían y ahora pelaré oreja pa’ que no me vayan a matar a mi güero, ora en cuanto se queden dormidos iré a la oficina de la directora a ver si puedo hacer eso de las copias que me pidió y mandarlas mañana por correo: al periódico primero, que dice en el papel que es el más importante, luego a la dirección de la televisión, al soldado, y a la dirección de un señor diputado en la Ciudad de México. Como ladrón a oscuras la monjita se deslizó por los pasillos del convento y con sigilo desmedido, y teniendo las precauciones de quien no tiene la malicia de un mundo corrompido, se dedica a hacer las copias de la información extraída, de la misma fuente, lo que la mujer no sabe es que la madre superiora ya sospecha algo a pesar de que el sacerdote, se encuentra hospitalizado con un traumatismo severo de cráneo después de ser avisado por el recepcionista del hotel, a pesar de su esfuerzo por salir inmediatamente del hospital, argumentando el robo, el médico internista que lo atiende, lo sedó para que no siguiera esforzándose, este lapso de tiempo es útil para que la monjita realice las copias, con el escrutinio de la madre superiora, al otro día apenas al ponerse el alba, la monjita con ropa de calle se dirige al centro de la ciudad. - ¿Cómo que el sacerdote fue atacado? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? - Pregunta intrigada la madre superiora, ya no puede uno confiarse, ¿Quién podría atentar contra la figura representativa de Dios? - No lo sé madre, el único sospechoso que tenemos es el periodista, de hecho al parecer robó el auto del padre. -Contestó el comandante de Policía, en su papel. La monjita rotuló los sobres a varios destinatarios y después certificó de entrega de seguridad las cinco copias con los documentos escaneados, donde se probaba la culpabilidad de la iglesia y su complicidad con la principal organización criminal del país. . .
Continuará el sábado hernandez.jimenez75m @yahoo.com.mx
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