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Es una desafortunada coincidencia que este año del Bicentenario sea también un año históricamente violento y que no haya ánimo -y sí crueles bromas- para celebrar el status de la patria. En los cuatro años de gobierno de Felipe Calderón (nunca sabremos cuál fue la alianza o ausencia de alianza con el narco con Vicente Fox), los grupos de narcotraficantes mexicanos ya tienen un lugar en la historia mundial
En estos días, circula en las redes sociales mexicanas de internet una convocatoria a no acudir a las plazas públicas a dar el Grito del 15 de septiembre, celebración de la independencia de México. Insta a los ciudadanos a quedarse en casa, a celebrar con familia y amigos y festejar lo que se quiera sobre México, la derrota de los Pumas, el nuevo estadio Omnilife-Chiva, el cumpleaños de Ninel Conde, la boda de Chelsea Clinton o, sí, la Independencia misma, lo que se quiera, pero no acudir a la plazas de las ciudades a lanzar vivas, sonrisa a sonrisa, ante el balcón del gobierno local respectivo. Ojalá este llamado hubiera sido escuchado por las 8 personas que murieron y por las 85 heridas en la plaza municipal de Morelia el 15 de septiembre de 2008, cuando narcotraficantes lanzaron granadas en plena celebración. Pero está relacionado. En las redes sociales, se presenta también una segunda opción: si decide acudir, dé el Grito, pero de espaldas a los gobernadores, alcaldes o -si está en la ciudad de México o en Dolores Hidalgo- de espaldas al presidente Felipe Calderón. Póngase de espaldas al balcón de la autoridad y grite tan fuerte como pueda, llamando al espíritu de “la patria que nos dio vida” -segunda exclamación oficial, proponen-. Pero, ¿por qué o para qué? Más allá de un mensaje, ciertamente ponerse de espaldas es un reto “a quien resulte responsable” de la violencia en el país. Dar el Grito de espaldas al palco oficial de los Ayuntamientos será un mensaje sui generis que exija al gobierno cumplir con su razón de ser: dar seguridad. Los secretarios de Estado, diputados, directores generales, etc., no son los culpables de todos los problemas, pero sí los responsables de resolverlos -aunque sea en parte-. Y ellos también suelen estar de invitados de honor en los balcones oficiales, dando el Grito... Y, como diría Alejandro Martí (el padre del niño secuestrado en 2008, propietario de las populares tiendas de deportes Martí): “Y si no pueden, renuncien”. Pero ninguno va a renunciar porque los salarios/prestaciones de la burocracia mexicana están entre los mejores del mundo. Dar el Grito del 15 de septiembre de 2010 de espaldas al balcón de los gobernantes y funcionarios de alto nivel acompañantes no es trivializar un rito que nos da identidad. Tampoco es culpar de toda la violencia en México a los felices alcaldes, gobernadores o al presidente Calderón. Pero su vanidad personal, el uso de información gubernamental privilegiada para hacer compras que los benefician, el gusto irreprimible por las suburbans blancas, tener secretarios privados para sus secretarios particulares y todos esos excesos permitidos “en la cima del pinche poder” -como le llamó el gobernador veracruzano, Fidel Beltrán, recientemente, haciendo alarde de operativos electorales a favor del candidato de su partido- les impiden tomar mejores y bien calculadas decisiones y que a pesar de ser hombres -en su mayoría- quedan cortos de testosterona para enfrentar a los líderes de narcotraficantes, que si algo tienen, es frialdad y firmeza en sus acciones. O si esos funcionarios públicos responsables tienen testosterona, carecen de plátanos en su alimentación. El plátano es un alimento rico en potasio, elemento que facilita la sinapsis neuronal; es decir, la velocidad con la que funciona el cerebro. Es decir, astucia e inteligencia en las decisiones. Felipe Calderón insiste en la misma estrategia de choque para enfrentar el narcotráfico y sigue cumpliendo con sus palabras de ese discurso aclaratorio (?) de diciembre de 2008: “Y habrá más muertos...”. Esta estrategia no ha sido justa para la generación Z (nacidos después de 1985). Hay que recordar que en Colombia sí hubo pacto gubernamental con los narcos, quienes, cansados después de veinte años de guerrilla, fueron reincorporados al mercado laboral bajo nuevas identidades. En México, el valor de un helicóptero Blackhawk (obsequiados por el gobierno estadounidense bajo la “Iniciativa Mérida” en 2010) equivaldría a la construcción de 2,835 campos deportivos, que es lo que los chavos de pandilla piden sencilla y explícitamente para iniciar su camino a la reinserción y salud. El gasto social gubernamental -anunciado sólo recientemente para remediar la delincuencia asociada al narcotráfico- no ha sido evidente ante la opinión pública o, al menos, no ha redituado en resultados de corto plazo, como lo exige la crisis. Por otro lado, es una desafortunada coincidencia que este año del Bicentenario sea también un año históricamente violento y que no haya ánimo -y sí crueles bromas- para celebrar el status de la patria. En estos cuatro años de gobierno de Felipe Calderón (nunca sabremos cuál fue la alianza o ausencia de alianza con el narcotráfico durante el gobierno de Vicente Fox), los grupos de narcotraficantes mexicanos ya tienen un lugar en la historia mundial. Los míticos narcos colombianos, como el fallecido Pablo Escobar, son héroes de estampita en bolsa de Sabritas, comparados con los narcos involucrados en las mutilaciones humanas que aparecen diariamente en los periódicos y en la televisión mexicana. Este pasado 27 de julio, la violencia indujo a que la cadena de televisión más poderosa de América Latina y una de las del mundo, Televisa, bloqueara una señal que va a 180 millones de personas (incluyendo EUA y Centroamérica) poniendo en negro una pantalla durante una hora (programa de análisis político Punto de partida) para que esos mismos funcionarios públicos -los que estarán parados en los balcones lanzando vivas el 15 de septiembre, se reconozcan como responsables de mantener la seguridad en el país. Solo recordamos una situación similar durante el asesinato de Luis Donaldo Colosio y en el temblor del 85 en la ciudad de México. Al celebrar de espaldas, el ciudadano de a pie dirá que busca la patria en otra dirección del horizonte, pues quienes estarán en el balcón oficial del 15 de septiembre no tienen el rumbo correcto.
A OTRA COSA, MARIPOSA ¿Conoce a algún vecino que haya sido dañado por una constructora local en cuanto a la calidad de los materiales de su casa pagada con su crédito Infonavit, tan arduamente acumulado en sus años de trabajo? Un funcionario leonés llamado Juan Pablo Luna es el responsable de monitorear el cumplimiento de las condiciones de los nuevos fraccionamientos. Se va con una liquidación que incluye bono por desempeño. |