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Por: Guadalupe Falcón
Al igual que otras 600 religiosas en la Arquidiócesis de León, María Guadalupe González Torres, renovó ayer sus votos ante Dios. Pese a la negativa de sus padres y de cuatro de sus cinco hermanos, María Guadalupe González logró entrar a la vida religiosa hace ocho años, cuando aún tenía 16.
“Mi papá sobre todo fue el que no aceptó, nunca me vino a visitar, nunca supe nada de él y el apoyo de mi mamá siempre lo he tenido, pero mi papá hasta estos tiempos es cuando lo ha estado aceptando”. Sin embargo, el llamado que Dios hizo a María Guadalupe fue más fuerte que el reproche de su familia, por lo que dejó su casa en San Luis de la Paz. “Mi papá me decía que si el problema era que yo quería estar con Dios que allá también podía hacerlo que si yo quería ir a misa allá también podía ir, que allá había un templo igual que acá, pero yo les decía que yo quería ser de Él y mi papá como respuesta me dejó de hablar y dijo que me olvidara que tenía un padre porque sentía que era como dejarlo, me preguntaba qué me faltaba en la casa, pero lo que me faltaba era Dios”. Es así como ingresó en la congregación “Familia de Corde Jesu”, que significa la “Familia que brotó y vive en el corazón de Jesús”, en Irapuato y después de cuatro años de noviciado y uno de juniorado menor, fue enviada a trabajar en la comunidad de San José. María Guadalupe mencionó que el acontecimiento crucial que la hizo darse cuenta de su verdadera vocación de la vida consagrada a Dios, fue un retiro espiritual al que asistió en su adolescencia. “Ahí que conocí un poquito más a Dios, que empecé a sentir su amor ya fue cuando sentí el llamado, sobre todo cuando vi a las religiosas, su alegría, su entrega y eso fue lo que me motivó para yo también hacer una entrega total de mi vida a Dios”, comentó. Pese a que María Guadalupe se sintió atraída a la vida en claustro, finalmente se decidió por la vida activa. “Me gustó ver a Dios en los hermanos y no solo estar frente al Sagrario, pero estar sobre todo dispuesta a hacer la voluntad de Él y si Él me llama a este estilo de vida, seguirlo aunque haya gustado otra cosa pero sobre todo hacer su voluntad”. En la Arquidiócesis hay aproximadamente 650 religiosas, de las cuales la cuarta parte se dedican a la vida contemplativa y el resto prestan sus servicios en diferentes áreas, arzobispado, escuelas, hospitales, entre otros, informó la coordinadora de la vida consagrada en la Arquidiócesis de León, María Caballero Hurtado. El 2 de febrero es el Día de la Vida Consagrada, aunque se celebra el domingo más próximo a esta fecha y la mayoría de las 75 congregaciones de la Arquidiócesis asistieron a una misa concelebrada de acción de gracias, que el arzobispo, Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, y otros 10 sacerdotes celebraron ayer en la Catedral Basílica de León. En ella, las religiosas renovaron sus votos ante Dios. Durante la celebración eucarística, el Arzobispo hizo hincapié en el aprecio que la Iglesia tiene por las personas que hacen la opción consagrarse al Señor. “Se les invita a que sean fieles a su vocación, es preciso que sigan una vida de oración y santidad que es lo específico, especialmente de las religiosas que han hecho la opción de consagrarse a la vida de los demás, en diferentes campos, la educación, la atención de la salud, la pastoral parroquial, diferentes vocaciones, invitarles a que sean fieles y descubran la grandeza de su propia vocación”. También exhortó a los fieles católicos a seguir a Cristo, pues el ser cristiano también es una vocación a que todos son llamados. “La vocación en la vida cristiana no es por nosotros, Dios nos elige, somos cristianos como llamamiento, nadie es cristiano sin vocación”.
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