GÜEGÜENSES 16-Feb-2012 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Emilio Hernández Jiménez   
Jueves, 16 de Febrero de 2012 03:08
El pequeño mundo (IX)
 
Sentía una intensidad negativa, en esa piel ligera y ultrasensible; percibí un calor que no era exterior, me miraba y sentía cólera. No podía recordar lo que había ocurrido unos instantes antes; sólo sabía que las cosas seguían su curso. ¡Yo era Migty! y estaba sintiendo mucho enojo contra mí, por mi discrepancia, por haber alterado lo que supongo era la vida de Migty y lo estaba viviendo desde su lado, pero sólo de su lado porque no me recordaba como a mí mismo; era como si de pronto me fuese permitido echar una ojeada a la vida de Migty, y créanme, entendía perfecto su conmoción, a pesar de tener una conciencia más elevada porque la percibí, el área de compresión era muy extensa, pero finalmente se había saturado y había estallado en rabia como cualquier ser humano común (aunque él no lo era) mientras el resto del equipo nos miraba sorprendido. Yo me miraba y al parecer me había quedado mudo, mi expresión era hosca y agresiva; para ellos, toda esta situación era nueva y desagradable ya que ellos sólo sentían calma y felicidad. A pesar de ser su estado normal, lo sabían valorar  -vaya situación-; su conciencia se extendía a ese extraordinario punto.
Después de un tiempo, volví a experimentar aquella situación de vuelo hacia mí y regresé a mi conciencia. Migty aún permanecía frente a mí y nuestros compañeros a la expectativa; confundido, retrocedí. Mi lección o parte de ella acababa de serme revelada:
“No se puede entender el punto de vista ajeno si literalmente no te pones en sus zapatos”.
Lo entendía ahora, deducía perfectamente la molestia de Migty; seguramente este había sido otro sublime obsequio de Bouly, y lo comprendía, porque sentí su coraje y frustración, incluso eran nuevos para él, y de verdad que lo estaba manejando de manera excepcional.
Yo, en su lugar, tal vez hubiese reaccionado de una manera muy diferente, así es que reculé y renuncié a la postura retadora que había tomado al principio. Migty sólo cambió su expresión; no sé si se percató de mi intromisión en su conciencia, pero también renunció a su postura anterior. El resto nos observó; Wilty se acercó y palmeó mi espalda. No sé si para ellos fue aparente la situación que viví, pero de verdad que fue una estupenda lección.
-Sigamos -me invitó Wilty.
Seguimos en la senda por el resto del tiempo; sólo se escuchaba al viento, la discusión había pasado y ahora estábamos metidos en nuestros pensamientos. Estaba apenado y decepcionado de mí; a la más mínima provocación, había reaccionado de una manera incongruente. Mis lecciones anteriores no habían sido puestas en práctica por mi falta de pericia. Seguramente Wilty leyó mi mente y me dijo:
-No te apenes; el dominio de ti mismo y de lo aprendido sólo lo obtienes a través de la práctica en tu vivir cotidiano.
Continuamos nuestro camino, el incidente había quedado atrás. Tuve la capacidad para volver a sorprenderme con el maravilloso mundo, incluso las rocas ahí eran diferentes, sus formas, su textura, había más brillo en ellas, de hecho más del que había en las rocas que me encontraba en el cerro donde algunos de los pedruscos estaban llenos de pequeñas incrustaciones brillantes. Bueno, pues estas no sólo contenían pequeñas sino grandes incrustaciones. Volví a disfrutar la respiración del fresco viento, me deleité de la armonía de mi cuerpo al andar; gocé de la compañía de mis peculiares amigos y terminé por olvidar el incidente. Lo único que recordaba y que tenía tatuado en mi alma era la gratísima lección aprendida (esa actitud ante la vida la guardo hasta la actualidad): “Las cosas negativas las olvido al instante; las buenas, nunca”. Wilty, Migty, Mauly, Jaity y Rogta simultáneamente voltearon a verme; seguramente estaban escuchando mis pensamientos y animados por esa unión interna que experimenté, comenzaron a entonar algo así:
Vamos, vamos, hasta sonreír.
Vamos, vamos, que hay que ser feliz
Vamos, vamos, que esto es lo mejor
Y que hoy y siempre disfrutamos el sentir
Con felices idas y dulces aromas
Veremos que vivir...
Está hecho sólo para gozar
Y que cada instante nos vamos a divertir.
No me sabía la canción; sin embargo, sentí como si de tiempo la hubiese conocido. Me sentí en armonía tanto con la creación como con mis amigos.
Wilty se acercó y me dijo:
-Así es; en alguna forma, siempre has estado en contacto con nosotros y eres parte de cada uno y también eres parte del todo, y de todos los habitantes del universo.
No entendí en ese instante su mensaje, pero ahora lo comprendo.
Todo esto tenía una razón de ser; caminamos, disfrutamos y llegamos a un lugar enigmático, pero hermoso. Una cañada, un camino escoltado por un par de montañas naturales, repletas de ese musgo verde y vegetación, las flores, los pájaros que les he contado; no terminaba de maravillarme con eso, y lo que me faltaba aún (hasta creo que todo esto está ya de antemano planeado por Bouly), aunque no me sorprendía. Comenzamos a disminuir la intensidad del paso; me extrañé, pero no pregunté. Seguía disfrutando de la sensación interna que se extendía a mi exterior y se integraba con esa maravillosa expresión natural.
Por encima del murmullo nativo, se comenzaron a escuchar unos rugidos; parecía una pantera en combinación con un gorila y un elefante fue lo que me regresó a la realidad. Los seis nos detuvimos; Migty, Rogta y Mauly, que iban adelante, retrocedieron y quedamos en fila los seis. Permanecimos en silencio. Los rugidos se hacían más notorios y cercanos; miré a mis acompañantes esperando una respuesta. En voz baja, Migty comenzó a decir:
-Parece que Bouly tenía razón, los “Mautrus” en realidad existen y ahora los eventos recientes los han fortalecido.
-¿Qué es Mautrus? -pregunté.
-Es un ser que se alimenta de miedo, como el enorme monstruo imaginario al que te enfrentó Bouly, y que deshiciste con tus buenos recuerdos, pero este es real. Al parecer, existieron dos al principio del pequeño mundo, pero se debilitaron y se creía que habían desaparecido, mas ahora, con la llegada de las esferas grises y con actitudes extrañas como la que tuvieron Migty y tú hace algunos momentos, al parecer regresaron.
»Bouly nos ha enviado aquí para ver si tenemos la capacidad de anularlos, pero sobre todo para ver si estás preparado para manejar tus conocimientos y te puedes unir a nosotros para esta tarea. Te recuerdo que debes echar mano de todos los recursos aprendidos; los únicos instrumentos que tenemos son esos. Ahora, debemos trabajar en equipo y ser una unidad en lugar de seis individualidades. Lo primero que haremos es unirnos físicamente a través de las manos.
Nos afianzamos y mis compañeros tomaron en serio lo de empalmarnos, pues sus manos me sujetaban con fuerza. Mientras Migty y Wilty daban las instrucciones, los sonoros y grotescos rugidos se escuchaban más fuerte.
-Muy bien, concéntrense, evoquen todos sus pensamientos positivos más intensos de menor a mayor desde ahora. Recuerda el arsenal de bellos recuerdos con el que saliste de la caverna del enorme sapo -me dijo Wilty.
Evoqué mis pensamientos favoritos, el de mi cumpleaños y el del viaje a la playa, y en mi mente comencé a percibir y recordar los pensamientos de mis compañeros. Podía ver a Migty jugando con otro de ellos que se veía mayor; era su papá, lo sentía. Así, vi también los pensamientos de Wilty, Jaity, Mauly y Rogta; los podía evaluar como propios. Era un caudal de emociones tal que me sentí invadido por una felicidad en mi vida sentida; sin embargo, los rugidos incrementaron su violencia y ferocidad. No me podía explicar con tal caudal de energía positiva cómo era posible que lo que fuera no hubiese desaparecido como lo hizo el monstruo del principio. Mi momento de distracción hizo que los rugidos se escucharan más enérgicos y cerca.
-Concéntrate -me dijeron Migty y Wilty. Mi distracción bajó los niveles, así que tuve que recurrir a detalles de mí, subir recuerdos bellos para escalar la energía. Ahora no sólo se escuchaba sino que se sentían las pisadas; el suelo se estremecía y volví a perder la concentración.
-¡Concéntrate! -gritaron unánimes los seis-. Debes mantener lo más alto posible tu energía porque la confrontación no será corta.
Logré mantener mis pensamientos y mi energía en alto; pude explorar integralmente con mis amigos sus diversas experiencias positivas. El solo hecho de vivirlo y sentirlo hacía que cada poro y célula se hermanaran de optimismo, alegría y felicidad. Permanecimos así por algunos minutos; los rugidos seguían escuchándose, pero como en un mundo lejano. Parecía que habíamos creado un mundo aparte con nuestros buenos pensamientos.
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