GÜEGÜENSES 09-Feb-2012 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Emilio Hernández Jiménez   
Jueves, 09 de Febrero de 2012 02:21
El pequeño mundo (VII)
 
»Elige con cuidado, pues de ello depende cumplir o no.
Uf, lo leí, lo releí, lo intenté entender. Primero: ¿esta supuesta competencia ya se empezaría y terminaría en ese momento? ¿O en qué momento se iniciaría? Los más rápidos en apariencia eran el conejo y el ciervo; la más lenta en apariencia era la tortuga; el más adaptado, por el lugar y la penumbra, era el murciélago, y las aves en qué lugar quedaban. Si escogía a la tortuga, la misma leyenda citaba: “Si eliges al más lento, este puede no serlo”. ¿A qué se refería?

A que puede no ser lento, o que puede no ser el correcto, porque estaba eliminando al conejo y al ciervo; qué función cumplían si los iba a sacrificar desde el inicio, y no tenían ninguna posibilidad. Pero espera: ¿posibilidad de qué? ¿Qué importancia tenía esta competencia?, ¿la única importancia era darme esa lección?
Qué tenía de malo que el murciélago se adaptara demasiado. ¡Vamos a ver! Se supone que el más rápido es el conejo, ya me dio la pista para descartarlo, ¿pero qué hay del ciervo? Lo que voy a hacer es ir descartando uno a uno.
-El conejo no porque es el más rápido.
-El ciervo tampoco por ser uno de los más rápidos; sin embargo, no es el más, así es que este tiene posibilidad.
-La tortuga podría ser porque es la más lenta, pero no por lo que decía la instrucción; posible.
-El murciélago, el más adaptado. No había nada de malo en que se adaptara demasiado; al contrario. Muy posible.
-El gorrión normalmente no está acostumbrado a volar en la oscuridad; poco posible.
-La paloma, aunque puede volar en la oscuridad, no es su medio; poco posible.
-La rana, muy posible, siempre y cuando sea constante en sus saltos. Sí, muy posible.
-La ardilla también era un buen candidato, muy acostumbrada a la oscuridad.
Los eliminados: el conejo, el ciervo, la tortuga, la paloma, el gorrión.
Los posibles: el murciélago, la rana y la ardilla.
De estos últimos, mi candidato era el murciélago; pensaba que andaría por el lugar como pez en el agua. El único inconveniente era la recomendación, que decía que era el más capacitado; lo cual veía como una ventaja, así es que decidí seguir el camino de este y heme aquí por el mismo camino del murciélago. Tomé la precaución de corroborarlo en la pared de las instrucciones; más tarde, me di cuenta de que, aunque tomé mi tiempo para dilucidar la solución, no fue el tiempo suficiente, y me estaba apresurando y aquella premura sólo me estaba ocasionando fallas. Estaba claro: estaba cayendo en los mismos errores.
Caminé por un tiempo por el túnel; creo que a la mitad vi algo que me dejó decepcionado de mis deducciones, como si la lección me imprimiera mi error. En la pared en la parte superior, estaba plácidamente reposando el supuesto protagonista de la competencia, el murciélago se encontraba estacionado ahí; por eso era la advertencia de que “se podía adaptar demasiado”. Caminé no desilusionado, más bien un poco desencantado por mis habilidades deductivas, pero recordé mis lecciones y seguí con entusiasmo; me había pasado al principio de las pruebas y no logré aprender de mis errores. Llegué al entronque nuevamente, y para mi sorpresa, ya no eran ocho puertas; ahora eran dieciséis. La posibilidad de encontrar el camino correcto disminuía.
De nuevo, me ganó la premura y me fue al inverso del razonamiento, busqué cuál sería el menos adaptable y eliminé lo que supuestamente avancé en mis deducciones, y había dos respuestas: los menos adaptables eran el gorrión y la paloma, por lo que cavilé que esa sería la respuesta y traté de buscar dónde estarían sus senderos y seguir la del gorrión, el menos adaptable. Otro error: primero, no pude establecer su túnel y seguí uno que ni siquiera había sido usado por uno de los participantes (eso supuse). Tomé uno de los nuevos, y cuando volví al inicio, mi sorpresa otra vez: en cada fallo, las puertas se duplicaban. Por eso la cita: “Si escoges el camino equivocado, tu misión se habrá duplicado en dificultad”. Ahora eran treinta y dos puertas.
Caminé, elegí, fallé y volví a iniciar. El número de caminos se había multiplicado hasta una cifra bastante grande y cada intento fallido la hacía mayor; no desistí. Para rememorar la lección, traté de ser positivo siempre; encontré algunas pistas que me confirmaban los consejos y el texto; por ejemplo, encontré el camino de la tortuga, que era muy viable, ya que era muy inclinado y corto, por lo que era una muy buena candidata, pero por lo visto no fue el ganador, porque cuando regresé al inicio las puertas eran más y mi prueba no terminaba.
El túnel del ciervo estaba totalmente empastado, por lo que este se detuvo plácidamente a degustar el rico alimento; incluso pasé a un lado de él y me brindó una breve mirada para continuar con su comida: “El más rápido puede no serlo”. Después de un rato, me dediqué a transitar los túneles ya sin buscar más pistas, sólo al azar; era complicado encontrar los primero ocho por obvias razones, no sé; ya como en el túnel treinta y ocho o treinta y nueve, escuché a Bouly. Lo primero que recapacité por experiencias previas es que vendría a animarme o a darme alguna pista; me alegró escucharlo, había pasado mucho tiempo en esa prueba. Me dijo:
-Esta prueba es diferente, como te lo anticipé, y la finalidad se ha cumplido, has aprendido tu lección. Vámonos de aquí.
Realmente me desconcertó, sentía que la prueba no había concluido, pero él enseguida dijo:
-Claro que ha concluido: la finalidad era que aprendieras algo, no que adivinaras quién ganó la competencia. No confundas lo esencial y lo trivial.
Era verdad, mi lección estaba aprendida.
-Había que aprender de los errores: aunque lo había asimilado, no lo había aplicado, pero estaba seguro de que habría ocasión de ponerlo en práctica.
-Paciencia: nunca por la premura había resuelto las cosas satisfactoriamente. Es necesario darse tiempo para ver las cosas desde todos los ángulos y tomar la mejor decisión, nunca tomar la primera que parezca ser la adecuada, siempre puede haber una más y mejor.
-Entender que debemos retirarnos cuando hemos concluido nuestra lección; es decir, retirarnos a tiempo.
Ahora estaba en la llanura y escuché la voz de Bouly:
-Esta es tu penúltima lección; disfrútala.
Y dicho esto, sólo me quedé con el silencio. De pronto, comencé a pensar en cuándo había llegado a aquel sitio y de inmediato me trasladé a ese tiempo. Nuevamente estaba en presencia de Bouly y me mostró las esferas.
Comencé a pensar en el día anterior cuando mi abuelita me estaba enviando a realizar algunos trabajos y me encontré ahí y la escuchaba; comencé a pensar en el futuro, con relación a lo que haría con mi vida, a emigrar a la ciudad, a estudiar y ahí me encontraba. Era increíble, podía estar en los lugares en que pensara, como si mi pensamiento me pudiese transportar como una máquina del tiempo, y emocionado comencé a divagar y a transportarme de un lugar a otro; de pronto, pude observar que las situaciones que vivía a través de mis “viajes” no eran tan intensas, más bien algo opacas, como que el hecho de no estar en el presente les restaba intensidad; por ejemplo, cuando recordé la charla con mi abuelita el día anterior, el sol no era tan radiante y no lograba percibir el aroma de la mañana. En esa reflexión me encontraba cuando escuché la risa de Bouly; seguramente había descubierto algo importante para esa lección.
Sin duda, lo era porque el pasado y el futuro carecían de importancia para el objetivo de mi aprendizaje; lo importante era el presente, ya que sólo si me concentraba en él lograría descubrir cuál era la médula de la lección presente, así es que me concentré con todas mis fuerzas en el presente y nuevamente estaba ahí en la llanura del pequeño mundo de mis amigos.
Observé unos momentos y después mi mente comenzó a divagar con recuerdos y de nuevo me trasladé hacia el momento de mis memorias, y mi mente me llevaba del pasado al futuro con velocidad acelerada; no podía controlar mis pensamientos para concentrarme en el presente. Iba de mis juegos a mis labores de la escuela; de pronto, estaba sentado en mi lugar de clase escuchando al maestro, y en otro segundo estaba leyendo algún cuento y después estaba viviendo en la ciudad en la casa de unos familiares.
Era increíble cómo no conseguía mantener mi mente quieta y sólo concentrarme en el presente; entonces, hice un nuevo esfuerzo y me concentré en el presente, lo concebí y logré mantenerme en el verde valle.
Respiré y sentí cómo el aire pasaba por mi nariz y rozaba mi membrana nasal y cómo se iba introduciendo hacia mis pulmones inflamándolos. Me incliné y toqué con mis manos el verde césped y lo sentí con mi mano, con mi piel; traté de impregnarme con el entorno para evitar divagaciones. Sentí el calor en todos mis poros, el aire, la intensidad del lugar; me dejé envolver sólo por el presente, y logré experimentar tranquilidad y paz extraordinaria, sólo me deje llevar por el caudal de armonía...
-¡Clap, clap, clap! ¡Bravo! Lo hiciste de nuevo -se apareció Bouly-, viviste la experiencia, la disfrutaste, lo concluiste, y finalmente llegaste al objetivo y aprendiste: cuán difícil resulta vivir el presente, sólo flotamos en el presente, siempre nuestra mente divaga y viaja a rapideces increíbles; con esto, perdemos el valioso tesoro del presente y no lo disfrutamos. Si aprendiéramos a vivir cada instante a la vez, llegaríamos a la conclusión de que todo es más fácil, y tendríamos esa paz y tranquilidad que experimentaste, y seríamos mejores para nosotros mismos y mejores regalos para los demás.
-Sólo este instante importa, el pasado ya no existe, el futuro aún no llega; este momento es el regalo más preciado de la vida.
-Déjate envolver por la maravillosa creación de la cual eres parte, disfrútala, respírala, déjate llevar.
-Para comprender a los demás, ponte literalmente sus zapatos.
-Todos somos parte de todos.

(Continuará el sábado)
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