Más allá del encanto del águila PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rosa Elba Pérez Hernández   
Lunes, 12 de Diciembre de 2011 01:19
Es ridículo que la opinión pública digital (o sea la que navega en internet) se escandalice porque Enrique Peña Nieto no pudo nombrar tres libros correctamente. Entre otros, atribuyó “La silla del águila” a Enrique Krauze (el autor original es Carlos Fuentes), probablemente confundido porque Krauze es asesor histórico regular de Televisa, que actualmente transmite la serie histórica “El Encanto del Águila” (sin embargo, asesorada por Héctor Aguilar Camín).
Pero el que esté limpio de pecado, que lance la primera piedra. . .  en un país donde después de la universidad, la gente sólo lee libros de superación personal, biografías morbosas de narcos y sagas de Harry Potter. O nombre usted los últimos tres libros que haya leído.
Lo que sí debió haber sido castigado es que la hija del precandidato Peña nos llamara “prole-tariado” ardido, al resto de los ciudadanos. . .
“El encanto del águila” se llama la novela de Aguilar Camín. “La silla del águila” lo llamó Enrique Peña. No importa.
“El proyecto de nación”, lo llamó Manlio Fabio Beltrones. “La República amorosa”, la llama Andrés Manuel López Obrador. Materialmente, se trata del águila que está en el escudo de la silla donde se sientan los Presidentes de México.
En las emociones del subconsciente, “El encanto del águila” es la atracción que sienten hombres y mujeres inteligentes por la silla presidencial y el poder casi omnipotente que se puede ejercer desde ella. Es el hechizo del poder, cuyo conjuro se busca por décadas y para el que sólo se abre un espacio cada seis años. Cualquier nombre está bien siempre y cuando el encanto, la atracción, la silla, la República, sirvan a los líderes para llevar a las mayorías a una mejor calidad de vida, y mientras más pronto, mejor.
Sin embargo, además del águila, el escudo mexicano está formado también por un nopal y una serpiente. En vista de la historia política del país, la pregunta es: ¿son hechizados nuestros líderes por el águila, el nopal o la serpiente. . . ?
Más vale preguntarnos si algunos han sido guiados hacia el poder por el delirio de grandeza del águila, por la nobleza del nopal que todo sirve y cura o por la maldad de la serpiente y su pecado original. Según el origen del hechizo, aparecen registrados desde estadistas hasta simples “busca-chambistas” de partido pasando por presidentes grises, políticos de grilla o burócratas inteligentes bien pagados.
En el grupo inspirado por el águila, estarían los líderes carismáticos que creen firmemente que su gente y territorio son grandes, muy grandes y buscan dejar un legado en forma de ley e instituciones. Y las grandes avenidas llevan sus apellidos. . .
Luego están los líderes que exhalan el nopal de la sangre morena y gritan que su gente ha sufrido opresión, usan frases como “por mi pueblo, todo; sin mi pueblo, nada”,  toman las armas y se vuelven mártires en el intento.
Y finalmente están los encantados por la serpiente del pecado, de la avaricia. Son los “busca-chambas” de direcciones generales, “saltimbanquis” de diputaciones locales a federales o senadurías que no reportan a nadie durante 3 años, cien mil pesos mensuales con seguro médico de gastos mayores, celular y laptop. En el caso de senadores, el período es de seis años y el sueldo más alto.
Pero es justo decir que también hay líderes en política que no están inspirados o hechizados por el águila o el escudo, simplemente los saben reconocer y los respetan. Sería el caso de mujeres y hombres que tienen ideas y propuestas y requieren acceso a los recursos públicos para realizarlos. Serían los héroes desconocidos del servicio público. Adicionalmente, hay quienes por coincidencias del destino, nacen ya dentro de familias de políticos exitosos y son inermes al encanto del águila pues nacieron ya hechizados.
Curiosamente, hubo un Presidente mexicano a quien el águila no se preocupó por hechizar pero por poco le cuesta. . .  al águila. Vicente Fox llegó a Los Pinos empujado por la historia, más que atraído por el poder. Tuvo un gran desencuentro con la mexicanidad cuando propuso a su “águila mocha”: un recorte de semicírculo inferior al águila parada sobre el nopal mordiendo a la serpiente.
¿Y qué hay del águila para los ciudadanos de a pie? Para quienes no buscan el poder presidencial, el “encanto” del águila se reduce simplemente, a querer ser “muy mexicano”.
El problema está en qué significa “ser muy mexicano”: ¿ganar una discusión de cantina sobre si la esencia del país está en el equipo de futbol Chivas de Guadalajara? ¿En sentirse orgullosos de que la palabra “tequila” ya esté patentada y nadie más en el mundo puede usarla? ¿En que el Chapo Guzmán y Carlos Slim son mexicanos y están en la lista de millonarios del mundo?
O, más concerniente en estos días, ¿en que sólo a los mexicanos “el encanto del águila” nos obsequia  un período híbrido vacacional de 26 días conocido como “Guadalupe-Reyes”?  

A OTRA COSA MARIPOSA
* Está a punto de cerrar 2011, la campaña “¡No te escapes!” de Proyecto Hábitat. Reporte por favor a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla los números de las placas de coches o camiones emitiendo humo negro de sus motores.
* Los transportistas leoneses se quejan de que no reciben tratos igualitarios por parte del Ayuntamiento y de que no reciben utilidades pertinentes. Los ciudadanos nos quejamos de que ellos no renueven sus unidades, de que las retaquen de gente para recibir más dinero de pasajes, de que falsifiquen las verificaciones de sus motores y de que echen humo negro contaminante por todas partes todo el tiempo. . .

La autora es maestra en Políticas
Públicas por Georgetown University y Directora de Proyecto Hábitat de León, A.C.