¿Hay una política cultural en Guanajuato? PDF Imprimir E-mail
Escrito por PTEROCLES ARENARIUS   
Miércoles, 06 de Enero de 2010 12:37
EPÍGRAFE
El Cervantino jamás se ha realizado para el disfrute de los guanajuatenses, sino más bien para su tormento. Los habitantes de la capital jamás han gozado de la alta cultura y ni siquiera de los reventones que ocurren en su propia ciudad.

Pero... ¿hay una política cultural del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato?
Oye... pues estaría bien que la hubiera para opinar algo al respecto.
Si es que estos ultraderechistas llaman promoción de la cultura al hecho de ofrecer becas de 3 mil pesos a los creadores y de 4 mil 500 a los creadores con trayectoria.
Si sus concursos literarios fueron "jueceados" por aquel secretario de Cultura que renunció al puesto para postularse como alcalde de Salamanca (es decir, que usó el puesto cultural para su promoción política), por el señor De Giovannini -que dirige la editorial La Rana- y Nacho Betancourt ¿entre los tres se leyeron las más de cien obras que llegaron a tres concursos que convocaron?
Si acaso Betancourt leyó algunas de las novelas, de los poemarios, de los libros de cuentos, y a partir de allí dieron un fallo medio aberrante.
En el estado de Guanajuato no hay una política cultural que no sea la de acabar con la cultura.
Esto es consciente aunque también es irracional. Entre los "dirigentes" gubernamentales del estado prevalece el sentimiento de que, "cuando oigo la palabra 'cultura', inmediatamente saco la pistola" (aunque éstos sacan el crucifijo).
Algunos esfuerzos rescatables son los que hicieron gente como Jesús Antonio Borja al frente de la Casa de la Cultura de Guanajuato; o Jorge Olmos Fuentes, quien realizó una interesantísima recopilación de cuentos y narraciones de escritores radicados u oriundos del estado de Guanajuato desde 1985 hasta 2008.
Buenos trabajos, pero finalmente son esfuerzos personales realizados en la penuria, porque ambos personajes debieron trabajar prácticamente sin presupuesto para realizar lo que lograron.
El ejemplo de ello es que el libro en el que Olmos Fuentes, trabajando para el Instituto de Cultura de León, antologó a los narradores guanajuatenses, aunque es una edición muy bien cuidada y hasta bella, no pagó derechos de autor o emolumentos o, vaya, la compraventa de la obra a los autores.
La paga (acaso simbólica, fue de cinco ejemplares del libro a cada autor).
Si esta es la edición histórica de la literatura guanajuatense, ¿qué será de otras no oficiales o menos trascendentes? Bueno, nada... porque no las hay.
La cultura en Guanajuato agoniza de inanición. ¡Ah!, pero eso sí: el anterior alcalde (más bien la síndica Teresita de Jesús) se alcanzó la puntada de prohibir el faje, eufemísticamente el beso, aunque luego el mismo alcalde Romero Hicks hizo el ridículo de su vida llamando a la ciudad Capital del Beso.
Y no menos espectacular fue el hecho de que algún iluminado se pusiera en León, a quemar libros, al mejor estilo nazi, por el nefando pecado de que explican sin tapujos ni hipocresías las funciones sexuales a los adolescentes.
En Guanajuato se vive la brutalidad, una política de embrutecimiento en términos de cultura. Ahora hasta se han propuesto evitar que se vendan libros en la calle, sin duda porque "envenenan a la juventud".
Renglón aparte es el Cervantino y el coloquio realizado también bajo el marco del cervantinismo. La feria del libro universitaria ha terminado por ser un acto casi marginal respecto del ámbito nacional. El coloquio Ibargüengoitia se ha vuelto un acto de las catacumbas universitarias.
Y es que el Cervantino jamás se ha realizado para el disfrute de los guanajuatenses, sino más bien para su tormento. Los habitantes de la capital jamás han gozado de la alta cultura y ni siquiera de los reventones que ocurren en su propia ciudad.
La fiesta cervantina siempre es una gran celebración de la cultura, por más que los panistas hayan tratado -desde que se enquistaron en el poder, de acabar con ella-.
El encuentro de Salvatierra que ya iba para su sexta edición tuvo que suspenderse este año. ¿Por qué? Por falta de presupuesto y por el agotamiento de los dos paladines que se echaron a cuestas esa tarea que dignifica a su tierra y al estado (el doctor y escritor José Velázquez y el promotor cultural y escritor Jesús Cervantes).
Y ¿las autoridades? Muy bien, gracias.
Guanajuato, en gran parte gracias al Cervantino, tiene un prestigio como ciudad de cultura. Pero ese prestigio es, en realidad, falso. Guanajuato casi no tiene vida cultural y ahora -con el terror y el asco que les infunde a los protonazis yunquistas-, menos.
Guanajuato debía ser una ciudad en la que hubiera unas veinte casas de la cultura. Cinco con grupos artísticos de primer nivel y quince dedicadas a formar talentos. Debía ser una ciudad donde radicaran unos diez escritores de estatura nacional y grupos de teatro, de la propia ciudad, que rescataran la decana tradición teatral que se procreó bajo el mando de Enrique Ruelas al hoy decadente FIC (recordemos que varias ciudades que empezaron sus festivales mucho después, hoy le dan veinte y las malas al FIC).
En Guanajuato debiera promoverse la cultura masivamente por muchas razones. Para rescatar de la mariguana y drogas peores a los chicos desempleados y abandonados por el sistema educativo gordillista y prácticamente en ruinas; los chavos de los suburbios de las ciudades. Guanajuato debería tener grandes grupos de danza, desde folclórica, como el de la UG, hasta contemporánea, pasando por clásica y muchos de primera línea. Grupos musicales, igualmente, desde sinfónicos hasta rocanroleros pasando, sin duda, por los soneros y huapangueros seguidores de Guillermo Velázquez y todos sus colegas.
Guanajuato debía tener un concurso de literatura al menos latinoamericano (si no es que hispanoamericano) dotado con una fuerte cantidad y con jueces de primer nivel en la literatura de nuestro subcontinente, y no como penosamente ocurrió el año pasado.
La cultura no debe ser objeto de caridad, sino un trabajo de autogestión apoyado fuerte y masivamente por los gobiernos. Tampoco puede ser una actividad que dé gusto a ninguna religión ni a ninguna ideología política. El arte es libertad absoluta.
La cultura es el despertar de las conciencias y el surgimiento de éstas, las que no dejarán que se impongan las estupideces de los gobernantes. Y eso es el gran motivo que les impide impulsar a la cultura, además de que, como son extremadamente ignaros, la cultura es lo que menos les importa. No se dan cuenta que si esta civilización existe, es gracias a la cultura y que si no nos ha llevado el demonio a todos, por nuestra propia estupidez, nuestra propia violencia, nuestra intolerancia, es gracias a la cultura, al humanismo, a la sensibilidad, al amor, consustanciales a la cultura, al arte.

http://ranaculta.blogspot.com/
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