Isabel Wallace: Libertad y pasión por la vida (I) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Jorge Arturo Acevedo Alarid   
Lunes, 16 de Enero de 2012 01:47
¿Te consideras lo suficientemente feliz, libre? ¿Vives con pasión, disfrutas realmente lo que haces?
Antes de contestar hagamos un ejercicio de análisis del entorno y de aquellos factores que han marcado nuestra vida a lo largo de los años.

La semana pasada tuve tiempo de reflexionar y analizar desde otro punto de vista los amables comentarios y correos que recibí de las columnas en donde he tratado el tema político en nuestro país y en nuestro estado.
Los comentarios, palabras y análisis que recibí no son otra cosa que un reclamo, un grito desesperado, lleno de desánimo, desconfianza y hartazgo ciudadano.
No se trata ya de cierto o ciertos partidos políticos, se trata de un desgaste generalizado que polariza y divide, hueco, sin contenido, sin la más mínima posibilidad de considerar integración, participación y unidad ciudadana.
Hoy la política no está respondiendo con su responsabilidad.
Apenas hace ocho días hablaba de la posibilidad de que liderazgos ciudadanos se integraran a la vida política para lograr cambios estructurales que permitieran recobrar el tejido social. La candidatura de Isabel Miranda de Wallace a la jefatura del DF, mujer admirable y respetada, marcará ya una diferencia en la vida pública, donde ciudadanos libres y comprometidos usen como “franquicia” a los propios partidos para contender en una elección.
Personalmente, no concibo la felicidad y mucho menos la libertad cuando los seres humanos no tenemos “opciones”.
Libertad es la capacidad que posee el ser humano de poder obrar según su propia voluntad, a lo largo de su vida; por lo que es responsable de sus actos.
Históricamente, en especial desde las revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX, la libertad suele estar muy unida a los conceptos de justicia e igualdad.
Etimológicamente la palabra viene del latín “liber”, lo que se interpreta como “persona cuyo espíritu de procreación se encuentra activo”, esto derivado del significado que tiene la incorporación del hombre a la sociedad al alcanzar su madurez sexual, para que comience a asumir responsabilidades. Si bien este dato aporta luces sobre el origen de la palabra, no satisface como explicación de este importante valor humano.
El concepto de libertad es algo que a lo largo de la existencia humana nos ha hecho reflexionar en múltiples sentidos, siendo uno de los temas fundamentales de la filosofía. Lo anterior, debido a que muchas veces, el hacer siempre aquello que deseamos nos lleva por el camino equivocado, lo que a fin de cuentas, puede terminar por esclavizarnos a algo (no se debe confundir libertad con el libertinaje).
Por lo tanto, la libertad de obrar según la propia voluntad puede terminar por hacernos perder la tan deseada libertad.
Para algunas corrientes de la filosofía, la libertad tiene relación con la autonomía, que se entiende como la dimensión de la razón que permite al ser humano pensar dándose normas a sí mismo sin que medie autoridad alguna (definición que impulsó el filósofo Immanuel Kant), lo que conlleva a la responsabilidad personal y social.
El fundamento metafísico de la libertad interior es una cuestión psicológica y filosófica. Ambas formas de la libertad se unen en cada individuo como lo interno y lo externo de una malla de valores juntos en una dinámica de compromiso y de lucha por el poder; las sociedades que luchan por el poder en la definición de los valores de los individuos y de la persona que lucha por la aceptación social y el respeto en el establecimiento de valores de la propia en el mismo.
Toda persona siente en lo más profundo de su ser la nostalgia de ser libre: libre del poder de los que oprimen; libre frente a los juicios de los demás; libre de las presiones interiores, de los miedos y de las angustias; libre de las dependencias. Y es que el tema de la libertad es inagotable, porque, en el fondo, el camino de la libertad es la libertad misma.
La conciencia de la libertad y de la dignidad del hombre, junto con la afirmación de los derechos inalienables de la persona y de los pueblos, es una de las principales características de nuestro tiempo. Pero, ¿quién y cómo nos ayudan a lograrlo y alcanzarlo? ¿Cómo imaginar la libertad y la felicidad en un mundo sin opciones alrededor de la pobreza, la miseria y el abandono? ¿Quién piensa en todo esto cuando se diseña una política pública?
“Nos hacemos a golpes de libertad”, dijo Sartre, y su frase hizo fortuna porque es expresión de una vivencia y una necesidad del hombre que se mueve entre la realidad que le consume y el anhelo que le impulsa. Realidad, porque, en mayor o menor grado, todos nos sentimos poseedores de parcelas de libertad; y anhelo, porque somos capaces de más libertad de la que poseemos.
Hay quienes definen la libertad por su cara exterior dependiente de las circunstancias. Para ellos, eliminar las trabas que impiden actuar es sinónimo de libertad.
Hay otros que hablan de la libertad con menos palabras y mayor sabiduría: Son los que saben que la libertad es oportunidad, capacidad para elegir. Éstos, antes de tomar una decisión, se han preocupado de conocer qué quieren, por qué lo quieren, y lo que es aún más importante: hacia dónde les conduce esta elección.
Cada uno de nosotros tenemos la gran oportunidad de lograr la libertad y vivir con pasión, todo tiene un precio y un grado de compromiso, empezando por cambiar de actitud y estar dispuesto a ser congruente, incluso frente a las críticas y el rechazo. . .  ¿Estarías dispuesto a correr el riesgo?

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Continuamos la próxima semana. Por lo pronto hoy recordamos a Martin Luther King, Jr. (Atlanta, 15 de enero de 1929 - Memphis, 4 de abril de 1968) fue un pastor estadounidense de la Iglesia Bautista que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la guerra de Vietnam y la pobreza en general. Un hombre que decidió ser libre y vivir con pasión “en un pequeño planeta”. . .
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