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Señaló en entrevista el secretario de Hacienda y Crédito Publico, Ernesto Cordero, que como resultado de la crisis global estima que –hasta ahora- 6 millones de mexicanos más volvieron a la pobreza alimentaria durante 2009. Con semejante incremento en cifra tan ominosa, debemos asumir que son ya 20 los millones de mexicanos que enfrentan día con día la incertidumbre de saber si comerán algo... o no comerán.
Exactamente este tipo de penurias son las que contundentemente nos colocan en la realidad, una realidad que dura ya décadas y de la cual no hemos escapado: somos un país que concentra una mayoría arraigada en la pobreza. Por ende, debemos dejar de presumir apreciaciones tan ridículas como la de considerarnos "una de las economías más grandes del mundo". U otra: la supuesta fortaleza macroeconómica con la que una y otra vez nos machaca nuestra elite política, como si cualquiera de sus números nos otorgara, con sólo decirla, algún beneficio contante y sonante, un nivel de vida a la alza para la mayoría de los mexicanos. En esa misma entrevista, el titular de la SHCP ofreció al menos un par de consuelos. El primero: de manera sencilla señaló que debemos de considerar esta crisis "no tan grave", ya que la ocurrida en 1995 envió al doble de mexicanos a la pobreza alimentaria. Por tanto, la noticia... ni es tan mala. El otro consuelo tiene que ver con el programa anticrisis o -como lo denominó el propio gobierno federal- “medidas contracíclicas” que tuvieron como finalidad detonar grandes y costosos proyectos de infraestructura pública, para contrarrestar la caída de inversión y gasto público. En pocas palabras: propulsar magnas obras para -desde el sector de la construcción, principalmente- reanimar la economía. Para ese paquete de infraestructura hubo a disposición un fondo de al menos 300,000 millones de pesos, cuya ministración se programó rápidamente, de tal manera que se activara el empleo y las empresas siguieran trabajando, en lo que pasaba o al menos se aliviaba la contingencia económica. Hay quienes se atreven a predecir que lo peor de la crisis se ha superado. Ese criterio no lo comparto. Simplemente vale la pena evaluar cuánto de ese dinero -del fondo "contracíclico"- se invirtió en Guanajuato: Es más que triste, es frustrante ver que, salvo el intento fallido de la nueva Refinería Bicentenario en Salamanca, a nuestra entidad no le tocó nada. Nada significativo se llevó a cabo. Más grave aún es avocarnos a un breve análisis para desentrañar qué ha sido lo más relevante ocurrido en Guanajuato en general y en León en particular, los últimos 10 años en cuanto a infraestructura pública... Encontraremos que poco, muy poco, prácticamente nada: tontamente nos hemos aislado, hemos perdido la oportunidad de atraer a la entidad infraestructura de peso, que fuera una ventaja, un soporte económico para enfrentar la pobreza y solucionar el largo plazo sin tantos nubarrones en el horizonte: nuevas empresas, más empleos. Comparto sólo parcialmente los criterios del secretario de Hacienda: Sí, en Guanajuato, como en el resto del país, se ha incrementado la pobreza en apenas un año. Y difiero contundemente en cuanto al éxito de las grandes inversiones que presume como si estuvieran ya consumadas en infraestructura pública en ese mismo periodo: por años, nuestra economía local sigue desarrollándose sobre las inversiones de antaño. Del programa "contracíclico", Guanajuato es un olvidado. Hasta el próximo lunes.
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