|
Dos conciertos
La iglesia anglicana de San Martín del Campo tiene un nuevo vicario; así se anuncia en su sitio web. Su edificio es todo un monumento nacional inglés, ubicado en la mismísima Trafalgar Square.
Su fina arquitectura y prominente locación la colocan en el corazón del Reino Unido e inevitablemente la han convertido en atracción turística; sin embargo, se las arregla perfectamente para navegar en ambos ríos. No se sabe exactamente cuándo fue fundada; el registro más antiguo de su existencia se remonta al año 1222. Su trabajo congregacional actual valora la tradición histórica, pero ha buscado fórmulas innovadoras para responder a las cambiantes necesidades; desde la primera biblioteca que prestó sus libros para llevar hasta la primera transmisión religiosa de radio, St. Martin-in-the-Fields siempre ha roto paradigmas. En mi condición de provinciano mexicano, no deja de sorprenderme que en lo que fueron sus catacumbas, exactamente debajo de la nave principal, haya hoy una cafetería cuyo diseño ha ganado premios y en la que se vende vino como si nada. La iglesia permanece en servicio activo. Tiene dos congregaciones, una de habla inglesa y otra de chinos. Declara en su sitio web ser una iglesia incluyente, que abraza un cristianismo práctico y hospitalario. Su comunidad de ministros y seglares está comprometida, sobre todo, con el cuidado de indigentes y de las personas más vulnerables. Ahora se encuentra en el centro del debate para aceptar la ordenación de obispos anglicanos abiertamente homosexuales. Para contribuir a la mayor gloria de Dios y captar la atención del mayor número de feligreses posible, mantienen un exitoso programa de conferencias y conciertos. Ahí fui a escuchar el Réquiem de Mozart con un pequeño coro y orquesta de cámara. Fue una excelente experiencia. La obra resiste perfectamente la reducción sin perder grandilocuencia. Así, con una interpretación más sencilla, los temas parecen más nítidos y entendibles. Se nota perfectamente hasta donde pudo escribir Mozart antes de morir y cuáles son las partes que completó su discípulo Franz Xaver Süssmayr. En San Martín del Campo, hizo presente la sobrecogedora leyenda de su composición; Mozart, debilitado y enfermo, recibe el encargo de un desconocido con dinero anticipado y termina creyendo que escribe para su propio funeral. Antes, como preámbulo, habíamos escuchado la sinfonía Salzburgo y el Concierto para corno número 3. Conocí primero a The Who que a Mozart. Era un adolescente. Cuando niño, en la primaria, las clases de música se reducían a una hora semanal cantando a coro el himno del colegio. En casa, se escuchaba a Ray Coniff. Con Tommy, la ópera rock, descubrí el corno francés, su sonido profundo y brillante. Luego el Concierto 3 llegó a serme familiar, pero nunca tanto como Tommy. Así que fue también imponente para mí pisar el legendario Shepherd Bush Empire, donde tantas veces se ha presentado The Who. Fuimos a escuchar a The Lightning Seeds, ‘las Semillas Luminosas’, una banda noventera british pop con toda la barba, que hace años me había sido presentada en CD por uno de mis seres más queridos. Me gusta sobre todo su canción “Pure and Simple”: “No vendas tus sueños, manténlos siempre puros y sencillos”. “Y así soñando (diría Serrat) cerca del mar, junto a unas rocas, un día aprendí a volar... aprendí a volar”. Hasta la próxima.
|