Una forma diferente de hacer política PDF Imprimir E-mail
Escrito por Lic. Tomás Bustos Muñoz   
Lunes, 31 de Octubre de 2011 00:45
Con frecuencia escuchamos hablar de la necesidad de reformar las instituciones y para tales efectos se proponen un sinfín de leyes y reglamentos. Sin embargo, es infrecuente toparse con políticos que intenten seriamente cambiar la conducta, para dar oportunidad a la norma vigente de probar su idoneidad.
Antes de las elecciones del año dos mil, la mercadotecnia entusiasmó a la gente con la idea del cambio, sin embargo pronto la ciudadanía entendió que éste no solamente podía conducir a la sociedad a la evolución, sino también al retroceso.
La sociedad habrá de convenir en la necesidad de adoptar una serie de postulados esenciales cuya permanencia deberá impulsarla al desarrollo. El primero de ellos, será comprometerse con un proyecto de nación al cual deberán incorporarse todos los ciudadanos.
Un país no puede convertirse a la vez en una nación si carece de un Estado suficientemente fuerte para hacer cumplir las leyes. La simulación es una práctica que debemos desarraigar de la conducta social, para hacer del compromiso con la patria, una obligación ineludible.
La creación de instrumentos jurídicos con la pretensión de hacer que se cumpla la palabra empeñada, serán insuficientes, por numerosos y avanzados que parezcan, si el fuero interno del ciudadano no está comprometido con el pacto social capaz de convertirse en eficaz instrumento para lograr la unidad nacional en torno a los objetivos torales que permitan fortalecer la conciencia social.
En frecuente recurrir al turismo político como herramienta para calmar inconformidades opositoras. De esos viajes frecuentemente hemos obtenido sólo dolores de cabeza, cuando lo novedoso impresiona a los visitantes, muchas veces ajenos a la raíz de los problemas nacionales.
La historia, maestra de la vida, no es asignatura suficientemente asimilada por quienes buscan en el exterior opciones para el desarrollo del país o de sus regiones, por lo que, al regresar, sin tomar cabal conciencia del problema que desean enfrentar, deslumbran a otros igualmente ayunos de conocimientos sobre la realidad nacional y embarcan al país o a las regiones de su influencia, en conflictos más graves de los que pretenden resolver.
El tropiezo más grande lo tuvimos con el turismo “intelectual” de muchos políticos con escasos conocimientos de la historia remota y reciente de nuestro país, que, desconocedores de la conquista de México, tropiezan con la misma piedra y los mismos conquistadores.
Cuando acudimos al extranjero para nutrir el espíritu habremos de hacerlo con el fin de enriquecer nuestra cultura, no para denostarla ni erradicarla de la preferencia nacional, sino para apreciarla en todo lo que vale.
La política nacional, con aciertos y yerros, es parte de la cultura mexicana, que aprendieron a despreciar en las universidades del imperio los neoliberales, despilfarradores del patrimonio social, que lograron lo que los poderes fácticos transnacionales habían intentado sin éxito.
Los representantes populares tienen dentro de sus obligaciones torales: la representación y la inspección de los recursos fiscales a nombre de la población. Sin embargo, con el progreso de la contaduría, muchos legisladores se desentienden de la función fiscalizadora y no dan seguimiento a cuestiones tan importantes como el ejercicio del presupuesto, que es una forma de redistribuir la riqueza y solamente aciertan a quejarse de los subejercicios.
Los diputados federales Gerardo Sánchez García y Guillermo Ruiz de Teresa han realizado una serie de foros para informar a la población de la importancia de convertir al presupuesto en instrumento eficaz para el desarrollo de la economía nacional, y explicar los motivos que los llevaron a exigir modificaciones, para que sea utilizado como redistribuidor de riqueza y dejara de ser generador de privilegios. Además, se comprometieron conjuntamente con sus audiencias, a dar seguimiento al ejercicio del gasto, para que se aplique estrictamente, y se eviten desviaciones y sub ejercicios.
Es un esfuerzo loable de los legisladores, para hacer efectiva la posibilidad de propiciar el advenimiento de una sociedad crecientemente participativa, y funcione como instrumento eficaz e invaluable para impulsar la democracia social y establecer distancia de posturas demagógicas.