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Con el arranque de la segunda etapa del Sistema Integrado de Transporte (SIT) se consolida un avance medular de la infraestructura de León: su transporte público. Con el crecimiento exponencial de la ciudad en los últimos años, la estrategia también cambió: toda aquella cantidad ingente de rutas y caos de autobuses circulando por las principales avenidas leonesas, se ha ido remplazando por un sistema único y ordenado de transporte colectivo y, consecuentemente, el flujo de automovilistas en recorridos que no entran en conflicto con el propio servicio público.
Un ejemplo: de no haberse tomado la decisión de ordenar el servicio de autobuses urbanos en el bulevar López Mateos, éste hoy sería intransitable. El modelo, por lo demás, benefició a los usuarios y se consolida ahora con una segunda nueva etapa: con un solo pago se puede recorrer el mismo tramo que antes obligaba a gastar por lo menos en dos pasajes. También el transporte de León cuenta con una ventaja competitiva: es autosustentable y lo administra la iniciativa privada, sin ningún subsidio gubernamental a la tarifa. A diferencia de lo que ocurre con el Metro del Distrito Federal, al que injustamente todos los mexicanos subsidiamos con nuestros impuestos (es verdad: incluso nosotros los leoneses le abonamos a ese transporte artificialmente barato para los capitalinos), en León las empresas que deciden invertir en rutas del SIT, deben ser eficientes para recuperar su inversión y ganar; esto las obliga a proporcionar un servicio satisfactorio. Todos los cambios encuentran resistencias. La entrada en vigor de la segunda etapa del SIT no será la excepción. Los mismos usuarios que salgan beneficiados, simplemente harán uso del sistema; y aquellos que se vean afectados por incomodidades al desplazarse, seguramente mostrarán su inconformidad, desde ya. Lo cierto es que incluso en ciudades de países desarrollados, los modelos integrados de transporte son realmente funcionales: el usuario -al pagar una tarifa única- se desplaza por cuanta ruta o medio esté disponible en el sistema, hasta llegar a su destino. Así pues, en cuanto a transporte urbano con el Sistema Integral, vamos en la dirección correcta. Apenas se inicia la segunda etapa y desde luego comienzan a brotar ya inquietudes por la siguiente: cuándo y cómo será la tercera etapa. León está regida por un plan de movilidad que nace en el Instituto Municipal de Planeación, el cual considera no tan sólo al automóvil y al autobús como alternativa única de transporte público; también sabe de la necesidad de invertir en vías alternas y ecológicas, como las ciclovías. Este plan maestro abierto al crecimiento del SIT -según las posibilidades financieras del municipio- encuadra una gama de opciones de expansión, claro. Pero debemos ser puntuales en la selección de la tercera parte de este sistema integral. Mi recomendación es que la tercera etapa, que ampliará los kilómetros recorridos por este sistema único, no pierda de vista el factor económico: su objetivo prioritario debe ser el de conectar a la fuerza laboral con sus centros de trabajo, en el menor tiempo posible y al mejor costo. Por tanto, quede en manos de ésta o de administraciones próximas, conviene tomar en cuenta que, entre mejor conexión exista entre empleados y lugares de trabajo, más competitivos seremos. Bienvenida la segunda etapa y el crecimiento del Sistema Integral de Transporte.
Hasta el próximo lunes. Para cualquier comentario acerca de mi columna no dude en escribirme a:
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