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En este caso la ciudad fue víctima de un grupo de “dmentes” foráneos que, a falta de la originalidad exigida, optaron por un trabajo más sencillo: plagiar un concepto previamente utilizado, con la confianza de no ser descubiertos. Simplemente quisieron tomar el pelo a los leoneses
Timo. Tristemente no me refiero al personaje infantil con el que se diera a conocer el comediante Andrés Bustamante. Sin embargo la historia que comento sí aplicaría para un cuento detrás del espejo. Acusaciones, aclaraciones, dimes y diretes sobre el plagio de su logotipo, han mermado la edición 2012 de la Feria de León. Qué infortunio para la Feria y aún más para la ciudad misma.
Mi espacio de la semana pasada lo dediqué a elogiar nuestras ya tradicionales fiestas de enero; la Feria que lo tiene todo. Y efectivamente lo ha tenido todo, hasta un escándalo infame provocado por el dolo de algún pillo “dmente” que, sin pudor alguno, tuvo a bien poner en entredicho el buen nombre de una de las mejores fiestas del país. Este asunto levantó un sinfín de acusaciones y la nota dio la vuelta al país en diversos medios noticiosos. Las redes sociales fueron una fuente importante de críticas. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, aun desconociendo el tema, se rasgaron las vestiduras, profiriendo fuertes comentarios en contra de cualquier involucrado en el tema, comenzando por la Feria, pasando por la propia administración municipal y terminando con la causante del problema: la agencia de publicidad. Los primeros ataques, debido a la mala fama de los entes de gobierno, naturalmente arguyeron un asunto de corrupción. En esos comentarios iniciales se encontraron pocas críticas a la agencia responsable. Incluso aquellas que sí nombraron a los responsables del diseño, lo hicieron equivocadamente, haciendo mención a un despacho distinto. Sin embargo es importante cuestionarse qué puede hacerse en estos casos. La razón por la cual se concursó el diseño del logotipo de la Feria, es porque ningún elemento humano de su equipo de colaboradores es especialista en esta materia. Siendo así, y habiendo cumplido la agencia ganadora con todos los requerimientos legales, se confió en su experiencia y creatividad, todo ello de buena fe. Apelando al sentido común, es difícil imaginar que una persona no versada en el tema pueda darse cuenta de este timo. Existe tal cantidad de información que es posible, incluso, que este detalle pueda escapársele a algún profesional del diseño. Además no olvidemos el hecho de que el mexicano ha desarrollado un talento magistral para el arte de la piratería, lo cual haría el trabajo de detección, una labor más compleja. Es así que los reflectores, de entrada, se apuntaron incorrectamente, ya que la Feria, su Patronato y sus colaboradores, así como el gobierno local han sido agraviados y quizás son ellos los menos culpables. En este caso la ciudad fue víctima de un grupo de “dmentes” foráneos que, a falta de la originalidad exigida, optaron por un trabajo más sencillo: plagiar un concepto previamente utilizado, con la confianza de no ser descubiertos. Simplemente quisieron tomar el pelo a los leoneses. Sin embargo, como reza el refrán, la primera imagen jamás se olvida y, para muchos, León ha quedado mal. Sin duda este tema se salió de toda proporción. El plagio de una idea original es incluso considerado un delito, por lo que podría justificarse la gran exposición mediática de la Feria. No obstante el tema central no radica en la copia por sí misma. No, el elemento principal es el engaño al que fue sujeta la Feria de León y la facilidad con la que un despacho puede causar un daño a los escasos recursos presupuestales, entregando servicios que no se encuentren a la altura de los requerimientos. Qué lástima.
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