¡Que alguien me explique! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Senador Ricardo Torres Origel   
Lunes, 06 de Septiembre de 2010 01:52
Hemos abierto el primer período de sesiones de este segundo año legislativo en el Congreso de la Unión, en pleno año del Bicentenario y en el mes de las fiestas patrias. Penosamente para muchos de nosotros, los convencidos de que el papel del legislador nacional debería ser honrado por los acuerdos tan sólo por lo mucho que representa ante los ciudadanos que aún no pierden la esperanza en sus representantes, nos percatamos del ambiente enrarecido por la batalla política y la búsqueda de réditos electorales.
No soy crítico de cine, ni mucho menos. De vez en cuando, voy a una sala con el fin de encontrar espacio para un poco de distracción, así que uno de estos días fui a ver una cinta mexicana en cartelera: “El atentado”, del director Jorge Fons.
Una referencia, si bien de la época de don Porfirio Díaz, que hace comprender el cómo los mexicanos nos habíamos quedado hasta el siglo pasado con una cultura presidencialista impuesta a fuerza de tener una Constitución a modo, en la que el 1 de septiembre era el día del todopoderoso “señor presidente”. Cultura que, a pesar de la posterior Revolución de 1910 que el PRI dice enarbolar, le dio vigencia, fortaleza y continuidad.
A base del fraude electoral y la apatía de muchos mexicanos por la participación política, el PRI ostentó una hegemonía absoluta que avasallaba y reprimía cualquier manifestación de disidencia.
Así, lo que debería haber sido un ejercicio de rendición de cuentas a los mexicanos se convirtió entonces y con el tiempo en un ritual abominable de pleitesía y complacencia de sus “cortesanos” al titular del Poder  Ejecutivo.
Sin embargo, muchas cosas han pasado con el tiempo: las circunstancias cambiaron.
La democracia, esa que pedía don Francisco I. Madero, el sufragio efectivo, la misma que le costó la vida, esa anhelada democracia con todas sus imperfecciones, se ha venido abriendo paso al régimen autoritario y el viejo sistema cedió ante la acción ciudadana, pero se minimizó la capacidad del Presidente para poder establecer un diálogo con el Poder Legislativo.
Todavía en 2006 el presidente Fox llegó apenas y con trabajos a las puertas de San Lázaro para entregarle al secretario de la mesa directiva del Congreso su informe por escrito; y como llegó se tuvo que retirar. Los legisladores de la oposición le impidieron la entrada. Al perder el poder en el gobierno federal, la situación se fue al otro extremo.
Hace dos años, el mismo PRI impulsó una reforma constitucional que dejó fuera del Congreso la posibilidad de que el Presidente de la República presentara personalmente su informe ante los legisladores; cerró cualquier posibilidad de diálogo con el Ejecutivo.
Producto de esa reforma es que el Presidente no acude al Congreso porque está impedido por la propia ley.
Sin embargo, hace apenas unas semanas, el mismo PRI -sabiendo de antemano que su propuesta no sería procesada en tiempo- presentó otra iniciativa para que el Presidente regrese así, sin más, a dar el informe a la Cámara de Diputados, pero no precisamente para dialogar: buscaba reflectores electorales de cara al 2012.
Nada que ver con el establecimiento de una propuesta de reforma constitucional para que, a la manera de otros países democráticos, el jefe del Estado mexicano pueda acudir en un ambiente constructivo de respeto y tolerancia a debatir los grandes temas del país para resolverlos, poniendo cada quien su parte. Esa sí sería noticia.
Ahora, enfrascados algunos priistas en una lucha interna por la candidatura presidencial, el PRI “batea” contra el PRD por la presidencia de la Cámara de Diputados y enrarece el clima político en aras de una ventana mediática que le dé espacio en el control administrativo y político de todo el Congreso: en la Cámara de Senadores, Manlio Fabio Beltrones, un priista que busca la candidatura de su partido por la Presidencia de la República; y en la Cámara de Diputados, otro priista que no quiere a Beltrones, sino abrirles la cancha a los pupilos del gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto.
Dicen los priistas que este segundo año “les toca por ley”, pues señala la misma que la presidencia de la Cámara será ocupada anualmente y de manera alternativa en razón del número de diputados que tengan los tres principales grupos parlamentarios.
Si es así, luego entonces, como dice el personaje de Eugenio Derbez “Armando Hoyos”, que alguien me explique: ¿cómo es que todo mundo estuvo de acuerdo en que el año legislativo pasado la presidencia del Congreso la asumiera el diputado Francisco Ramírez Acuña, del PAN, grupo que tiene menos diputados que el PRI?
Es simple: las dos Cámaras deben establecer acuerdos políticos concurrentes; ningún partido puede presidir al mismo tiempo ambas Cámaras del Congreso, como podría darse el caso, como en los viejos tiempos tan anhelados por los de siempre.
En fin, mientras algunos se enfrascan en esas discusiones bizantinas, peleando sus pequeños feudos, nosotros debemos seguir trabajando por legislar a favor de los mexicanos.
Alguien me dijo alguna vez que tal vez yo era un romántico de la política y sí, tal vez lo sea, pero me cuesta mucho trabajo, al igual que a muchísimos mexicanos, entender esa lógica, si es que se pueda llamar así.
Tal vez será porque en la política mexicana hay de todo, menos lógica.

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