Deberán los priistas apoyar a su candidato PDF Imprimir E-mail
Escrito por Lic. Tomás Bustos Muñoz   
Lunes, 12 de Diciembre de 2011 01:43
Por la historia, los priistas deben colegir, que en las derrotas anteriores, sus enemigos letales fueron lobos encubiertos con piel de oveja. En el primer caso, quien le abrió la puerta al neo liberalismo le preparó el terreno a quien asumió las funciones de autoridad electoral, para evidenciar lo que antes habían sido puñaladas disfrazadas de políticas públicas justicieras o democráticas.
En el año 2000, la administración pública de México, puso en práctica lo aprendido en las universidades extranjeras, para hacer efectiva la liquidación de lo que allá llamaron siempre el régimen autoritario, en parte, porque los presidentes de la república, habían podido mantener no sin grandes dificultades, el avance de los factores reales de poder en su afán de marcar el rumbo económico del país.
Las fuerzas reales de poder, ubicadas principalmente en la ciudad de Monterrey, exigían la liquidación del Estado promotor de bienestar y pugnaban por el capitalismo salvaje que, puesto en práctica, ha debilitado las instituciones y dejado al Estado a merced de los intereses económicos dominantes.
Sin reflexión de por medio, se entregaron: los instrumentos financieros, el comercio, los servicios, la política internacional y el control de la seguridad interna.
Ante ese desolador panorama y  después de haber sido un Estado fuerte, con presidentes de la república capaces de mantener bajo control a los poderes de hecho, una la parte de la clase política que controlaba la estructura burocrática de sus partidos, se puso al servicio de los intereses transnacionales y renunció a las ideologías de sus partidos, produciendo en las filas de los mismos y en la ciudadanía convencida de que la soberanía nacional es un valor irrenunciable, desánimo y frustración.
El surgimiento de la figura de Enrique Peña Nieto, ha vuelto a la clase política comprometida con la ideología y el proyecto de nación habido en la norma fundamental que nos rige, la esperanza de reiniciar el camino evolutivo de la vida política del país, la recuperación del nacionalismo como instrumento político esencial para recuperar el sentido de pertenencia en la población.
Sin embargo es evidente la acción de las mismas fuerzas que debilitaron al Estado Mexicano, en contra de los partidos políticos, especialmente contra el PRI, a quien se considera con la estructura adecuada para retomar el crecimiento de la economía, apoyada en la organización del trabajo y hacer de la justicia social, el arma más poderosa para el desarrollo social.
El desarrollo social, promovido por el neo liberalismo, es sinónimo de caridad, de conmiseración para que el proletariado no muera de hambre, pero ajeno al proyecto democrático inspirado en el bienestar físico y espiritual que se logra cuando la inmensa mayoría de la población tiene resuelto su problema económico.
Los “reformadores” distraen la atención de los verdaderos problemas nacionales y ofrecen soluciones ajenas al bienestar social y en cambio, tienden a fortalecer instrumentos legales que les permitan seguir disfrutando los privilegios del poder, que han disfrutado por más de 24 años, a costa del empobrecimiento de la población y el debilitamiento del Estado.
El PRI habrá de poner énfasis en la R y darles vacaciones a quienes han traicionado sus principios y se han aliado con los enemigos históricos del movimiento de 1910, ya sea con acciones u omisiones que se han traducido en derrotas y pretenden utilizarlo como franquicia al servicio de unos cuantos, algunos de ellos muy capaces para la maniobra y ocultar sus verdaderas intenciones.
Los militantes priistas, habrán de aprender de la historia e impulsar con mayor vigor a su candidato. Los tiempos que corren les demandan trabajo, imaginación y entrega a la causa de la recuperación del país. No será fácil lograrlo, los enemigos de México, los que desean apoderarse de lo que sobra de sus recursos desean ahora explotar la energía de los trabajadores en las condiciones del Porfiriato.
Peña tiene el respaldo sincero del pueblo que lo ha visto gobernar, comprometerse y cumplir. Representa sin duda, una parte vigorosa de la juventud madura de México, con capacidad para enfrentar los graves problemas del país. Ha despertado una esperanza y por la naturaleza de quienes se le oponen, vale la pena trabajar porque se convierta en realidad.