VERBO MATA CARITA PDF Imprimir E-mail
Escrito por LAF Ignacio Ramírez Sánchez   
Lunes, 19 de Diciembre de 2011 02:11

México es una nación que no lee. Según la estadística, se consume cada año apenas un libro por habitante, un porcentaje sumamente inferior al de naciones con mayores niveles de desarrollo económico y desde luego educativo.

Dentro de esos pocos más de 100 millones de libros leídos, se incluyen desde luego los grandes clásicos literarios, las enciclopedias, los textos escolares, novedades contemporáneas... pero también obras tan inútiles como las relativas a supersticiones cósmicas, fin del mundo, vida extraterrestre... o los de Salinas de Gortari.

Si el mexicano lee poco y debe tener el Gobierno que merece –como dicta el popular dicho- no debe sorprendernos que Enrique Peña Nieto haya ido a demostrar -nada menos que a la cada vez más prestigiada internacionalmente Feria del Libro de Guadalajara- que él... tampoco lee.

Dándole continuidad a sus excusas, según las cuales él no es “la señora de la casa” –a lo que en efecto está por lo menos sexualmente impedido-, hubiera podido añadir también que tampoco pretende ser postulado para un Premio Nobel ni ganar algún otro galardón de literatura –que, en efecto, tampoco son sus intenciones-.

Lo único que él quiere es nada más ser Presidente de México y, viéndolo desde tal perspectiva, habremos de compadecerlo porque desde luego, y demostrable como es, no será ni el primero ni el único que llegue a ocupar dicho cargo sin haber paseado sus ojos por al menos algún clásico de la literatura infantil.

Pero -continuando con una semana catastrófica para su campaña y personalidad, y después de convertirse en el hazmerreír de México en uno de sus más sagrados recintos, la FIL de Guadalajara- ya nos dimos cuenta que el ex gobernador mexiquense tampoco tiene dotes de estadista.

En un par de declaraciones al periódico íbero El País, Peña Nieto vilmente desconoció dos indicadores fundamentales para la vida social y económica mexicana, lo cual nos habla de un hombre completamente desconectado de la realidad que padece la mayoría de la población, y mucho, pero mucho más imposibilitado de concebir un plan para apoyarla en el próximo sexenio.

El precio de la tortilla, componente básico de la alimentación nacional y factor clave para determinar la canasta básica con que se mide la inflación y cómo se ha deteriorado el poder adquisitivo (independientemente de que el maíz haya caído en una problemática de producción preocupante a nivel nacional y global), le parecen a Peña Nieto un dato intrascendente, inocuo y de preocupación exclusiva de las “señoras de la casa”.

Lejano –según la perspectiva del que será el “señor de la casa”, el mismo que ocuparía la principal recámara de la residencia presidencial- muy lejano queda todo lo anterior, y en cambio deja a otras el encargo de surtir el prehispánico alimento.

Un error adicional e inquietante fue su desatino al calcular el salario mínimo vigente. Cuestionable, desde hace tiempo, es la utilidad real del minisalario; pero es indispensable para determinar desde el presupuesto de la República hasta algunas interacciones entre Gobierno y particulares, los empréstitos y un sinúmero de operaciones legales donde suele considerarse por N motivos la leyenda: "Tantas veces el salario mínimo vigente”, lo cual afecta la vida de todos nosotros, sus eventuales, futuros gobernados.

Este dato también le resultó no sólo irrelevante, sino inconcebiblemente desconocido.

¿Esperamos, pues, que México sea gobernado desde 2012 por un experto literato? No. ¿Contaremos con un estadista? Tampoco.

"El empaque" hasta ahora parecía perfecto. El producto comienza a evidenciar que carece de la talla para gobernar con atingencia el próximo sexenio. Seis años más… Seis años menos…

 N.B. Por motivos vacacionales esta columna estará de regreso el próximo 9 de enero.

 P.D. Quedó también comprobado este 2011 –y esta misma semana otra vez- que a las creaciones de Televisa no se les exige el aprendizaje del inglés. ¿Juay...?