El ‘gastroturismo’ como capital no financiero de la señora de las quesadillas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rosa Elba Pérez Hernández   
Lunes, 23 de Agosto de 2010 00:33
n la semana del 18 de agosto, la unidad de fiscalización de la ciudad de Guanajuato declaró que supervisará a los guías de turistas locales irregulares por haberse reportado incidentes de violencia entre ellos. Argumentó que los guías “pirata” -a diferencia de los registrados- no entran a programas de calidad y capacitación y los resultados pueden ahuyentar al turismo.
¿Tiene esto algo qué ver con que la Secretaría de Turismo federal (Sectur) haya encabezado la lista de las entidades que el presidente Calderón propuso para ser eliminadas del presupuesto en el 2009?
Si las principales fuentes de divisas nacionales son el petróleo, el turismo y las remesas, ¿por qué quiso desaparecer la entidad responsable de la administración de la promoción del turismo en México? ¿Anda algo mal con la política pública del turismo?
Con un presupuesto de cientos de millones de pesos para Sectur, ¿por qué los estados de mayor expulsión migratoria como Guanajuato, Michoacán, Jalisco y Zacatecas, son los mismos anunciados como los tesoros turísticos de México? O viceversa.
La respuesta es la falta de un turismo socialmente sustentable. No basta con “ser verde”. Hay que ser café, del mismo color de la piel de las comunidades con mayor potencial turístico -pero también con los índices más bajos de calidad de vida- para reconocer al turismo como una estrategia de inclusión social y equidad económica.
¿Por qué en la zona aledaña (Estación Corralejo) a la planta del famoso tequila, y a escasos 800 metros, se secó el último pozo natural y nunca ha sido reparado? ¿Por qué, frente a la estatua del cura Hidalgo, y en el bicentenario pueblo de Corralejo, sólo hay un cibercafé con cuatro computadoras? ¿Por qué no hay turistas en la zona urbana de Abasolo, que hospeda al balneario natural de La Caldera? ¿Por qué el secreto mejor guardado de la región es que en el pueblo de Comonfort se producen los escasos y preciados internacionalmente molcajetes de piedra negra volcánica?
Empatar la planeación con paciencia que requiere la calidad de las operaciones turísticas y la urgencia de satisfacer las necesidades básicas y urgentes de la comunidad, es un reto para las políticas públicas.
El involucramiento integral de la comunidad a través de la creación de pequeñas y medianas empresas y profesionalización de individuos para el sector turístico -como los guías guanajuatenses- debe ser un pilar del desarrollo económico. No solamente los grandes “touroperadores” o cadenas hoteleras deben beneficiarse del turismo.
¿Por dónde empezar para tener un turismo socialmente sustentable?
Con una infraestructura adecuada, los visitantes comprarán, comerán y se divertirán durante sus viajes, pero esos servicios y productos deben ser proporcionados por miembros de la comunidad local, al menos de una parte de la producción, como propietarios, no sólo empleados.
Curiosamente, la cocina o gastronomía mexicana es uno de los mejores capitales no financieros que tienen los grupos menos privilegiados económicamente.
¿La prueba del valor de ese capital? El estado de Puebla anunció la semana pasada que el “rey de la tortilla”, un señor Erasmo (no se dio el apellido), en Nueva York, que comercializa un millón de tortillas diariamente, ha pedido a ese gobierno estatal que organice a 10,000 productores para comprarles maíz azul y responder a la demanda de la bien valorada gastronomía mexicana en EUA.
En el sano ejercicio del sarcasmo, un ejemplo de  creadoras y depositarias de ese tipo de capital bien podrían ser las señoras que hacen las quesadillas de comal (cero grasa) en las esquinas de las calles. Ellas poseen herramientas importantes para su propio bienestar económico, pues crean y manejan este capital a diario. Sólo hace falta profesionalizarlas mientras aún están en México.
Más allá de playas y sol, los visitantes nacionales e internacionales buscan la comida mexicana, pero las comunidades locales no están lo suficientemente organizadas.
“Venimos por los tacos, no para ver qué tan limpio está su Holiday Inn”, es la consigna no escuchada por los gobiernos regionales.
Frecuentemente el turista se tropieza casi por azar, en la esquina, con las experiencias de las salsas que lo atrajeron a México.
Hablar de negocios turísticos socialmente sustentables incluye a esas “señoras que hacen quesadillas en la esquina”. Son sujetos ampliamente “turisteables” o “comercializables”. ¿Cómo? Nuestro trabajo es observarlo y señalarlo, el resto es responsabilidad de las oficinas de promoción turísticas locales.
Las rutas gastronómicas bien comercializadas también son oportunidades para el eslabonamiento de la cadena productiva, desde la siembra hasta el consumo final, pasando por la producción de servicios intermedios como transporte y souvenirs.
En Francia, los paquetes culinario-culturales promovidos por sus oficinas de turismo locales incluyen enseñar al turista palabras como “pissaladière”, “aïoli”, “bouillabaisse”, “pistou”... y a cortar vegetales.
En México, la riqueza verbal de palabras como chipotle, tlacoyos, chilaquiles, escamoles o atoles, son capital turístico.  
La comunidad  de Cotignat permite observar la producción de chocolate en la fábrica Carces y el empacado de la miel en Ruchers du Bessilon.
Comunidades enteras son autoempleadas aquí, sin necesitar la presencia de grandes cadenas hoteleras.
¿Cuántos oaxaqueños pueden ser empresarios, simplemente compartiendo una visita a su propia huerta de mangos? ¿Y cuántos guanajuatenses pueden invitar a cortar alfalfa en Romita?
Para un turista alemán, esta se llamaría “la ruta de la clorofila”, como es conocida la alfalfa en restaurantes europeos
El corte del perejil, cilantro, flor de calabaza o del nopal, es igual de atractivo para ese importante sector del nuevo turismo. Pero se necesitan caminos y guías y “señoras de las quesadillas” apoyadas profesionalmente, con incentivos económicos para mostrar sus huertas y tocar sus comales.
Sagarpa, Secretaría de Economía, Secretaría de Desarrollo Social, Conaculta y Sectur... Todos están involucrados en hacer que “la señora de las quesadillas” se convierta en una empresaria competitiva, aprovechando el turismo en México.
Pero, para la burocracia, echar a andar este tipo de programas intersecretariales es un reto mayor que mezclar agua con aceite.
Tenemos múltiples oficinas gubernamentales de turismo, desarrollo económico y de inversión, etc., etc. -aparte del Iplaneg- en Guanajuato. Pero no se han incorporado esquemas comerciales que favorezcan la sustentabilidad social del turismo.
¿Qué hace falta? Es del conocimiento público la construcción de un “resort” ecológico propiedad del político Juan Ignacio Torres Landa en la Huasteca potosina. Está anunciado como sustentable ecológicamente, pero ¿será socialmente sustentable? ¿Habrá incorporado a las familias locales como proveedoras-propietarias de servicios?
Como México es el país donde no hay tiempo de tener tiempo, la señora de las quesadillas de la esquina debe recibir una oportunidad de negocios antes de que cruce el Río Bravo y enfrente a la Ley SB 1070 de Arizona para llegar a salvo a trabajar para el Sr. Erasmo, “rey de la tortilla” en Nueva York, donde el sistema económico-social sí reconocerá el valor agregado de sus quesadillas


La autora es analista política, maestra por la Georgetown University
 

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