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Existen muchas formas de conocer a un país: a través de su literatura, su política, sus mitos. Una de esas formas es a través de los deportes que -una nación- practica”. Así empieza la columna “Bagehot” titulada “This England”, de The Economist, donde se realizó una metafórica y muy creativa comparación entre la situación económica, política y social de Inglaterra con su equipo nacional de futbol.
En “Bagehot”, se hace referencia al Mundial anterior, donde hace cuatro años el equipo inglés personificó el exuberante despilfarro económico que estaban viviendo los isleños y que las esposas de los jugadores de su selección elevaron a una potencia desconocida hasta ese entonces, siendo sus excentricidades actos típicamente atribuibles a nuevos ricos, como sus “faraónicos” viajes de compras que mostraban que por el simple hecho de ser bello y con algo de suerte se podría saltar a la cima del mundo. Pero así de fácil como salió el “equipo de la rosa” del Mundial pasado (del cual se esperaba más), se reventó la burbuja hipotecaria que hoy en día siguen pagando, al igual que la resaca de aquella gran parranda tras la derrota de Inglaterra ante Alemania, ayer. En la columna, se analiza a Inglaterra y le dedican cinco líneas a Estados Unidos y a su equipo, mencionando que la división de tiempos tan habituales en los deportes practicados en EU muestra un arraigado capitalismo, mismo que se vuelve a reflejar, a su vez, en los cortes comerciales que plagan sus deportes, como el hockey, y donde claramente se percibe un desprecio por los dos tiempos corridos reglamentarios del futbol, que evidentemente impiden el constante bombardeo por parte de patrocinadores. ¿Hasta qué punto podrán reflejar los deportes que un país practica, su economía, su política, y a su sociedad? México no ha sido siempre un país enteramente futbolero; durante las primeras décadas del siglo pasado, el beisbol, el boxeo, la lucha libre e incluso el futbol americano ocuparon lugares importantes en las aficiones populares. Sin embargo, ya en los cincuenta y hasta los setenta, el futbol se consagró como el deporte más gustado a nivel nacional. El país crecía a un ritmo del 6% anual promedio, existió un tipo de cambio estable a 12.5 pesos por dólar y una inflación del 3%. México era un país que parecía salir del subdesarrollo con la mano dura del partido en el poder, que hasta fue capaz de traer unos Juegos Olímpicos y un Mundial. México regresó a los Mundiales en Brasil 1950 después de haber permanecido en el ostracismo mundialista por veinte años; sin embargo, el desempeño futbolístico no fue igual que el económico: durante esas dos décadas, únicamente se pudieron conseguir tres empates y una victoria en quince partidos, esto sin contar el Mundial del 70, donde se consiguieron un empate y dos victorias y el primer pase a cuartos de final en la historia de México, partido en que fue arrasado por Italia, quizá siendo esta la única similitud entre economía y futbol nacional durante este período; coincidentemente, fue al final de los sesenta cuando el modelo económico llamado “desarrollo estabilizador” fue víctima de desequilibrios en la balanza de pagos, se aumentó el déficit en cuenta corriente a niveles insostenibles (que incluso fueron más devastadores que el 4 a 1 que Italia propinó a México en su despedida del Mundial a mediados de 1970, cuando a partir de ese momento la economía y el futbol de México parecen haberse ligado hasta el día de hoy). Durante los setenta y ochenta, la selección de México no fue sino una sombra gris, al igual que su economía: los elevados gastos de gobierno y los déficits en la balanza de pagos fueron enormes. Durante este período, el tricolor sólo calificó al Mundial de Argentina 78 y al de México 86, donde seguramente los gobernantes pensaron que podían reactivar la economía siendo nuevamente anfitriones de un Mundial, y donde por primera vez se logró pasar a la tercera fase del torneo cuando se perdió contra Alemania en penales, y marcó el ascenso al poder del grupo tecnócrata al interior del PRI. La corrupción se hizo presente en el Mundial de 1990, cuando, por haber metido “cachirules” en la clasificación para los Olímpicos de Seúl, se castigó al equipo mayor vetándolo por dos años de toda competencia internacional, quedando fuera del torneo celebrado en Italia. En los noventa, con el milagro económico mexicano, la selección regresó a los Mundiales en los albores de la vida democrática mexicana, ya con políticas de mercado y la importantísima reforma electoral; en 1994, uno de los equipos más recordados por el pueblo de México participó en el Mundial de EUA y se logró salir avante en el llamado “grupo de la muerte”, de la misma forma que se salió de la crisis; desafortunadamente, a partir de ese Mundial y en todos los siguientes, nos estancamos en el ya merito, en la segunda ronda, en el subdesarrollo, en la cuasidemocracia, con las pseudoreformas. Nuestra economía, política y sociedad no ha logrado dar el salto que tanta falta hace a una mentalidad ganadora, no hemos podido sacudirnos los fantasmas creados en el subconsciente colectivo mexicano; bien parece que podemos lograr más, pero por cuestiones propias, por falta de arrojo, valor y compromiso, no se han podido alcanzar metas más loables. Se habla de la mejor selección de todos los tiempos, con los mejores jugadores, que a su vez militan en las mejores ligas de Europa; la realidad es que la globalización llegó al futbol, nuestro país posee una de las ligas mejor pagadas, donde se pueden encontrar argentinos, paraguayos, brasileños y muchos centro y sudamericanos que buscan emigrar a Europa, de tal forma que nuestros jugadores fueron vistos por los grandes equipos que como han buscado en México lo han hecho en otros lugares del mundo. Lo vimos en esta copa: son pocos los equipos nacionales que no cuentan con jugadores en escuadras europeas; la realidad es que nos estancamos en el “ya merito”, así como ya merito hacemos reformas y nos metemos en el mundo desarrollado.
León y su equipo verdiblanco parecen tener una relación muy parecida a la de la selección y la situación general del país: en la última década, con el equipo en Primera A, la ciudad se ha estancado económicamente, sus rivales se han posicionado mejor, al igual que sus equipos. Basta recordar que Aguascalientes atrae más empresas que León y que fue el Necaxa quien dejó fuera el torneo pasado a los panzas verdes. Recomiendo el corto documental realizado por el cineasta leonés Francisco Padilla, donde muestra la correlación existente del desempeño económico y felicidad leonesa con los resultados del equipo local.
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