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A pesar de la crisis financiera mundial, el sector calzado ha mostrado en México indicadores que van desde la estabilidad, hasta el incremento de producción y exportación.
Lo cierto es que la devaluación del peso mexicano ha contribuido a un doble efecto positivo sobre la industria zapatera nacional: por un lado ha comenzado a inhibir la importación de calzado asiático y, al mismo tiempo, las exportaciones a países del Primer Mundo se incrementaron. Es un hecho que la inestabilidad financiera internacional -por cierto aún en niveles considerablemente altos, sobre todo para negocios pensados a largo plazo- desalienta a comercializadores que en otras condiciones no dudarían en importar calzado. Pero, hoy, adquirir deudas en moneda extranjera puede terminar siendo un muy mal negocio. A pesar que en años anteriores se adoptaron medidas para evitar la triangulación y contrabando de mercancías asiáticas, puede ser que ahora el agente disuasivo más eficaz para inhibir prácticas desleales contra la industria local, paradójicamente sea la devaluación del peso, que impacte a favor sobre el valor de las exportaciones mexicanas. De cierta forma los fabricantes locales quedaron protegidos por ahora- de prácticas consideradas incluso ilegales y podrán atender al mercado -mayoritariamente al nacional- en condiciones más favorables. Los exportadores de calzado son quienes en estos últimos meses muestran mayor optimismo. Ven abierta una oportunidad que hacía mucho esperaban. El consumidor de naciones primermundistas es muy diferente al nacional: su poder de compra, el valor agregado que busca, y la forma en que pacta sus compras, provienen de su sólida experiencia en comercio internacional. Para desgracia nuestra, después de tantos años subyugados por la competencia china, nuestra planta productiva fue severamente mermada y son muy pocas las empresas que hoy logran llevar sus productos más allá de las fronteras. Pero el lado positivo está probando que, quien mantuvo su capacidad exportadora y se atreve a llevar sus manufacturas a los mercados externos, encuentra en el peso mexicano un aliado. ¿Cuánto tiempo jugará México a mantener una moneda débil que favorezca las exportaciones? Las primeras señales que Agustín Carstens ha lanzado al frente del Banco de México, apuntan a mantener al peso sin mucha fortaleza: renunció a la línea de crédito de cobertura que ofrecía a México el Fondo Monetario Internacional; decidió no intervenir el mercado cambiario con ventas de dólares de las reservas internacionales y, por el contrario, anunció que las incrementará en los próximos meses. Una moneda débil -entre otros importantes factores macroeconómicos- dio a China la oportunidad de convertirse en la nación manufacturera mundial por excelencia. Al parecer el Dr. Carstens lo ha entendido así y procura seguir la tendencia. Está en su ámbito de poder la política monetaria con la cual puede mantener al peso mexicano flotando en un rango cercano a 13 por cada dólar, y así echar a andar una industria manufacturera que perdió su sentido exportador desde hace muchos años. En el caso de China acérrimo rival nuestro- y si persiste la política de mantener una moneda débil que impulse las exportaciones durante los próximos años, asimilaremos -al fin- que de poco sirve a una nación (con la mitad de su población sumergida en la pobreza) una moneda fuerte: nada podemos presumir a los países ricos mientras nuestra miseria no sea superada. Un importante obstáculo que le queda a León en tanto ciudad fabricante de calzado, es crear y sostener eficientes canales de comercialización, para llegar al consumidor nacional y al extranjero. Es vital un fuerte trabajo en este renglón. Hasta el próximo lunes.
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