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En las campañas y proselitismo, muchos de nuestros impresos salían de un mimeógrafo; si había dinero, acudíamos a imprentas, pintábamos mantas, las bardas permitidas, tocando de puerta en puerta, visitando colonias, jardines, con previa visita de Eulalio López y la famosa “cotorra”, un vehículo viejo que recorría las colonias de León con un modesto altavoz
EL INICIO Como me conocen, así me conocieron en Acción Nacional. Con mi manera de pensar, con la formación que me caracteriza y recién radicado en León, conocí en l982 al Dr. Juan Manuel López Sanabria, mi instructor y guía político, verdadero ícono y líder del Partido Acción Nacional en el estado de Guanajuato, hombre querido y respetado, que en varias pláticas sostenidas me convenció de ingresar en las filas del partido, en un tiempo donde el partido en el poder estaba embriagado de abusos, corrupción y decadencia.
El ingreso de oportunistas, sin escrúpulos, ambiciosos, corruptos, con intereses personales, de grupo e incompetentes en empresas, partidos políticos, medios de comunicación y esferas de gobierno daña la estructura moral de cualquier institución, por lo que Acción Nacional no era inmune a que mentes codiciosas, obtusas y malintencionadas lo infiltraran. Nací en León; siendo niño, nos trasladamos a la ciudad de México, donde hice todos mis estudios. Vivimos en la colonia Roma, donde el sacerdote jesuita Javier Escalada, de la parroquia de la Sagrada Familia, influyó en mi madre para ingresar en colegios maristas, en el Colegio México la secundaria y posteriormente en el CUM, Centro Universitario México, la preparatoria, de donde guardo gratos recuerdos y profundo agradecimiento y respeto por maestros, compañeros, las vivencias, la formación e instrucción recibida. Fue con los maristas donde traté a compañeros y amigos en aulas, deportes, fiestas y actividades, Roberto Madrazo Pintado, Rafael Loret de Mola, Alberto Ortiz Mena, Víctor Manzanilla -hijo del exgobernador de Yucatán-, Arturo Gil Elizondo -hijo del exgobernador de Jalisco-, Alfredo Díaz Ordaz, Emilio Chuayffet, Juan Sada, Gómez Mont, etc. Maestros como Kurt Groenewold, Sodi Pallares, Constancio Córdoba, Germán Dehesa, Mariano Azuela Huitrón, etc. De ahí pasé a la UNAM para estudiar odontología y durante la carrera trabajé dando clases de física, química y biología en varios colegios. Regresé a León en 1980 con una carta de recomendación del Lic. Alberto Trueba Urbina, amigo de la familia, exgobernador de Campeche y creador de la Ley Federal del Trabajo, lo que me permitió ingresar en el Seguro Social haciendo suplencias y que dejé para dedicarme a mi consultorio y seguir dando clases. En 1982, invitado por el Dr. López Sanabria cuando era presidente estatal del PAN, acepté ser representante general, fui candidato a síndico cuando compitió por la alcaldía de León Luis Ernesto Guerrero Reynoso, fui secretario del Comité Municipal y luego secretario estatal con el Lic. Pablo Álvarez Padilla, presidente estatal electo del PAN en Guanajuato. En ese entonces, el partido no tenía subsidios de gobierno y los gastos se resolvían de nuestros bolsillos, con cuotas modestas de escasos militantes, algunos empresarios y profesionistas donadores a condición de no decir quién cooperaba para evitar represalias, de la comisión por venta de boletos en rifa de autos, rifas varias, etc. Me vi envuelto y contagiado por la entrega de sus militantes, la mística, camaradería y valores que nos promovía. En las campañas y proselitismo, muchos de nuestros impresos salían de un mimeógrafo; si había dinero, acudíamos a imprentas, pintábamos mantas, las bardas permitidas, tocando de puerta en puerta, visitando colonias, jardines, con previa visita de Eulalio López y la famosa “cotorra”, un vehículo viejo que recorría las colonias de León con un modesto altavoz para invitar a los vecinos a un mitin o avisarles de nuestra visita; preparábamos el engrudo fijador de la propaganda política en postes o donde se vieran, repartíamos material impreso que nos llegaba de México y se vendía la revista La Nación; se movían las almas. No se tenía ni se aceptaba el subsidio oficial. Conocí y traté, entre otros, a don Luis Manuel Aranda Torres, a don José Ayala, Antonio Obregón, Guadalupe Vargas, Rodolfo Medina, Felipe de Jesús Flores, a Javier Pérez, don José Duarte y su hijo José Luis, a Luis Ernesto Gutiérrez Alcalá, Jesús Muñoz, a Cuco Camarillo, Luis Ernesto Guerrero, a Pablo Álvarez Padilla, Juan Manuel López Sanabria y su hijo Juan Manuel, José María Arias Aparicio, don José Lozano Padilla, Eulalio López, Reynaldo Estrada y hermanos, don Antonio, nuestro Oficial mayor, y muchos más cuyo nombre no recuerdo; a otros he vuelto a encontrar para escuchar los mismos comentarios: el PAN no es ahora por lo que trabajamos y luchamos, lo han convertido en un mercado, en centro de negocios, con chambistas, oportunistas, mercenarios, vividores de la política y como botín político y económico de quienes lo han secuestrado. Además de las continuas capacitaciones, había amistad, motivos y entrega, se tenía que trabajar arduo y con mente creativa. La doctrina, los principios, los valores partidistas, la actividad militante no estaba condicionada por pagos o ganancias, había alegría, organización y resultados; me entusiasmó ver el crecimiento del partido, con un presidente estatal comprometido, ordenado, exigente y celoso de que las cosas se hicieran bien y en orden, hasta el acecho y aparición de intereses oscuros que perturbaron y sembraron discordia, ambiciones y codicia de algunos grupos llamados de ultraderecha. El Partido Acción Nacional, al crecer, atraía también la atención de quienes buscaban un medio político adecuado a sus intereses, logrando infiltrarlo. La unidad, crecimiento y resultados partidistas se vieron pronto afectados por envidias, ambiciones, rivalidades, que amenazaron con destruir lo logrado. El PAN en Guanajuato había crecido sembrando más comités municipales, más comités distritales, mayor afiliación de miembros y simpatizantes, más regidores; nuestra presencia era ya notoria, las convocatorias a mítines eran cada vez más nutridas; las ruedas de prensa semanales, más organizadas. La militancia, Pablo Álvarez Padilla y López Sanabria, estaban logrando, con organización y eficiencia, mayor penetración política y social y captar las inquietudes y esperanzas de ciudadanos, para obtener cambios que México y Guanajuato merecían; los excesos y abusos del partido en el poder estaban cansando a la sociedad. El PAN peleaba por la alternancia, la oportunidad y demostrar que podía ser una mejor opción para gobernar, criticando del gobierno abusivo y opresor el nepotismo, la falta de transparencia, el compadrazgo, la corrupción, el amiguismo, el caciquismo, el sindicalismo charro, el corporativismo, el dedazo, los arreglos en lo obscurito, la represión política y policiaca, la imposición, el aumento de precios a los productos básicos, la falta de oportunidades, el desempleo, el abandono del campo, la pobreza, la educación manipulada y escasa, la libertad de expresión y asociación, la libertad religiosa, el “carro completo”, la demagogia, el fraude electoral, los “mapaches” electorales, la compra de votos, las cargadas, las devaluaciones, la inflación, la falta de crecimiento, el derroche de recursos, la prepotencia, la burocracia corrupta e incompetente, etc. ¿Esto ha cambiado actualmente?...
continuará: Infiltración y secuestro del PAN en Guanajuato |