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Hay una larga historia sobre el tema de las dislexias, elaborada a partir de numerosos estudios clínicos, investigaciones empíricas, revisiones bibliográficas y del trabajo psicopedagógico con niños que tienen dificultades para aprender a leer.
El problema de las dislexias sigue siendo un tema de interés para los investigadores. Este problema no se limita solamente a algunas dificultades para aprender a leer, sino que se extiende a cómo el niño recrea la realidad a partir del lenguaje escrito. En esta última década ha habido una verdadera revolución epistemológica acerca del origen de las dislexias que no siempre es tomada debidamente en consideración por muchos profesores especialistas, lo que ha conducido a que se sigan aplicando metodologías de tratamiento inoperantes y que muchos niños sigan sin aprender a leer satisfactoriamente a pesar de estar varios años en centros especializados o en consultas particulares. Un cambio epistemológico se produjo al considerar la dislexia como consecuencia de déficits específicos en el desarrollo del lenguaje y no como producto de una inmadurez perceptivo-visual y motora, como se pensaba hace años al comienzo de su estudio. La aplicación del modelo anterior tomaba una estrategia de tratamiento centrada en la estimulación de las funciones visuales y psicomotoras, tales como la orientación espacial de las letras y de las sílabas, o con ejercitación de algunos procesos motores y del ritmo, destinados a mejorar el dominio corporal. Todos ellos para mejorar algunos aspectos del desarrollo psiconeurológico infantil, pero que no tienen mucho que ver con las dislexias o con los problemas de lectura, como se ha visto actualmente.
Un trastorno que en las décadas de los 60 y 70 se pensaba que estaba originado en las alteraciones del desarrollo de los procesos receptivo visuales y en las expresiones corporales psicomotoras, se ha descubierto posteriormente que está asociado con dificultades específicas en el reconocimiento y memoria auditiva de los fonemas y en las deficiencias verbales muy específicas, es decir, el enfoque de las dislexias pasó de una preocupación por la vista a centrarse en el oído y el lenguaje. Una variable que aparece mencionada con frecuencia para explicar los grandes desniveles en el rendimiento escolar de los alumnos, es el aprendizaje de la lectura; hay que recordar que los niños pasan por diferentes niveles evolutivos en el proceso de aprendizaje de la expresión oral y escrita y esto permite poder ubicarlos en alguno de tantos niveles por los que atraviesan, y a diferenciar a quienes presentan un retraso lector pero no necesariamente una dislexia. Los problemas de aprendizaje de la lectura y escritura son notorios sobre todo en los primeros años de educación básica. Otra variable relacionada es el nivel socioeconómico de los niños y de sus escuelas. La revisión de la literatura permite agrupar en tres modelos, los diferentes enfoques en las investigaciones sobre dislexias y el retardo lector: 1) Psicopedagógico y sociocultural. Este enfoque las aborda como una dificultad escolar en el aprendizaje de la lectura que interfiere el rendimiento y genera alteraciones pedagógicas, conductuales y emocionales. Busca mejorar las metodologías de enseñanza de la lectura y: educación del lenguaje, motivación para aprender a leer, preparación en edad preescolar, textos de enseñanza. Hay que distinguir el retardo para aprender a leer de las dislexias como tales. 2) Neuropsicológico. Es un enfoque centrado en la investigación clínica y experimental, psicológica y neurológica de los niños disléxicos. Las explica como consecuencia de un funcionamiento anormal de algunas áreas cerebrales, o de las trasmisiones neuronales, que interfieren directamente el aprendizaje de la decodificación de la escritura o de la comprensión del texto. Esta interferencia ocurre en el proceso de transmisión y transformación de los estímulos gráficos en significado. Su objeto de estudio implica la búsqueda de las causas más remotas de los trastornos del aprendizaje lector como por ejemplo, la presencia de simetrías entre planos temporales de los hemisferios cerebrales. También se han abordado aspectos relacionados con la transmisión genética de las dislexias a través de algunos cromosomas. En los últimos años se ha desarrollado una nueva rama de la neuropsicología, denominada “neuropsicología cognitiva” en la cual se integran los conocimientos sobre la actividad cerebral con las aportaciones de la psicología cognitiva. 3) Psicológico cognitivo. Este enfoque está centrado en el estudio diferencial y longitudinal, del rendimiento lector y de algunos procesos cognitivos y psicolinguísticos correlativos a este aprendizaje. Su objeto de estudio son las alteraciones en los procesos cognitivos subyacentes más próximos a la lectura y que interfieren su aprendizaje, tales como la memoria verbal, el procesamiento secuencial fonológico, la habilidad para efectuar la segmentación fonética o memoria semántica. Los enfoques pedagógico y sociocultural están centrados principalmente en las metodologías de enseñanza y estrategias de prevención escolar. En cambio, los enfoques neuropsicológicos y cognitivos están centrados más bien en indagar sus causas -remotas e inmediatas- y conocer las alteraciones específicas que impiden el aprendizaje, a fin de elaborar estrategias de diagnóstico y de tratamiento. El aprendizaje de la lectura es resultado de una interacción continua entre el desarrollo neuropsicológico y cognitivo con variables socioculturales y emocionales, las que son mediatizadas por la acción de la escuela sobre los niños. La calidad de la interacción entre ellos y las metodologías de enseñanza pueden variar de año en año, incidiendo directamente en el desempeño progresivo o regresivo del aprendizaje. El efecto de la lectura inicial sobre el rendimiento escolar ayuda a diferenciar desde lectores diestros hasta retardados severos y niños no lectores. El rendimiento inicial en decodificación depende de algunos procesos de orden cognitivo que son determinantes, no sólo para aprender a leer, sino también para utilizar la misma lectura como estrategia de aprendizaje. Resultados de investigaciones han demostrado que los niños que persisten en el retardo lector, después de recibir ayuda psicopedagógica y de tener un rendimiento intelectual normal promedio, pueden ser considerados disléxicos tanto por la persistencia de sus dificultades para leer como por el déficit en el procesamiento fonológico oral y escrito. Las dislexias pueden describirse como un trastorno severo y persistente del aprendizaje de la lectura. Hay autores que prefieren hablar de “retardo lector específico” para evitar utilizar la palabra “dislexia”, en contraste con el término “atraso lector”. El número de niños con dificultades iniciales para aprender es bastante grande, pero no todos ellos son disléxicos, ni tampoco tienen una evolución poco favorable en su aprendizaje. Concluyendo, se puede decir que desde un enfoque cognitivo del retardo lector, se considera dislexia a un desorden específico en la recepción, en la comprensión y en la expresión de la comunicación escrita, que se manifiesta en las dificultades reiteradas y persistentes para aprender a leer. Se caracteriza por un rendimiento inferior al esperado para la edad mental, el nivel socioeconómico y el grado escolar, sea en los procesos de decodificación, de comprensión lectora y en su expresión.
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