'Profundo y negro' PDF Imprimir E-mail
Escrito por Lic. Marco Antonio Hinojosa Amavizca   
La  ignorancia llega  hasta  donde el hombre  se lo permite.
Con frecuencia  me  sorprendo  del estado de cosas   que  guarda  mi    sociedad,  la  cual  distaba   y dista mucho  de  ser  perfecta, de hecho     casi siempre ha  rebosando de   problemas.  Recuerdo   que  desde pequeño no   he  hecho otra  cosa que vivir  en medio de  una  comunidad  perpetuamente  en crisis,  sin embargo  las   dificultades  y los obstáculos  no han sido  para  nada   lo mas  desesperanzador:
La   tragedia   mexicana  significa  que  colectivamente  hemos  optado por   la pasividad,   hemos  dejado hacer  y dejado pasar  toda  suerte  de cosas,    en un   arrebato   de liberalismo a la mexicana  y, con esto   dimos  y seguimos  dando  pie   al advenimiento de toda   clase  de   excesos  y limitaciones   los  cuales  nos  tienen  postrados, sumidos  en  “un  abismo   profundo y negro”, según  nos  dice  José  Alfredo   Jiménez en su   celebre   canción,    al borde  del  colapso.
Considero  que en   pocas  líneas  es  muy   aventurado   apurar   definiciones  y  aún sacar  conclusiones.  Sin embargo hay vías   conductoras  que pueden   iluminar  muy bien   “el   peor   de  los caminos”   que,  para  nuestra  desgracia,   hemos  seguido   por    siglo y   tan quitados  de la  pena.
Cuando  se  quiere  investigar  un crimen  sobre   todo  de los denominados  de  cuello   blanco   generalmente  se   opta   por  seguir la huella  del  dinero,  sin embargo cuando el crimen  es un atentado contra la  seguridad y viabilidad  de  una sociedad  ¿que  hay  que  valorar?    ¿Quién se  da  cuenta  que  una  sociedad  es  disfuncional o  no?   ¿Qué    llevaría  a   tomar  conciencia   de las  propias    limitaciones,   excesos, mentiras   y olvidos?  ¿Qué  herramientas  hay que  adquirir  para   que  la  cultura  democrática,  la  investigación, el conocimiento, la  salud,   los  derechos  humanos,  el bien común, la   justicia  social  y un buen gobierno que garantice lo anterior  se  materialice  en la  sociedad  mexicana?
No cabe  duda  que  sólo  una  educación  integral    que promueva  el progreso material y el desarrollo  humano    es  la clave  para   responder   los  cuestionamientos   formulados   anteriormente.
Sin embargo, por  donde  quiera  que la miremos, a la  educación en México, históricamente    la   hemos  hecho no  sólo  un problema   sino     una  desgracia  que,   en nuestros  días,  pone  en riesgo la  seguridad  nacional.
La  problemática educativa  en  México no es  nueva y, rebasa  con mucho, los intentos  simples  y reduccionistas por  considerarla como  el  producto   aislado  del espíritu de la época,  no olvidemos   que  detrás  de   toda  tragedia  se  extiende  el  brazo, generalmente  largo y  ominoso de   esos   intereses    tan obscuros  como  el  abismo negro de  donde  surgen.   
En México  no  queremos  pensar  críticamente,  no queremos  encontrar  soluciones, no queremos  esforzarnos  y menos aún  procurar   establecer  una  cultura  de  esfuerzo.
Recientemente, al iniciar  el  nuevo  ciclo escolar con un nuevo grupo de  estudiantes  de  una universidad   privada donde  laboro,  intente fomentar   el cuestionamiento,  llevar   a  cabo un proceso de  deconstrucción-construcción del  conocimiento e  incluso invite  a  mis  estudiantes  a    valorar   la palabra  "exertion", como una pasión por la  cultura  del  esfuerzo.
Con la mayoría  de  mis jóvenes alumnos parece  que mi invitación  ha  tenido  eco, pero  hubo un caso  curioso que  desnuda   íntegramente   la    relación director-maestro-alumno. 
Sólo un grupo de los  que tengo asignados  cayo presa  de  una  especie  de  ansiedad persecutoria,  lo  comprendo, quizá  pocas  veces  se les había planteado de  una manera  tan contundentemente real  la posibilidad  de  hacer  las  cosas  seriamente,   de manera  diferente y propositiva.   
Se me dijo que hay  estudiantes  “muy buenos  en  ese   grupo” , no lo dudo,  pero “el que  es  perico donde quiera  es verde”, como reza  el famoso refrán  mexicano.  
No me sorprende  la  reacción de  angustia  en  algunos  estudiantes   que  no  suelen  hacer las  cosas  en serio,  tal  reacción  es  comprensible  frente  a  los  cambios  planteados  de  fondo. Lo que  si me dejo pasmado  y perplejo fue la  actitud  de  sus coordinadores: Cuando los  alumnos de   un grupo    les pidieron a  sus  directores que  saltaran, estos adultos sin chistar,  sólo les  preguntaron   a    sus jóvenes   alumnos  que  tanto.  
Parece  ser  que hoy en día, para   muchos   maestros  y coordinadores  la   regla  de  oro  es mantener  a  los  alumnos  contentos  y  hacen   únicamente  lo que  place a sus  estudiantes ,  mientras  que la calidad   de  la educación, bien gracias.
Creo que  siempre  debemos atender las  demandas  de  nuestros  estudiantes,  sin embargo,  considero que    tanto o más importante   que  esto es  comprender  que en la  vida  hay cosas  que no  puedo cambiar, mientras   existen  otras   cosas  que si  puedo cambiar   y  que   quizá  sea   una tarea  de vida  conocer la diferencia. 
Si un director  o un maestro no comprende  esto y sobre  todo si no lo transmite  a sus estudiantes, debería cuestionar su  labor.
Me  dicen que  los  directores   de   la   universidad  no son amigos  de las  polémicas  ni  de las  confrontaciones.  Yo tampoco. Sólo tengo  pasión por la  educación con calidad, definida por la OCDE como “aquella que asegura  a  todos los  jóvenes  la  adquisición   de los  conocimientos, capacidades, destrezas  y actitudes   necesarias  para  equipararles  para la  vida   adulta” y, añado,   en una  sociedad desigual,  diferente, plural,  dinámica  y en  constante cambio. 
Entiendo  que  todo tiene su momento y cada  cosa  su  tiempo.  El  tiempo es  un recurso  que hay que   usar  razonablemente y quien conoce  su valor  comprende  un  aspecto importante  de la  condición humana.

Agradecere  cualquier  comentario  a   Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla