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Libertad es la capacidad que posee el ser humano de poder obrar según su propia voluntad, a lo largo de su vida; por lo que es responsable de sus actos. Históricamente, en especial desde las revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX, la libertad suele estar muy unida a los conceptos de justicia e igualdad.
¿La política sirve como promotor de la libertad? ¡Claro! Vamos a ver. . . Cuando alguien piensa en planes de gobierno o en diseño de políticas públicas tradicionales, se comete un grave error. Es muy común proponer “soluciones” a problemas socio-económicos vigentes en las comunidades (normalmente las más pobres) pero muy pocos proponen atender los temas de forma holística y preventiva, es decir, cuando se piensa en niños, se crean programas de salud y educación, pocas veces se piensa en infraestructura y equipamiento urbano, cultura, artes, deportes, recreación y desarrollo del intelecto; entonces ¿Cómo podemos imaginar que ese niño al ser adolescente tenga “opciones”? ¿Le gustará y será hábil en deportes, artes, etc.? La adolescencia es una fase del ciclo vital, breve, intensa y caracterizada por cambios repentinos. Es una categoría conceptual socialmente construida y relativamente reciente en la historia de Occidente. De este modo, no se limita a una franja etaria, sino a un modo de relacionarse con los cambios físicos impuestos desde la biología y con las expectativas a través de la cuales cada sociedad, a lo largo del tiempo organiza y regula ese proceso. Es un momento vital en donde el conflicto intergeneracional es deseable necesario, -imprescindible- para la renovación de las dinámicas familiares. Un momento en donde paulatinamente la centralidad de la familia de origen se desdibuja de cara al grupo de pares, y los escenarios sociales e institucionales habilitan estas nuevas interacciones. Los adolescentes, idealmente, interpelan y redefinen su relación con el entorno. En este sentido, la adolescencia alude a un modo de habitar el mundo en tiempo presente. No obstante, la adolescencia es también un momento de transición entre la infancia y la vida adulta. - ¿Quién y cómo acompañamos a los adolecentes en ese proceso tan complicado? ¿Somos capaces de promover la libertad con opciones? O simplemente los vemos perderse en el escaso mundo de lo “posible”. Los jóvenes y una vez dejando atrás ese paso “complejo” de la adolescencia, pasan a una etapa de la vida para tomar decisiones importantes, es un momento de apoyarse en referencias y sueños “aspiracionales”. Hoy, ¿basados en qué o en quién? Hay casos en que los jóvenes universitarios o que siguen carreras técnicas no obtienen un trabajo relacionado a lo que estudiaron. Los ejemplos, de los muchos que se pueden dar, van desde el novato economista que improvisa funciones de contador, el literato que oficia de vendedor en una tienda o, aunque más grave no menos cierto, el ingeniero que recorre las calles a bordo de un taxi. Basado en la recopilación de comentarios vivenciales que los jóvenes me han podido compartir en este sentido, viene a mi mente una pregunta fundamental: ¿Se puede llegar a vivir con pasión y felicidad una vida frustrada en los sueños y anhelos? El ritmo de vida, falta de actividades que logren romper la rutina diaria y desde el momento en que el trabajo del hombre se vuelve sedentario, aparecen nuevas formas de reacción frente al cúmulo de tensiones físicas y mentales. Las distancias se reducen, el espacio es cada vez más estrecho, los niveles de exigencia laboral y social se incrementan, así el hombre tiene que continuar el camino de su vida laboral y personal, conservando la armonía en su vida y rindiendo frente a compromisos adquiridos con otros (pareja, familia, jefes). Todas aquellas situaciones que nos colocan en riesgo nos producen reacciones psicofisiológicas las cuales han sido conocidas como estrés. Existen niveles de estrés o de tensión que de alguna forma todos logramos manejar y usar como motor para el logro de nuestros objetivos. Pero, existen situaciones críticas que sobrepasan nuestros mecanismos normales de responder a situaciones difíciles, en ese momento pasamos del estrés fisiológico al disestrés. La pasión es una emoción que puede contactar al ser humano con lo mejor de sí, cuando la entendemos como ese impulso que lleva a actuar con un grado de locura, con un poco de obsesión, pero sobre todo, con mucha conexión con lo que cada uno es. Quizás es poco reconocida por la sociedad y reservada para ser vivida en algunos espacios, pero es hoy algo que la empresa, la familia y el país necesitan para atrevernos a dejar la tibieza y quemarnos con el fuego que cada uno tiene y puede encender en otros. En fin, hoy como nunca debemos trabajar más, de forma conjunta, con visión holística y bien definida, los hombres y mujeres de la sociedad debemos reencontrarnos con nuestros valores e ideales, involucrarnos y participar más en la vida pública y política, espacios que se deben retomar, para lograr una mayor libertad y desarrollo del bien común, reconociendo aquello que nos hace fuertes como sociedad. La libertad pues, debe ser conquistada con pasión por la vida, pero acompañada de espacios y oportunidades amplias y competitivas que nos puedan llevar a condiciones similares a las sociedades de otros países, sin temor de ser conquistados. Somos un gran país y como mexicanos tenemos un gran potencial, pero debemos de dejar de pensar “chiquito”. Este 2012 nos ofrece oportunidades únicas, aprovechémoslas, el esfuerzo será recompensado. Hay mucho por hacer. . . Hagámoslo.
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