Legalizar las drogas PDF Imprimir E-mail
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Escrito por LEC Hugo I. Campos Ramírez   
Lunes, 16 de Agosto de 2010 00:22
La legalización de las drogas se convirtió en el tema de moda entre los “intelectuales”, líderes de opinión y en un amplio grupo de la sociedad mexicana que ya está cansado de la violencia y el estado de sitio en que se encuentra nuestro país.
La violencia, según declaró la semana pasada el ex presidente Vicente Fox, “ha alcanzado niveles intolerables” y con base en esto ha decidido unirse a sus compañeros amantes de los reflectores y la atención pública (que poco han colaborado en la guerra contra el narcotráfico) en su afán por legalizar las drogas sin haber analizado todas las aristas del problema en cuestión.

La mayoría de los mexicanos estamos de acuerdo en que la violencia y la inseguridad están muy por encima de lo que podemos considerar tolerable; la estrategia de combate frontal y el daño colateral que todo combate armado conlleva provocaron una animadversión en los medios y en la población mexicana en contra del gobierno.
El presidente Felipe Calderón inició la semana pasada los “diálogos por la seguridad” con la finalidad de lograr apoyo por parte de los mexicanos y, por supuesto, de los medios.
Los líderes de opinión y de organizaciones de la sociedad se han manifestado casi de forma unánime a favor de la legalización de las drogas con tal de mantenerse vigentes en el gusto del público. Muchos han utilizado argumentos sensacionalistas y carentes de conocimiento; incluso hay quienes han usado la ciencia económica para justificar la legalización de las drogas tomando en cuenta únicamente la parte del problema que beneficia a su causa.
La más brillante de todas las explicaciones en defensa de la legalización afirma que toda prohibición ocasionará inevitablemente un mercado negro, lo cual es cierto y también es cierto que es teóricamente posible eliminar de tajo el mercado negro de las drogas mediante un ejercicio de economía básica.
Pero se han olvidado de los daños que pueden causar a la fuerza laboral, sistema de salud, al erario y a la economía nacional la libre producción y distribución de drogas en un país con poca educación y consciencia sobre las consecuencias que las sustancias ahora prohibidas tienen sobre el cuerpo y la mente humanos.
En los diálogos por la seguridad, los distintos actores de la ciudadanía y el gobierno han propuesto cambios a la estrategia federal en contra del narcotráfico; pareciera que el Presidente está buscando validar ante la ciudadanía y los medios de comunicación sus próximos movimientos en contra del hampa.
Sin embargo, la estrategia no debería ser tan rebuscada en diálogos que distan mucho de surtir efectos tangibles en el combate al crimen organizado; la nueva estrategia debe considerar a los cárteles como organizaciones poderosas que necesitan grandes sumas de dinero para su operación; debe ser prioritario evitar que los cárteles muevan libremente su capital y dificultarles los pagos de nómina a sus mandos bajos y medios para frenar el reclutamiento de futuros capos. No debemos olvidar lo importante que es detener el flujo destinado a sobornar funcionarios, policías y jueces, que son quienes permiten con su corrupción que la violencia y la inseguridad sigan creciendo.
La estrategia debe adoptar nuevos rumbos, pero por ningún motivo debe poner las drogas al alcance de los mexicanos y mucho menos en las manos de los jóvenes; la impartición de justicia, la preparación de los cuerpos policiacos y más transparencia nos permitirán ganar más tarde que temprano la lucha contra el crimen organizado.
Los que están a favor de la legalización utilizan como ejemplo la época de la prohibición de alcohol en EUA, época en que el mercado negro de alcohol floreció y generó una de las mafias más conocidas y sanguinarias del mundo y que sólo se pudo frenar con la legalización del alcohol.
No es posible comparar la prohibición del alcohol en EUA con la legalización de las drogas en México: las drogas son productos que generan una gran adicción y daños irreversibles a la mente y al cuerpo humanos. Resulta más equiparable la guerra del Opio entre Inglaterra y China, que fue ocasionada porque los chinos prohibieron el comercio del opio en su territorio por parte de los ingleses, esto debido al gran número de adictos que poco aportaban a la gloriosa China del siglo XVIII. En la primera mitad del siglo XIX, la gran nación oriental fue forzada mediante dos guerras a permitir el libre comercio de opio con Inglaterra y, después de las guerras, China cedió a los ingleses Hong Kong por 150 años y tuvo que abrir sus puertos a las potencias europeas y emergentes con los Tratados Desiguales. Fue apenas en la última década del siglo pasado que China comenzó a recuperar el poder que tuvo durante siglos y que perdió en las guerras del Opio, que además le generaron millones de chinos improductivos adictos a la droga.
No importa que únicamente se pretenda legalizar la marihuana por ser consideraba una droga blanda; el costo que nuestro precario sistema de salud tendrá que enfrentar arrastraría a la bancarrota a las finanzas públicas; el costo para los contribuyentes sería altísimo e implicaría reformas fiscales que castigarían una vez más a los contribuyentes cautivos, todo por una epidemia que puede resultar devastadora para la endeble economía nacional.
Los diálogos por la seguridad son necesarios, mas no suficientes, para poder dar un nuevo rumbo a la lucha contra el narcotráfico.
A pesar de que dichos foros parecen un buen intento de Felipe Calderón para recobrar la confianza de la ciudadanía, el gobierno federal sólo podrá recobrar la confianza del pueblo mexicano aceptando públicamente su responsabilidad y reparando el daño colateral que la guerra ha ocasionado; legalizar las drogas puede destruir el tejido social mexicano antes de que nos podamos dar cuenta.
Dejemos que EUA haga la prueba donde le plazca, en California o en Nueva York; que legalice, produzca, comercialice y consuma sus drogas. Después de todo, son los estadounidenses y sus adicciones quienes han provocado el daño a nuestra nación.

***
El caso de los dos estudiantes del Tec asesinados por el Ejército desacredita más a las fuerzas castrenses y al gobierno federal. No aceptan su responsabilidad: manipularon la escena del crimen, sembraron armas para hacer ver a dos mexicanos ejemplares como criminales... las autoridades no se dan cuenta de que para ganar tienen que sumar y hacer parte a todos en esta guerra: medios de comunicación, políticos, ciudadanos e instituciones públicas y privadas.

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