Oye, ¿vas a seguir igual que siempre? 08-Ene-2012 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Dr. Franz Ignacio Espejel Muñoz   
Sábado, 07 de Enero de 2012 23:24
Nuestras actitudes son el fiel reflejo de la educación recibida, que debilita o fortalece nuestra consciencia, de poder o no discernir claramente y, por ende, decidirse a ejercer o no la voluntad. ¿A qué me refiero?
 
Vivimos cada día más de prisa y poco el tiempo que dedicamos para rencontrarnos en nuestro interior a fin de evaluar y reflexionar nuestro sentido de vida. ¿Qué hemos hecho?, ¿cómo vamos?, ¿dónde estamos?, ¿cuáles son nuestras fortalezas y debilidades?, ¿vamos logrando nuestro proyecto de vida o seguimos igual que siempre?
Como cada año y recién pasadas las fiestas navideñas, viviendo o existiendo, actuando y consumiendo como las fuerzas mercadotécnicas y publicitarias manipuladoras nos dictan, en nuestro yo interior, nos hacemos propósitos de año nuevo, que quizá cumplimos los primeros días o pocas semanas y después abandonamos a fuerza de malos hábitos y costumbres u obligados por influencias que modifican el patrón de conducta.
Nuestras actitudes son el fiel reflejo de la educación recibida, que debilita o fortalece nuestra consciencia, de poder o no discernir claramente y, por ende, decidirse a ejercer o no la voluntad. ¿A qué me refiero? ¿Somos realmente una sociedad de logros o reconocemos que somos una sociedad manipulada, dominada y secuestrada por élites audaces, motivadas por intereses políticos, económicos o religiosos, que nos han convertido en materia útil o carne de cañón de sus ambiciones e intenciones?
¿Se han preguntado acaso si es real que vivimos en plena libertad y dueños de nuestro propio destino?, o ¿hemos sido convertidos, adiestrados y hasta maquinados para cumplir fielmente las metas en beneficio de unos cuantos y del dinero? Los intereses ocultos, las ambiciones y el poder desmedido, nos han convertido en una sociedad vulnerable y arrodillada. El dinero que debería estar al servicio del hombre para resolver sus necesidades, es el hombre y sus necesidades, al servicio del dinero y de grandes capitales.
Existimos como otros quieren que existamos, abandonando nuestro papel como personas, como seres humanos desprovistos de dignidad y valores, que no hemos sabido enriquecer ni defender. Las desgracias humanas ganan terreno ante la indiferencia, desprecio y beneplácito de los poderosos, que teniendo demasiado, ambicionan tener más, a costa de la explotación y destrucción del hombre por el hombre, incluyendo el despojo de su entorno, su hábitat, sus recursos, agotándolos y contaminándolos.
El esclavismo como lo conocíamos se ha diversificado, haciéndonos dependientes de las modas, el crédito financiero, los bienes materiales, el consumismo, la política alienante, de religiones que dominan a sus feligreses por el sentimiento de culpa, sembradores de miedos o temores y promesas de salvación, en vez de ayudar a liberar al hombre y lograr su trascendencia, el confort, la tecnología, la televisión, el internet, el mercado, la mercadotecnia, la publicidad, las deudas con altos intereses, el trabajo extenuante con más horas de trabajo y poca retribución salarial, programas televisivos idiotas, castrantes, conductivos, con el poder de cambiar, eliminar, confundir o tergiversar resultados y valores; lo que era motivo de escándalo, ahora se ve de lo más normal, telenovelas con escenas violentas o dramáticos triángulos amorosos que confunden y cambian la moral de los espectadores, muchos de ellos niños y jóvenes o señoras sin quehacer, que llevarán a la vida real como fieles protagonistas, las atrevidas escenas televisivas, cayendo en infidelidades, agresiones, traiciones o aventuras, como actores carentes de autoestima.
El bien material y el dinero nos dan presencia y autoridad: mientras más tenemos, más valemos; el valor como personas se devalúa y desprecia. La mentira se entroniza sobre la verdad; la vanidad, las mentiras adulantes, el entreguismo, la obediencia servil se hacen necesarios frente a los poderosos, que se sienten tranquilos y satisfechos, ante la sumisión lambiscona o temerosa de los que aceptan ser dominados y humillados a cambio de conservar sus empleos, ganar posiciones, obtener ganancias o ser tomados en cuenta, como sucede, por ejemplo, en muchas empresas y en los partidos políticos, donde sus militantes sirven a los intereses mezquinos de élites dirigentes oscuras y ambiciosas.
Hombres y mujeres que trabajan para grandes compañías, entregando sus fuerzas vivas por medio del trabajo a cambio de una raquítica ganancia; luego el gobierno dominante, llamado democrático al servicio del pueblo, especuladores y agiotistas se encargarán de despojar a los trabajadores de su ganancia legítima. Poco tiempo tienen los trabajadores para pensar y educarse, para leer y capacitarse, para sentirse vivos y que respiran. El agotamiento mental y físico deja poco espacio para reflexionar, para la cultura, para disfrutar el entorno, la familia, el descanso y el esparcimiento. A otros, la creciente falta de valores y oportunidades, el desempleo, la desintegración familiar y la soledad los orillan a la depresión, el alcohol, las drogas o el suicidio.
Hay tanto en que reflexionar. Queremos ser mejores, pero no sabemos dónde empezar y caemos una y otra vez en el mismo círculo vicioso, que no nos permite romperlo y avanzar, hasta que tomemos la firme convicción y voluntad para hacerlo y despertar. Otros optan por seguir dormidos y obedecer para no equivocarse, lo que hace difícil tomar consciencia y comprometerse; temen meterse en problemas dejando que suceda lo que tenga que suceder. Antes de luchar, se entregan y doblegan, aceptando la derrota.
Hay quienes se quejan de la injusticia, la violencia y la corrupción, pero nada hacen por erradicarlas; al final de cada evento abusivo, prefieren guardar silencio. Participan en el acto corrupto o hacen que nada vieron o nada oyeron, pero siempre están esperando a que alguien les arregle sus problemas sin tener que comprometerse, apoyando de lejecitos a un líder o caudillo que los libere de sus ataduras; pero si el líder se debilita o cae en desgracia, ni lo conocen ni lo apoyan al pobre iluso. “¿Cómo se pone a pensar que las cosas pueden cambiar? Qué bueno que ni nos metimos porque así nos hubiera ido”.
Dicen que somos lo que comemos y tenemos el gobierno que merecemos. Ojalá y nos demos la oportunidad y un tiempecito para dirigir al paisaje interior una mirada, pensarle bien y profundo, tener valor y animarnos a salir a la luz, darnos cuenta de las experiencias de vida que nos esperan, de tantas cosas que descubrir, de lo que somos capaces de hacer y lograr, decidirse a vivir con dignidad, libertad y humanamente, lo que hasta ahora hemos ignorado y despreciado, rechazando ser material de uso y explotación de otros, cuando somos todos y cada uno un milagro de vida y esperanza. No perdamos el rumbo, aceptemos el reto de ser mejores, no agachones. Reunir y redescubrir a la familia, platicar y compartir lo que sienten, proponer nuevas y mejores alternativas de comunicación y superación, adquirir nuevos hábitos positivos que promuevan la unidad familiar, el respeto hacia los demás, enriqueciendo el entorno natural, los valores y la paz.
P. d.- Lamentable y decepcionante la decisión de Miguel Ángel Salim, haber confiado en Alfredo Ling Altamirano como su coordinador general de campaña. No se olvida que Alfredo Ling Altamirano traicionó y mordió la mano de quien le ofreció su amistad, ayudó, dio de comer, le abrió las puertas de su casa y apoyó políticamente, el Lic. Pablo Álvarez Padilla, digno y auténtico dirigente estatal del PAN, quien dio al partido en Guanajuato fuerza, presencia, crecimiento, moviendo las almas y de quien las nuevas generaciones de militantes han recibido una historia falsa, tergiversada o desconocen su historia y trayectoria. Ling Altamirano, quien enrarece y envilece el digno ejercicio político, experto manipulador, trapecista y vividor del presupuesto público, se apoderó de manera vil y tramposa de la dirigencia del PAN para dar paso a los oscuros personajes que hoy controlan y se sirven del partido corrompiéndolo, valiéndose de traidores que lo apoyaron. ¿Tanta dignidad, decencia y valores se han perdido en Acción Nacional? Con este tipo de individuos, ¿qué pretende Miguel Ángel Salim?