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Escrito por Dr. Jorge Isauro Rionda Ramírez
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Lunes, 30 de Enero de 2012 01:24 |
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La presencia de capital extranjero en México es la causa de la formación del proletariado industrial en el país. Mientras en el territorio domina el régimen de producción artesanal, donde las relaciones industriales parten del peonaje y el pago a destajo, las empresas extranjeras vienen a establecer las relaciones industriales propias de su país de origen.
Con estas factorías, vienen los operarios de las máquinas que son parte de su proceso de producción moderno. Traen consigo trabajadores extranjeros ante la ausencia de nacionales que sepan operar la tecnología que traen para echar a andar sus fábricas. Así también, mantienen el trato laboral a estos obreros que les es propio de su país de origen, cuestión que viene a ser posteriormente referencia del obrero mexicano para pugnar por un mejor trato laboral. Con el tiempo, los obreros mexicanos demandan las mismas prestaciones y derechos laborales de los que gozan los trabajadores extranjeros allegados a la nación con las empresas que arriban al territorio nacional. Necesariamente la organización obrera nace en las naciones que inauguran la Revolución industrial: Inglaterra, Holanda, Francia, Alemania y otras potencias europeas. Con mayor adiestramiento que la clase trabajadora mexicana, con su presencia en el país contagian a la clase obrera, que pronto les imita y trata de lograr una situación similar a la de sus compañeros extranjeros. Así nace la organización obrera en México. Importante es destacar que en el logro de prestaciones laborales la intervención francesa hace lo suyo y al menos imprime las primeras legislaciones que amparan a la clase obrera, similares a las legislaciones francesa, austriaca y belga; los obreros mexicanos ven un beneficio real en la administración del primer Imperio. Si bien la influencia estadounidense no se deja sentir realmente hasta inicios del siglo XX, propiamente en la redacción del artículo 123 de la carta magna de 1917. Posteriormente destacan las adiciones a la Ley Federal de Trabajo en la administración del Gral. Lázaro Cárdenas, como parte del alineamiento nacional al New Deal estadounidense. Innegable, no obstante el sello que la invasión norteamericana en 1846-1848 da a la Constitución de 1857, la cuestión laboral es muy escueta dado que los estadounidenses son liberales en el más estricto sentido y no dan a los obreros merecimiento alguno. Ni la administración de Benito Juárez otorga derecho a su favor, cuestión incluso que mantiene Porfirio Díaz. Los obreros mexicanos obtienen más beneficios de Maximiliano de Habsburgo que los que las administraciones liberales mexicanas les otorgan antes y después de la intervención francesa en el país. Cuando la nación se abre a la intervención extranjera, se tiene un catalizador de la lucha obrera en pro de sus derechos y prestaciones laborales. Las instituciones laborales del país derivan en gran medida de su apertura al extranjero o de la intervención del extranjero, ya sea en 1846-1848, en 1862... incluso en 1991 con las reformas a la ley para promover la inversión nacional y regular la extranjera donde se viene cultivando el ingrediente para posteriores reformas a la Ley Federal del Trabajo hasta la actualidad en razón de la lógica de la organización de producción flexible.
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