|
¿Por qué en los domingos electorales, cada 3 años, en México se registran los más altos índices de limpieza y reacomodo de clósets? ¿Hay alguna correlación estadística con el fenómeno simultáneo del abstencionismo electoral? “Todo es según el color del cristal con que se mire”, o según la utilidad neta que pueda traer limpiar el clóset, votar... o dejar de ir a votar.
Si en los últimos 10 años se ha registrado un abstencionismo promedio del 45 % (dependiendo si ya ha habido muertos en la zona) y si en las elecciones de este pasado domingo 4 de julio el IFE gastó casi 4,000 millones de pesos... ¿por qué se temió que este año salieran muchos menos ciudadanos a votar? No se trata de apatía o irresponsabilidad, pues hasta las personas mejor informadas o de mayor nivel de educación parecen estar encontrando buenas razones para no votar. ¿Cuál es la utilidad personal percibida por el ciudadano para sí dejar otras actividades y desplazarse a votar? A pesar de los 32,251 spots de 20 segundos (datos oficiales del IFE) proponiendo políticas públicas, compromisos sociales con la patria, etc., transmitidos por todos los partidos en los 14 estados que ayer domingo celebraron elecciones, la utilidad inmediata, real y cotidiana que recibe el individuo por limpiar y reacomodar su clóset -actividad esencial para vestirse, salir a la calle y por ende, ganarse el pan de cada día- puede ser más amplia que la retribución económica recibida por parte de la nueva democracia mexicana en los últimos 10 años. Pero desgraciadamente el sistema electoral permanece como el único “derecho de vía” hacia la idealizada democracia. O sea, hay que votar. El fracaso (parcial) de la democracia se traslada a la descomposición y riesgo electoral que a la vez se traducen en descomposición del comportamiento de los participantes políticos. El mejor ejemplo es el aún gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, espiado telefónicamente e instruyendo apoyar al candidato del PRI, al tiempo que se justificaba: “Estoy en la cima del pinche poder”. No es nada nuevo, pero ahora sí fue publicado en los medios. Consecuentemente el incentivo que lleva a la gente hacia las casillas electorales -el nivel de confianza política en las instituciones- continúa a la baja. Así pues, 4 de cada 10 personas piensan que hay actividades alternas que les reportan mayor utilidad inmediata que la democracia mexicana, aunque “el llamado por la patria y para la democracia” sea sólo de un día... cada 3 años. No se trata de apatía o irresponsabilidad, sino de un simple cálculo costo-utilidad... a la mexicana. En el sano ejercicio del sarcasmo, ¿a qué actividades se dedican y qué tipo de utilidad perciben los ciudadanos-de-a-pie durante los “tranquilos” domingos electorales -pues no se vende alcohol donde hay elecciones- cada 3 años? El 45 % de los mexicanos (es decir, los abstencionistas) opina que las acciones enlistadas a continuación nos hacen verdaderamente mejores personas, mejores mexicanos y una mejor nación. Y opina que en vez de manejar, caminar o llegar en burro a la casilla... “es un buen domingo para visitar a los tíos y primos”. Además, en “la bola ni se nota” si cumplieron con ir a votar. Por supuesto, nada mejor que fortalecer la unión familiar: * Es un buen domingo para acudir a la ciudad deportiva más cercana y ahora sí jugar ese partido de futbol pendiente con los cuates -que, por cierto, tampoco irán a votar... Por supuesto. La salud, ante todo. * Es un buen domingo para relajarse, pues no existe la ansiedad encubierta de la vida contemporánea de consumir información: el día de la elección los canales están transmitiendo los predominantemente aburridos comicios electorales. Porque eso de ser observador electoral voluntario registrado (sí, existe esta opción formal en el IFE) no es compatible con el formato mental del mexicano. O, si no se puede evitar la tentación informativa, puede observar en la televisión desde la comodidad del sofá de su casa “a los optimistas con credencial de elector”. Por supuesto, ser un ciudadano informado ante todo... * Es un buen domingo para hacer apuestas sobre si la final del mundial de futbol será Alemania-España... y seguir burlándose de los goles “fuera de lugar” de los argentinos, durante un par de días más. Por supuesto, la revancha de la dignidad nacional futbolera ante todo... * Finalmente, para el ciudadano voluntariamente abstencionista que calculó bien su utilidad personal, es también un buen domingo para arreglar el clóset. El problema ocurre si esta persona se convierte en abstencionista no calculado, cuando decide arreglar el clóset pero insiste en ir a votar y se justifica ante la democracia a la mexicana con el “es que llegué tarde a la casilla...”. Sin embargo, y más importante, también está el grupo de mexicanos para quienes los beneficios o la utilidad neta pero esta vez de no ir a votar, ya habiéndole quitado los asegunes anteriormente mencionados... es grandísima: mantenerse vivo o no meterse en problemas con los operadores de voto del partido N o de grupos asociados a los intereses del narcotráfico que vigilan las cercanías de las casillas. Desgraciadamente en estados como Tamaulipas, Sinaloa, Durango, Aguascalientes, Oaxaca y Baja California, la utilidad neta de no votar... es no morir. Esperamos que la utilidad calculada por parte de los ciudadanos en Veracruz, Zacatecas, Chiapas, Quintana Roo, Tlaxcala, Hidalgo, Chihuahua y Puebla haya sido a favor de acudir a votar.
La autora es analista política
|