Resultados y costos PDF Imprimir E-mail
Escrito por LAF IGNACIO RAMíREZ SÁNCHEZ   
Lunes, 12 de Julio de 2010 01:20
9 priistas y 3 ex priistas ganaron las elecciones a gobernadores el pasado 4 de julio.  
Mario López Valdez ganó la gobernatura de su estado. Aun siendo senador con licencia por el PRI, fue postulado por una alianza de izquierda y derecha.

En Puebla ganó Rafael Moreno Valle, tiempo atrás diputado local por el Revolucionario Institucional y secretario de Finanzas del anterior gobierno estatal priista. Otra coalición lo ha colocado ahora en el poder, enfrentándolo así al único partido en el que había militado.
El caso de Oaxaca es aún más excepcional: Gabino Cué, quien nació en las entrañas de los regímenes priistas de aquel estado en la década de los 90s, desempeñando diversos puestos para el Gobierno del Estado, emigró al lópezobradorismo a inicios de esta década y desde ahí consiguió su candidatura, en unas tan singulares coaliciones que triunfaron ante el PRI, encabezándolas con distinguidos viejos miembros del mismo Revolucionario Institucional...
Dicen –los políticos- que, dado el éxito de las alianzas electorales, se está preparando una posible alianza para 2012: PAN y PRD buscarían unirse para contrarrestar al que identifican como su único rival: el PRI.
Siguiendo la lógica de las coaliciones de este 2010, no sería descabellado ver en 2012 al mismísimo Manlio Fabio Beltrones, disputando al tú por tú contra Peña Nieto, por la Presidencia de la República. (Claro, el primero, en uno de esos engendros llamados alianzas, mezclas aberrantes de ideología y principios)
Por lo pronto ya, además de todas esas cohabitaciones en sí mismas tan impúdicas como inconcebibles, ha quedado al descubierto el costo real que pagan los contribuyentes por los procesos electorales en México: el uso de recursos públicos y el tiempo de funcionarios de todos los partidos, empleado en participar en empujar a sus candidatos. Tiempo empleado en todo, menos en gobernar.
En efecto, la democracia no nos está costando únicamente cientos de millones de pesos año con año, transferidos a los partidos. Habría que sumar el desvío de horario y dinero, evidentes entre gobernantes que no gobernaban, además de programas estatales igual de desviados para apoyar embozadamente ciertas candidaturas.
Pero este no es el único costo a contabilizar como saldo negativo a la hora del balance: la guerra sucia desencadenada entre PRI y PAN tendrá consecuencias onerosas.
La impericia con la que el panismo agredió públicamente al Revolucionario Institucional fue ya un manchón en la agenda política nacional: el PRI gobierna la mayoría de los estados de la República y es también mayoría en el Poder Legislativo.
Este último costo, si el tricolor se cobra las agresiones de la guerra sucia, pudiera ser a la postre el más elevado para el país.
¿Cuál, por ejemplo? Para empezar, que el PRI se empeñase en congelar la reforma de Estado; o -en los gobiernos estatales donde sea oposición al Ejecutivo- desdeñar las instrucciones federales.
Vamos, hasta complicar de aquí al resto del sexenio los presupuestos de la Federación, serán pertrechos con los que el priismo puede cobrarse lo que le ha parecido abierta agresión en el proceso electoral 2010.
Y este sin duda será el costo muy caro que no pagarán el Gobierno ni el PAN. Lo pagaremos todos los mexicanos.
La partidocracia que gobierna México expuso en un par de meses la bajeza por la que se arrastra para gobernar y, al mismo tiempo, el desembolso carísimo que pagamos -hay que decirlo de nuevo, también- todos, todos, para mantenerlos.
¿Podrá, merecerá mantenerse en el poder este régimen “democrático” por mucho tiempo?
Hasta el próximo lunes.

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