|
Si estamos de acuerdo en que la educación es uno de los valores supremos de la humanidad y que una de sus finalidades es “apuntar al pleno desarrollo de la personalidad humana”, se necesita un cambio en nuestra práctica educativa cotidiana en todos los niveles escolares y enfrentar así la sociedad moderna que exige buenos pensadores.
Durante gran parte del siglo pasado, investigadores que han estudiado la inteligencia se han planteado algunas preguntas: ¿cómo podemos medir la inteligencia? ¿Qué es la inteligencia? ¿Es posible desarrollarla? ¿De qué depende? ¿De qué está compuesta la inteligencia que pueda mejorarse? ¿Cuántos tipos de inteligencia existen? A través de estos últimos años, se ha ido dando respuesta a estas preguntas y otras más y a lo que han llegado psicólogos e investigadores es que la inteligencia puede mejorarse a través del entrenamiento. En parte, surge por esto una gran variedad de programas que ayudan a desarrollar el pensamiento, la inteligencia, las habilidades mentales, las funciones cognitivas, los procesos cognitivos, las estrategias y se ha prestado atención a lo que se ha llamado “aprender a aprender”, “aprender a pensar”, “aprender a emplear estrategias de aprendizaje” para adquirir nuevos conocimientos. De ahí que el eje común actual entre las reformas educativas de diferentes países son las “competencias” que articulan los conocimientos, habilidades y actitudes asociados con las disciplinas en las que tradicionalmente se ha organizado el saber. Estos programas se diferencian entre sí en aspectos como las habilidades que tratan de desarrollar, las edades a las cuales se dirigen, la cantidad de tiempo que duran, el tipo de material con el que se cuenta, la relación o no con contenidos curriculares, la capacitación que se requiere por parte del maestro, los recursos económicos con que se cuenta para implementar el programa, el apoyo de investigación que tiene el programa, las metas del programa, los supuestos bajo los cuales se fundamenta el programa, entre otros. A continuación, se presenta una síntesis de los diversos enfoques sobre enseñar a pensar que maneja Nikerson y se mencionan en ellos algunos programas que se ubican en cada enfoque. 1. Enfoque de las operaciones cognitivas: estos programas se orientan hacia la estimulación de procesos, operaciones o componentes del pensamiento. Aquí se pueden citar programas como el pensar sobre: Basics, proyecto inteligencia, enriquecimiento instrumental de Feuerstein, estructura del intelecto (SOI), entre otros. 2. Enfoque de orientación heurística: pretende desarrollar “saber cómo” adecuado. Parten de la idea de que la persona maneja ciertas habilidades cognitivas. Se centran aquí programas que manejan la solución de problemas y la creatividad. Estos programas tienen un gran ámbito de aplicabilidad, son fácilmente comunicables; entre ellos, se pueden citar patrones de solución de problemas, enseñanza heurística, proyecto de estudios cognitivos, pensamiento productivo, pensamiento lateral de Edward de Bono. 3. Enfoque del pensamiento formal: estos programas se orientan a desarrollar habilidades que caracterizan al pensamiento formal en el sentido piagetiano, como el razonamiento lógico, el Adapt. Soar y Doris. 4. Enfoques orientados al manejo del lenguaje y los símbolos: buscan el logro de la elaboración de productos complejos como la representación. Se basan en el supuesto de que un pensador eficaz requiere habilidades y, por lo tanto, los programas se orientan a que los participantes elaboren productos complejos poniendo énfasis en la representación. Algunos de estos son lenguaje, pensamiento y acción, ocasión para pensar, medio para pensar, universo del discurso. 5. Enfoque orientado a los procesos metacognitivos o en pensar sobre el pensamiento: parten de la importancia de estar conscientes de los propios procesos de pensamiento con sus capacidades y limitaciones para llegar a ser un pensador más hábil. La metacognición se refiere al conocimiento de las capacidades y limitaciones de los procesos de pensamiento humano que lleva hacer un mejor uso de las habilidades cognitivas. Esto es lo que le permite a la persona planear, evaluar, controlar y retroalimentar el propio conocimiento y desempeño con respecto a las demandas de las tareas, saber cómo y cuándo aplicarlo en contextos específicos. Algunos programas bajo este enfoque son filosofía para niños de Lipman y habilidades metacognitivas. Los objetivos que se persiguen en estos programas de desarrollo de habilidades para pensar son: Equipar al alumno y personas en general con estrategias y habilidades intelectuales necesarias para aprender significativamente tanto en la escuela como en otros contextos. Mejorar los procesos y habilidades de juicio y razonamiento, haciendo que los alumnos piensen y dialoguen sobre conceptos de importancia para ellos. Desarrollar el potencial cognoscitivo y la capacidad de aprendizaje significativo. Prevenir problemas de bajo rendimiento escolar. Estos programas no son novedosos en otros países, en México comenzaron a cobrar auge en la década de los 80; aun así, en la actualidad no todas las personas y no todos los maestros los contemplan en su proceso de enseñanza-aprendizaje a pesar de que se preocupan por las dificultades que experimentan sus alumnos para apoyarse en la comprensión, en la reflexión, en el razonamiento, en el análisis de lo estudiado y que vayan más allá de la simple repetición y memorización de lo que se dice en el texto o lo que le dice el maestro. El maestro, como mediador del aprendizaje, es la clave para que el programa tenga éxito; el programa en sí mismo es solamente una herramienta más de entre muchas para facilitar la labor docente. Si estamos de acuerdo en que la educación es uno de los valores supremos de la humanidad y que una de sus finalidades es “apuntar al pleno desarrollo de la personalidad humana”, se necesita un cambio en nuestra práctica educativa cotidiana en todos los niveles escolares y enfrentar así la sociedad moderna que exige buenos pensadores. Si queremos extremar la importancia de enseñar a pensar, aprender a pensar, reflexionar y construir valores en nuestro quehacer educativo, aunque no es la solución a la problemática educativa y al futuro del país, sí puede contribuir a: *Actuar de manera ética e inteligente que nos permita alcanzar fines personales respetando los derechos de otros. *Adaptarnos a una época en la que la generación de información, descubrimientos y cambios sociales tienen un ritmo muy acelerado. *Estar abiertos al análisis con interés y respeto hacia los puntos de vista diferentes a los nuestros y aceptar y respetar esas divergencias. *Analizar críticamente los valores de la sociedad y construir y analizar los nuestros para contribuir a un mundo mejor para todos. En síntesis, enseñar y aprender a pensar puede ayudarnos a trascender nuestra visión del mundo, a participar con responsabilidad y creatividad en la vida comunitaria para lograr el bienestar personal y social.
|