Trabajos sucios 27-Nov-2011 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Guillermo Ituarte Marumoto   
Domingo, 27 de Noviembre de 2011 01:39
El tener la posibilidad de colaborar en el servicio público debería ser considerado como un honor. Afortunadamente existen algunas personas que mantienen la ilusión de un país mejor y que están dispuestas a involucrarse en la vida pública,  aun si ello implica salir con algunos raspones y moretones 
 
Hay un programa en un conocido canal de televisión, que muestra algunos de los trabajos más sucios que una persona pueda desempeñar. El show incluso se jacta de mostrar los oficios más impensables para el ser humano. Como su página de internet lo describe, las personas que aparecen ahí, tienen que superar el miedo, el peligro y, algunas veces, el hedor para desempeñar sus responsabilidades diarias. Sería común pensar que tales empleos involucran, mayoritariamente, habilidades de índole manual, que requieren de poca capacitación; y normalmente así es. Sin embargo, hay una profesión que para unas cuantas personas puede ser considerada como un trabajo sucio: la política.
En algunos espacios previos he mencionado que el gobierno puede ser definido como la manera en cómo las sociedades toman decisiones colectivas. Ciertamente, sería prácticamente imposible que una población numerosa pueda ponerse de acuerdo para los diversos temas que le impactan, a no ser que elijan a un representante, o a un conjunto de ellos, que pueda decidir en beneficio de la mayoría.
En el escenario ideal,  la sociedad, de manera racional, elegiría a aquel que presentara las propuestas más viables y que, durante el curso de su gestión, pudiera cumplir sus compromisos. Bajo este supuesto, la sociedad evaluaría objetivamente a su gobernante. Asumiendo que existiera una renovación periódica de estos representantes - como es el caso de nuestro país - los nuevos aspirantes, bajo este mismo escenario, presentarían nuevas y mejores propuestas, con la finalidad de proporcionar mejores condiciones para la población. Esto permitiría una constante evolución social.
Desafortunadamente este escenario no existe o, al menos, no es la forma en cómo se dan las cosas en nuestro sistema político. Nuestro sistema se rige por partidos y dichos partidos rivalizan no en base a propuestas, sino en base a críticas. El objetivo es simple, hacer ver mal al gobierno en turno, para presentarse, posteriormente, como la opción que puede proporcionar el cambio que la ciudadanía requiere.
Lo anterior tiene qué ver, en parte, con una descomposición crónica del oficio del político, del representante en el gobierno. Es en este caso, cuando las posiciones de gobierno comienzan a verse como fuentes de poder y de ingresos, en lugar de tener en mente el beneficio de la sociedad, que el trabajo del político se convierte en una sucia profesión.
Es aquí cuando los funcionarios públicos honestos, que se enorgullecen por su trabajo, por su servicio a la sociedad, corren mayor peligro, debido a que la mezquindad de algunos personajes que persiguen el poder, por el poder mismo, puede perjudicarles. Para estos sujetos maquiavélicos, el fin efectivamente justifica los medios. Ganar el favor de la sociedad implica destruir al actual gobernante, valiéndose de todo tipo de tácticas. Quizás por ello es que el trabajo en la administración pública tiene tan mala fama.
Es una lástima que el oficio político sea considerado por muchos como un trabajo sucio. El tener la posibilidad de colaborar en el servicio público debería ser considerado como un honor. Afortunadamente existen algunas personas que mantienen la ilusión de un país mejor y que están dispuestas a involucrarse en la vida pública,  aun si ello implica salir con algunos raspones y moretones. El aspirar a vivir en una mejor sociedad hace que este riesgo valga la pena.
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