2011: ¿quiénes defienden a la industria leonesa? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Lic. Tomás Bustos Muñoz   
Lunes, 19 de Diciembre de 2011 01:17
Durante muchas décadas, el municipio de León, aprendió a vivir mediante el fomento de talentos que surgían en el campo económico mediante un asenso iniciado como “zorritas” hasta convertirse en ciudadanos reconocidos y admirados por un ejército de trabajadores que soñaban fundadamente por convertirse algún día en “patrones”.
Conozco a muchos empresarios, la mayoría retirados que comenzaron su sueño, sin créditos ahorrando para comprar los primeros implementos para fabricar zapatos o “echando cueros” en alguna tenería mediante el pago de la renta correspondiente.
Cuando León era una comunidad de esperanza con posibilidades de escalar desde el piso a los peldaños más elevados de su pirámide social, podía decirse que no prosperaba solamente quien no deseaba hacerlo, pues abundaban los ejemplos de gentes trabajadoras, capaces de ahorrar de la manera más sacrificada, para comprar una hoja de piel y “poner su pica” en la propia vivienda, esto era, su propio taller, que posibilitaba a todos los miembros de una familia, el aprendizaje de  “un oficio”.
Así nacieron las empresas más sólidas de la ciudad, en donde sus habitantes se negaban a trabajar con dinero ajeno, porque los intereses se tragaban el incipiente capital y todo se hacía a la palabra, pues la estima de sí mismo, se basaba en cumplir, sin excepciones, la palabra empeñada.
El país, no solamente protegía el mercado interno. Sus autoridades trabajaban intensamente para industrializar el país, mediante la sustitución de importaciones, lo cual abrió oportunidades de crecer a las empresas leonesas y dar empleo a miles, que no estaban en aptitud de “poner su pica”.
Miles de negocios florecientes, convirtieron a la ciudad en una ínsula donde las crisis no llegaban. Por eso miles de mexicanos se avecindaron y con su trabajo contribuyeron al crecimiento y desarrollo de la sociedad leonesa.
Cuando los hijos de los pioneros fueron a las universidades y visitaron otros países, con nuevas ideas, trajeron la práctica del crédito, para expandir sus empresas. La industria recibió un gran impulso y aquellos jóvenes comenzaron a recriminar “el paternalismo” del gobierno y a pugnar porque el Estado promotor de bienestar, sólidamente afincado en una eficiente organización social, abandonara el proteccionismo para aventurarse en el libre mercado. Se inició una ofensiva terrible, encabezada por el Grupo Monterrey, tildando al régimen político de autoritario y obstructor de la libertad económica.
Finalmente accedieron al poder los políticos reformados en las universidades extranjeras y se dieron a la tarea de demoler las instituciones económicas promotoras del bienestar social, el Estado fue debilitándose y los grupos de poder económico acabaron por asumir el poder real, dejando a la clase política sin la rectoría económica y condicionando la estrategia fiscal.
Implantada la ley de la selva, la riqueza comenzó a concentrarse hasta convertir lo que fue llamado “el milagro económico mexicano”, en un Estado incapaz de mantener a los emergentes poderes reales en el marco del derecho. Éstos promovieron una serie de reformas que dejó inerme al gobierno en turno ante los poderes de hecho, entre quienes se encuentra, por supuesto, el comercio de las drogas.
El impacto del poder transnacional aliado con un reducido grupo de empresarios mexicanos, tomaron el control de la economía y favorecieron los tratados internacionales en materia económica, dejando inermes a los empresarios medianos, liquidando a los pequeños y suprimiendo de tajo las industrias familiares.
Ahora los hijos de los leoneses que no trabajan ni estudian, carecen de oficio que les permita sobrevivir y compiten por sueldos de 650 pesos semanales sin esperanza de convertirse en consumidores, menos aún en dueños de empresas como antaño.
A los gobiernos surgidos al amparo del neoliberalismo, no les importa el destino de los empresarios nacionales. Simulan acciones para “defenderlos”, pero al mismo tiempo estrechan el cerco para estrangularlos. Ejemplos en el ramo del comercio, textil, juguetero, zapatero, curtidor, agrícola y ganadero, sobreviven “porque Dios es grande”, a pesar de las políticas públicas, que con o sin intención los están aniquilando.
Los empresarios en peligro deben reclamar a sus representantes, que defiendan sus intereses, pues más parecen proteger a sus verdugos. Alguien sin consultarlos, entregó el mercado y los echó a un mar infestado de tiburones. Por cierto, no fueron los chinos, quienes promovieron las reformas que los afligen.