El fascismo en México PDF Imprimir E-mail
Escrito por Dr. Jorge Isauro Rionda Ramírez   
Lunes, 17 de Octubre de 2011 01:11
Similar a como lo propuso Benito Mussolini en la década de los años 30 del siglo XX en Italia, en México Manuel Gómez Morín funda en 1939 un partido de inspiración ultranacionalista, tradicionalista, católico, antisocialista y antisemita (el Partido de Acción Nacional), correlativo al movimiento francés liderado por el escritor Charles Maurras una década anterior en Francia, las tres corrientes promovidas por la ultraderecha.
A Manuel Gómez Morín, igual que a Benito Mussolini, originalmente les inspira la tesis socialista, de la cual posteriormente reniegan. Ante la crisis de los regímenes de regulación liberal y el ascenso de la socialdemocracia y el socialismo en Europa después de la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918), el proyecto ideológico de estos dos personajes se formula en razón de una tercera vía en oposición tanto a la tesis liberal como a la marxista: el fascismo, sólo que en México se materializa en un proyecto de derecha llamado Acción Nacional.
El ultranacionalismo expresa una abierta simpatía progermánica y su desprecio a la cultura estadounidense. Fundamentos clave para que en el primer lustro de los años 30 de la vigésima centuria nazca el movimiento sinarquista, especialmente en el Bajío, propiamente en León, Gto., donde Manuel Gómez Morín termina la primaria y cursa los primeros años de preparatoria.
Similar a su evolución en Italia, en México el prejuicio cultural se materializa en la obra de José Vasconcelos Calderón en 1925 con la publicación de su obra “La raza cósmica”. La propuesta de la clase intelectual en boga en el país es hacer de México una nación de instituciones y del Estado mexicano un aparato de gobierno fuerte, no totalitario pero sí autoritario, fundamento que rige la ideología de Álvaro Obregón como de Plutarco Elías Calles.
La intolerancia fascista se expresa en la cantidad de crímenes políticos que estos dos presidentes de México realizan para terminar con el caudillismo y fundar un Estado basado en un gobierno institucional, de ahí que en 1929 funden el Partido Nacional Revolucionario (¡otro nacionalismo basado en un exacerbado control central!).
Consideran la clase intelectual y la clase política del país que el fundamento del éxito de la nación está en el rescate de sus valores nacionalistas, su formación cultural como identidad como nación (¡la raza de cobre!, como diría Vasconcelos).
Antiliberal y anticomunista, el PNR de 1929, como el PAN de 1939, son expresiones del anhelo de poder de la clase plutonómica de la economía mexicana: la burguesía. Interesante es saber que ya en 1919 se funda el Partido Comunista Mexicano, promovido por los bolcheviques desde la recientemente creada Unión Soviética para darle un derrotero socialista a la desideologizada y “revoltosa” revolución mexicana (con excepción del movimiento zapatista, que no obstante siendo de humildes, dista en mucho de tener un carácter social demócrata como socialista, más bien es de carácter conservador).
El fascismo en Europa se enmascara en movimientos socialistas y socialdemócratas, como sucede en Alemania; no obstante en México se viste de catolicismo y conservadurismo en extremo. La Iglesia católica encuentra un rescoldo de apoyo a sus intereses en el occidente del país y en gran parte de los pensadores mexicanos de ultraderecha, lo que lleva a levantarse en 1926 y en 1936 en lo que se conoce como la primera y segunda revuelta cristera del país, respectivamente. Está enarbolando el movimiento el sinarquismo mexicano, que en la década de los años 30 del siglo XX evoluciona a la par del franquismo en España.
Los sinarquistas conservadores en México aspiran a unir a México y España, parte por el recelo que se tiene contra la Unión Americana y sus aspiraciones anexionistas, y parte por el anhelo de los hispanófilos mexicanos de ser reconocidos como hijos de España en América (en ello está incubándose en su seno el nacimiento de nazismo racista y discriminador del país que madura en la posguerra).
La Gran Depresión de 1929 - 33 resiente a la burguesía mexicana con respecto al “sueño americano”, lo que por otra parte es una razón más para respaldar el sinarquismo, el antisemitismo, el anticomunismo, el progermanismo y el profranquismo.
Si bien en Europa el fascismo es la vacuna para combatir el mal de la expansión comunista, en México es una respuesta contra el anexionismo estadounidense. De ahí que fascismo en México no siga el derrotero de su similar europeo. Aquí se enfatiza no el anticomunismo, sino el antiliberalismo. Prospera entonces en el PNR la socialdemocracia, que en el fondo es el amparo de los masones yorkinos liberales, mientras que en el PAN lo que prospera es el nacionalismo antiliberal y antiyanqui, liderado por los masones escoceses. De ahí su revestimiento recalcitrantemente católico.
No obstante el discurso de los sinarquistas amparados en el proyecto político del PAN tiene los mismos matices del fascismo italiano que, como sostiene el mismo Benito Mussolini respecto del fascismo, es una revolución espiritual contra la corrupción cultural de las ideologías marxistas y liberales que atentan contra los sagrados basamentos de la religión, la Patria y la familia. Se habla del capitalismo como el orden natural de las cosas. Curiosamente se tiene el fundamento positivista de concebir el orden natural como el orden del Dios. . .  de inspiración divina.
El fascismo de origen trata de restablecer y garantizar el orden natural de las cosas (iusnaturalismo), ante la expansión comunista, mismo basamento del nazismo alemán.
El fascismo como expresión antidemocrática (por lógica de su antiliberalismo), no se abre al debate y de hecho no tolera la oposición. El orden de Dios es único e inatacable. El odio contra los judíos no sólo proviene de la religión cristiana, sino de su control sobre la economía mundial, la cual no podía estar en manos de quienes martirizaron a Jesucristo.
El fascismo en toda geografía encuentra espacio para su desarrollo a razón del resentimiento social derivado de la crisis de 1929. El liberalismo tiene su crack por las tesis marxistas, pero en el orbe capitalista con la aparición del keynesianismo y de amparo político en los regímenes como el mexicano que se vienen revistiendo de socialdemócratas.
El libre mercado no funciona, lo vela la Gran Depresión, la alta burguesía entonces se tiende al fascismo, en Europa, y al sinarquismo (nacionalsocialismo) en España y en México. Si el liberalismo no funciona, el socialismo no es la alternativa para la gran burguesía, necesariamente se tienden al fascismo, en las matizaciones semánticas que adquiera en las distintas geografías del orbe.
La Gran Depresión de 1929 - 33 lleva al término del liberalismo y en Inglaterra, bajo el pensamiento del economista John Maynard Keynes se dan los fundamentos de la teoría económica burguesa. Muere la economía política derivada del racionalismo alemán que llevó al marxismo, y nace el empirismo pragmatista inglés. Las nuevas tesis sostienen el crecimiento bajo la expansión de la demanda interna mediante la política monetaria en condiciones de subempleo. Ante el desempleo creciente causado por la Gran Depresión, se dan las condiciones de éxito de esta tesis del equilibrio con subempleo.
En Italia y en Alemania el fascismo promete modernizar la industria pesada para fortalecer y expandir el sector bélico militar, y expandir el colonialismo. En México el sinarquismo amparaba la religión, a la empresa y a la familia del “desalmado y ateo” comunismo, del imperialismo estadounidense y de su cada vez más posicionado estilo de vida.
En 1933 Adolf Hitler asciende al poder y de inmediato funda el Tercer Reich, implementa bajo las tesis keynesianas un plan para sacar a Alemania de su postración económica, que deriva de haber perdido la primera contienda mundial. El crecimiento de la demanda interna de su economía parte de la expansión del gasto público en materia militar, así como de infraestructura en comunicaciones creando redes carreteras.
Paralelamente en Norteamérica, en 1933 Franklin Delano Roosevelt asciende por primera vez a la presidencia de la Unión Americana, cargo que va a ocupar por 12 años consecutivos hasta 1945, ante su muerte por la polio. Este presidente demócrata toma de las tesis del inglés John Maynard Keynes el fundamento de política económica de su administración. En la Unión Americana la respuesta a la caída del liberalismo con la crisis de 1929 es la formación de la socialdemocracia estadounidense, que van a materializar los sindicatos en dicha nación.
En México, en 1934 arriba al poder el Gral. Lázaro Cárdenas, quien en 1935 pone como su Secretario de Hacienda a Eduardo Suárez Aránzolo, padre del endogenismo mexicano y creador del desarrollismo. Todo mediante la asimilación de las políticas estadounidenses del New Deal, que es el proyecto económico del presidente de aquella nación, Franklin D. Roosevelt. Ambos esquemas basados en el keynesianismo, sólo que en México domina la ideología socialdemócrata que es efecto del corporativismo sindicalista que establecen desde una década atrás los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. El resultado es el nacimiento del estructuralismo económico, corriente norteamericana.
El Partido Nacional Revolucionario pasa a ser el Partido de la Revolución Mexicana para terminar por ser el Partido Revolucionario Institucional, precisamente bajo la administración del presidente Cárdenas. Su poder parte del centralismo político respaldado por su corporativismo, especialmente sindicalista sin discriminar otras formas de incorporación tales como los ejidos, las cámaras empresariales (Canacintra), las organizaciones populares entre otras confederaciones nacionales. Todos los mexicanos, mediante la cláusula de exclusión contenida en la Ley Federal de Trabajo de aquel entonces, quedan incorporados a un solo proyecto político, incluyente, alienante, enajenante, alineante en lo político, el del PRI. Fascismo en su más pura expresión.
En 1936 Alemania, bajo el régimen del Tercer Reich, apoya al Gral. Francisco Franco en su cuartelazo contra la República Española. El nazismo alemán termina por anexarse Austria y Checoslovaquia y culmina por desatar en 1939 la segunda contienda mundial. Con esto en 1945 se da término al fascismo en Europa. Pero en México, el fascismo se enmascara en formas de gobierno centralista y autoritario, casi totalitario que persiste en la posguerra y que se sostiene bajo este emblema político hasta el año 2000.
No obstante el arribo del PAN al poder en el año 2000, el término del fascismo en México no se da con este cambio de vanguardia política. De hecho sólo es un encubrimiento del mismo en una nueva expresión de partido político, pero que persigue y protege los mismos intereses que perseguía y protegía el régimen anterior.
En Norteamérica el fascismo es representado por el partido Republicano y se materializa en sus respectivas administraciones de posguerra hasta la actualidad, al grado que para la década de los años 90 en la administración de George Busch (padre), se reemprende una nueva expresión para la región latinoamericana del imperialismo (fascismo) norteamericano: el neoliberalismo.
Al término de la guerra fría en 1989 la Unión Americana trata de resarcir su atraso en la implementación del régimen de producción flexible, para volver a poner la eficiencia productiva de sus empresas a la altura de la competencia internacional, ahora liderada por China y Japón. La propuesta norteamericana para la región latinoamericana es ingresar al esquema de la producción compartida, bajo el liderazgo estadounidense, anexándose por la vía rápida (fast track), a cambio de un respiro financiero de sus economías para entonces sobreendeudadas.
El neoliberalismo es la nueva matización del fascismo imperialista. En la Unión Americana bajo las administraciones de la familia Bush la plutocracia suprime a la democracia (si es que en algún momento la hubo), y sus intereses se materializan en el 11 de septiembre de 2001, lo que lleva a esta nación a guerras de saqueo contra Irak y Afganistán.
La llegada al poder del presidente demócrata Barack Obama en 2008 indicó para esta nación la caída de esta plutocracia, del fascismo y del regreso de la clase media al poder, así como de la propia democracia (aparentemente, al menos).
En México, en el año 2000, la llegada del PAN al poder bajo la presidencia de Vicente Fox Quesada, en algún momento se pensó que significaría el arribo de la democracia, pero de inmediato lo que vela esta administración es el arribo del fascismo plutocrático que desde la administración de Carlos Salinas de Gortari se viene cocinando.
El fascismo de Estado en su forma más recrudecida: bajo el control de las familias más ricas del país y de otras, norteamericanas.

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