|
El gobernador Oliva disfruta de recorrer el mundo, pero también es conocido su gusto por los ‘baños de pueblo’ en los que es bien recibido en los municipios alejados. Y le convendría recordar que las mujeres esposas de migrantes, en sus cocinas, lo esperan pacientemente para que les dé una oportunidad
¿Por qué escribir de turismo en estos días del “numérico” Informe presidencial de Felipe Calderón? Sus argumentos fueron números, no indicadores de crecimiento de calidad de vida del ciudadano o de la captura de “la Barbie” o de las inundaciones en Veracruz. Porque la masacre de los 76 migrantes centroamericanos en San Fernando, Tamaulipas, obliga a reflexionar sobre las condiciones sociales alrededor de la migración en Guanajuato; finalmente, más de un guanajuatense también ha perdido la vida tratando de llegar a Estados Unidos. La discusión en el tercer estado con mayor número de “braceros” en el país (después de Zacatecas y Michoacán) es relevante porque están por ser aprobados los proyectos del gobierno estatal para 2011 y es momento de repensar las políticas públicas que impactan al estatus de las mujeres no migrantes, pero vinculadas con la migración, principales afectadas. No es coincidencia que uno de los proyectos de la Iniciativa México (programa nacional de responsabilidad social patrocinado por las cadenas Televisa y TV Azteca) incluya un programa que apoya a un grupo de mujeres para “que sean empresarias y no migrantes”, según dice el comercial televisivo. De acuerdo con la Encuesta de la Frontera Norte, del flujo total de migrantes guanajuatenses, el 88.7% son hombres y el 11.3% son mujeres. De quienes no migran, el 58% se dedica al hogar, es decir, son las depositarias del saber artesanal y del patrimonio cultural guardado en casa y evidentemente de la cohesión familiar, tres elementos que se pierden cuando las mujeres se ven obligadas a migrar. La migración ilegal es un sacrificio, pues violenta la unidad familiar con todas las consecuencias negativas que tienen estas separaciones, tanto para quienes se van como para quienes se quedan. En la cultura mexicana, se subestima el impacto de estas separaciones y abandonos en el desarrollo emocional de niños. Insistimos, el problema principal de la migración femenina es que hay una pérdida de los conocimientos artesanales y valores sociales. ¿Qué hacer para que, quienes se quedan, ese 58% de las mujeres no migrantes pero que son parte de una familia migrante, se queden con una mejor oportunidad de vida mientras esperan al esposo, hijo o hermano que se fue al Norte? Una oportunidad para mantener el equilibrio social y económico es la que se presenta con los proyectos de gastroturismo que serán propuestos este año por algunas ONG, como consecuencia del “boom del redescubrimiento” de la gastronomía mexicana. El gastroturismo debe entenderse como la actividad de un turista nacional o internacional interesado en conocer y consumir los alimentos y platillos elaborados por los habitantes de una región -naturalmente, esas mujeres no migrantes vinculadas con la migración, parte importante de la población guanajuatense- en establecimientos reconocidos por autoridades locales. Un buen proyecto de gastroturismo implica que las unidades económicas (encabezadas por esas mujeres) produzcan los insumos y servicios, desde los granos hasta talleres prácticos de cocina y recorridos por huertas y ranchos. Desgraciadamente, con las políticas públicas municipales o estatales, es difícil obtener fondos para fortalecer las acciones de las varias organizaciones civiles (ONG) locales interesadas en estos proyectos. Como sociedad, enfrentamos el reto de trasladarnos de un modelo de asistencia gubernamental hacia la complementariedad social. Actualmente se invita a representantes ciudadanos a validar lo que el gobierno propone, o bien se circunscriben a entidades de asistencia social, como el DIF, lo que deben ser verdaderos proyectos de desarrollo económico basados en el turismo. El gobierno estatal debe trabajar con las ONG para enfrentar el reto, y el gobernador Juan Manuel Oliva no debe perder la brújula ya en su cuarto año de gobierno. La aceptación y consecuente asignación de recursos económicos a esos programas -que deben incluir requisitos como la difusión pública de las evaluaciones del desempeño y efectividad del trabajo realizado por las ONG- es el paso siguiente. Los recursos estatales son mayores que los municipales y, por lo tanto, la responsabilidad es mayor. Es cierto, el gobernador Oliva disfruta de recorrer el mundo, pero también es conocido su gusto por los “baños de pueblo” en los que es bien recibido en los municipios alejados. Y recordar que las mujeres esposas de migrantes, en sus cocinas, lo esperan pacientemente para que les dé una oportunidad. Sin embargo, en un estado donde 5 de 42 municipios generan la mayor parte de la actividad económica del estado, la tendencia natural es olvidar al resto, cuando en realidad la mayor parte de las mujeres no migrantes, pero vinculadas con la migración, está en los otros 37 municipios pobres. Existen muchos ejemplos de pequeños emprendedores individuales, como el bienintencionado esquema de gastroturismo llamado “Mexico Traditions”, donde las mujeres enseñan a hacer mole en sus cocinas en Oaxaca; o los recorridos a caballo exclusivos para japoneses (verídico) en un rancho de Lagos de Moreno. Estos esfuerzos aislados se beneficiarían de políticas públicas que promuevan la inversión en una infraestructura común para unificar los proyectos de gastroturismo local -espacio natural de las mujeres-, que aseguren higiene, variedad, transporte y su capacitación. Conclusión: debe haber apoyo para que quienes ven al migrante partir “pa’l Norte” se queden -en una mano- con ilusión de vida, pero -en la otra- sostengan un “plan de negocios” para evitar su soledad y puedan mantener la cohesión familiar. Y para que el gobernador recuerde que hay quienes esperan pacientemente en sus cocinas, para recibir una oportunidad.
A OTRA COSA, MARIPOSA “¿Dónde está Carmen Sandiego?” es el nombre de un juego infantil de los setenta, cuyo objetivo era encontrar a una malosa perseguida por el equivalente de la CIA y así enseñar geografía nacional a los niños estadounidenses. El gobierno mexicano ganó en un juego similar llamado “¿Dónde está ‘la Barbie’? Ya todos los niños mexicanos saben dónde están Ciudad Juárez, Monterrey, Tamaulipas, Sinaloa y ahora ese lugar donde encontraron a Édgar Valdez. Pero, como todos los videojuegos, se puede subir el nivel: adivinar... ¿de qué se reía “la Barbie”?
La autora es analista política, maestra por la Universidad de Georgetown. Agradecerá sus comentarios a:
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
|