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El miedo y el valor (II)
En algunos lugares a los que llegábamos hasta nos recibían con baile, la gente se mostraba gustosa de que fuéramos a checar, pero en otros no éramos bien vistos y sufríamos por comida, no nos vendían nada, nos decían que no había.
Apoyábamos durante las elecciones, hacíamos labor social dentro de las comunidades, como darles peluquería gratis a los niños de los ranchos, vacunar a los perros, castrar caballos, pintar la escuelita del lugar y llevarles consultas médicas
Mi segunda intervención fue estando en un retén. Se recibió el ‘pitazo’ de que iba a pasar algo chueco, y ahí estuvimos desde la mañana. Primero pasó un carro nuevecito. Lo paramos y el conductor quiso negociar. Nos ofreció un maletín lleno de billetes, pero no nomás para que los dejáramos pasar sino que los escoltáramos. No pedía que le hiciéramos el paro, sino que nos estaba ordenando. El Ejército Mexicano es incorruptible y de ninguna manera se aceptó el trato. De repente se arrancaron sin más ni más. A doscientos metros estaba un punto de apoyo, les llamamos por radio y aquéllos lo captaron y pusieron la viga con clavos en la carretera, que en aquel tiempo así se usaba. Se les poncharon las llantas, pero aun así siguieron huyendo. En seguida de ellos venían otros en carro, y como a quinientos metros tuvieron que bajarse. Atrás de los carros venían dos camiones torton con dieciocho toneladas de yerba cada uno, como que las llevaban a secar. Quisieron defenderse y nos tiraron unos balacillos de pistola, pero no es lo mismo. Nosotros éramos nomás un pelotón. En esa ocasión hubo ocho detenidos. Una de las cosas que me gustaban mucho eran las ceremonias y los desfiles. Cuando la gente me veía, sentía chinito el cuerpo. Me fascinaban los desfiles. Fui parte de la escolta, y para serlo se batallaba. Me sacaban al lado de los que andaban marchando para que los demás vieran cómo se hacía, me ponían de ejemplo. En el desfile deportivo del 20 de Noviembre salíamos de pants. Me acuerdo que para un desfile me tocó mostrar uso y manejo de kendo. A un compañero le tocó traer el arma blanca y a mí el kendo. Íbamos a demostrar que yo se lo tumbaba con el kendo. Teníamos medidos los movimientos, los estuvimos entrenando desde un mes antes. En una de las paradas que hicimos, el otro no se agarró bien y le pegué en el tobillo, se enojó y me tiró con todo y me rebanó un dedo. Saliendo del desfile nos arrestaron a los dos. Yo duré exceptuado ocho días, así se dice en el Ejército, no se dice ‘incapacitado’. Estuvimos tres días de arresto juntos, pero ya no pasó nada entre nosotros. En el Ejército, si dos soldados se traen coraje les permiten que se desquiten a mano limpia y hasta les hacen ‘bolita’. Cuando salía una ley de despistolización íbamos a las comunidades rurales a checar que no tuvieran armamento. También checábamos los sembradíos y las cosechas. En algunos lugares a los que llegábamos hasta nos recibían con baile, la gente se mostraba gustosa de que fuéramos a checar, pero en otros no éramos bien vistos y sufríamos por comida, no nos vendían nada, nos decían que no había. Apoyábamos durante las elecciones, hacíamos labor social dentro de las comunidades, como darles peluquería gratis a los niños de los ranchos, vacunar a los perros, castrar caballos, pintar la escuelita del lugar y llevarles consultas médicas. Ayudábamos en las inundaciones, como la que pasó en Irapuato, en la que nos pasamos toda la noche bien cansados cargando costales de arena. En otra ocasión me tocó estar en un lugar de la serranía. En la zona se encontraron almácigos, que son los cuadritos donde tienen las plantitas. Los almácigos deben cuidarse bien y ya cuando amacizan se le trasplanta para que crezcan. Había como cuatro mil quinientas plantas en almácigos y como ochocientas ya sembradas, entreveradas una de mota, una de haba, una de maíz, una de mota, una de haba, una de maíz. Estaban cuidándolas dos familias completas, entre ellos había dos menores. Y lo que es la inocencia, porque me acuerdo que una niña como de cuatro años dijo, cuando nos los estábamos llevando: -¡Encierren bien a las gallinas, porque en la noche viene el coyote! Aseguramos a las dos familias. Nos dijeron que creían que se trataba de árboles frutales. -Fíjese, nosotros hasta las estábamos regando. Y sí, de veras que la estaban ‘regando’. -Unos señores nos dijeron que son árboles frutales. No, y allá arriba tenemos más de esos, chiquitos. Esa vez me tocó guardia en la noche, de doce a tres de la mañana. Siempre que llegábamos a un lugar se escogían puntos estratégicos para estar de guardia y esa vez me tocó estar cerca de un río. Tenía días que no llovía, pero la noche era oscura y empezó a lloviznar. Empecé a oír ruidos y como ya tenía experiencia de balazos pensé que alguien se acercaba a mí por unos ruidos que escuché. Tanto fueron mis nervios y mi desesperación que por instinto disparé al lugar donde venía el ruido. Como ahí dejan a las vacas que anden solas, el ruido fue de una vaca que pisó y desprendió un terrón. Cuál fue mi sorpresa que nomás se oyó el mugido cuando la maté. Se me llamó la atención, pero tuvimos carne para comer y cenar. Esa vez duramos cuatro días, se cortaron las plantas, se destruyeron los almácigos y se procedió a la quema. En una ocasión se ahogaron dos compañeros en una presa. Nos llevaron a correr en la mañana y andábamos sudando. Como unos venían atrás echando relajo, el capitán se enojó y así sudando nos obligó a cruzar la presa. El agua estaba helada y el lodo nos llegaba hasta las rodillas. No nos dimos cuenta de que faltaban los compañeros hasta que ya estábamos comiendo. Empezamos a buscar en la presa. Yo creo que se acalambraron porque cruzamos con el rifle y todo el equipo, que pesa dieciséis kilos y medio con el arma abastecida. Tan sólo el arma pesa cuatro y kilos medio, más cartuchos, saco de ración, maleta y casco de acero. En el Ejército estamos acostumbrados a correr con equipo, uno se acostumbra tanto que cuando está en deportes hasta parece que lo van empujando, pero estos compañeros se han de haber acalambrado. Me gustaba estudiar la legislación y después de un tiempo obtuve mi ascenso a soldado de primera. Dentro de mi carrera militar gané mucho y aprendí mucho, pero en mi vida personal perdí a mi esposa. Todo se me hacía tan fácil que no respetaba a las mujeres. En cada partida a la que iba me buscaba una novia. Era un orgullo que una muchacha fuera a preguntar por mí. Se me subió mucho el poder, al grado que perdí a mi esposa, mi familia y mis hijos, y eso a raíz de otra mujer que conocí y a la que le hice mucho daño. A ella la saqué de su casa y me la llevé conmigo. Claro que una acción como esa no iba a durar toda la vida por ser una cosa mala, y el castigo fue que me quedé sin esposa y sin hijos. Ella me pedía que ya nos viniéramos y yo le dije que no, y cuál no sería mi castigo. Mi otra mujer tuvo un aborto. Yo estaba arrestado cuando ella abortó. Llegué a la casa y la encontré tirada y con el feto. Me arraigaron porque pensaron que la había golpeado. Desde ahí, ella quedó mal de sus facultades. A la criatura la llevé a enterrar en pleno camión urbano porque no tuve dinero para la carroza. Me agarró una fuerte depresión y toqué fondo, causé baja y perdí lo que más quería, que es el Ejército, al que llegué querer más que otra cosa. La prueba está en que preferí quedarme con la otra mujer antes que venirme. Me agarró la depresión y empecé a tomar. Le pegué a un compañero y ya me iban a consignar, pero mejor me dieron de baja. Fue de la manera que salí, porque si no yo siguiera ahí. No podía dormir, me despertaba a media noche gritando ‘¡Presente!’. No podía asimilar que yo ya no pertenecía al Ejército. Gracias a Dios que acá afuera conocí bastante mundo y conocí muchas cosas. Mi recomendación a los jóvenes es que se animen a pertenecer a las filas de este Glorioso e Inconfundible Ejército Mexicano, ya que solamente ingresando a sus filas podremos enfrentar esta inseguridad que vivimos hoy en día. Lo que son los adiestramientos de policía federal, ministerial o municipal son buenos, pero lo máximo y más honorífico es el que recibe un elemento del Ejército Mexicano tanto en lucha cuerpo a cuerpo como en defensa personal, uso de kendo y chakos. El Ejército es lo máximo. Al final olvidaré todo lo que he sido, menos que fui soldado.
Aclaración En la primera parte de este texto dice: “Fue mi primera experiencia de fuego real, a lo cual yo no estaba preparado.” Debe decir: “(…) yo no estaba preparado emocionalmente”. La excelente preparación militar del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos está fuera de duda. |